Por Nino Ramella
He comenzado a cuestionarme aquel repetido apotegma de que la política es el arte de lo posible. Hoy la veo como el arte de lo imposible: hasta capaz de desafiar las leyes de la física, como por ejemplo acercar a dos personas que no se han movido de sus lugares.
Me explico. Hubo un tiempo en que en ese mundo sosteníamos posiciones que eran replicadas por quienes considerábamos en el extremo opuesto del arco ideológico. Nos creíamos irreconciliables. Se trataba de pensamientos y miradas enfrentadas sobre cómo mejorar la calidad de vida de los habitantes de ese espacio común que es la sociedad.
Algunas de aquellas propuestas rozaban cierta complejidad cuasi filosófica, cuando no un sistema de valores. Qué otra cosa que eso es la ideología, ¿no?
Curiosamente, la actualidad nos acerca a los otrora “enemigos” sin que nadie haya dejado de sostener aquello en lo que creyó toda la vida. Es decir, los sellos partidarios ya importan poco. El partido que hoy se juega es demencia contra racionalidad…delirio contra sensatez…psicosis contra estabilidad emocional…enajenación contra cordura…
Qué otra cosa podemos pensar al escuchar de personas que uno cree…o creía… criteriosas que lo que nos hace falta es un loco. O que va a votar de tal modo “para que todo se vaya a la mierda”. Esos son los dos argumentos más oídos a la hora de fundamentar un voto.
Desde hace tiempo no puedo dejar de pensar que alguien ha echado una sustancia enajenante en el agua corriente.
La obra póstuma de Umberto Eco es “De la estupidez a la locura”. SI la vida le hubiera dado tiempo ocuparíamos el primer capítulo de ese libro.


0 comments on “De la estupidez a la locura”