Opinión Política

Elecciones, la fiesta de nadie

Nino Ramella presenta los ciclos de de escritores de verano que se realizan en Pinamar. Pero también participa de la desazón colectiva a la hora de votar: dice que se trata de un fracaso de la civilidad a casi 40 años del retorno democrático.

Por Nino Ramella

No es nuevo. Hace varias elecciones que ya no se debaten políticas públicas. Los candidatos se dedican a putearse unos a otros y los electores se limitan a decir quién es un inepto o corrupto para argumentar a quién no va a votar y sobre el que sí va a votar lo único que se mencionan son cuestiones de su temperamento (“va al frente”). Nada más. No escuché a un sólo ciudadano decir que va a votar a tal o a cual por sus propuestas en algunas de las áreas de gestión de gobierno.

Recuerdo cuando cada elección era una fiesta para todos. Los ciudadanos salían ese día a votar con el sentimiento de estar protagonizando un hecho de significación cuasi histórica. Había inclusive una sobreactuación del hecho patriótico como trampolín de la esperanza.

Los militantes de partidos políticos vivíamos un momento de excitación que no podría compararse con ningún otro. Colaborar para organizar todo lo atinente al acto eleccionario era ser parte de una causa noble que gravitaría por generaciones.

Entre esas cosas recuerdo la dedicación que poníamos en la redacción de la Plataforma. Era el contrato que pensábamos firmar con la comunidad si nos elegían. Se discutían los proyectos para cada área: Educación, Cultura, Infraestructura Urbana, Servicios, Transporte, Industria, Turismo… etc.etc.etc.

No he vuelto a ver esas propuestas. No existe el debate…y los escenarios donde deberían darse se convierten en campos de insultos cruzados, agravios, descalificaciones… es decir, las famosas argumentaciones ad hominem.

Entonces, los espectadores de esas diatribas sólo podemos disfrutar de quién fue el más astuto o inteligente para putear al de enfrente y cómo fulanito desarmó a menganito y puso al descubierto algo de su pronturario… porque todos tienen un muerto en el placard.

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Ahora… qué propone cada candidato para mejorar la vida de la sociedad a la que se quiere servir…cri…cri…cri…

Los que quieren votar con algún criterio de sintonía ideológica y acompañamiento racional de un proyecto de gestión no están hoy frente a una fiesta cívica…Están sumidos en la angustia de tener que ir a votar sin saber a quién. Los partidos políticos que eran custodios de determinados valores según el ángulo del arco ideológico en el que se ubicaban…se extinguieron.

Los que no quieren votar a fulano porque mengano es peor y no aceptan tener que optar entre la brasa o el fuego… o aquellos que no se sienten parte de la grieta (lo que facilita las decisiones porque como autómatas adocenados votarán sin cuestionarse nada)… tendrán que apelar a métodos poco ortodoxos… poner todos los nombres en una galera y sacar uno al azar… elegir al más viejo…o al más joven… o al más sexy (¿hay?)… o al más cínico (de esos hay)…

No…las elecciones dejaron de ser una fiesta. Más bien se convirtieron en escenario del fracaso de la civilidad

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