Por Nicolás Fernández Rivas (El Diario del Mar)
El mito popular dice que los trabajadores de la costa atlántica se salvan el año con la temporada. Un sentido común berreta que se fue instalando con las décadas. Nada más lejos de la realidad. Un sistema de explotación aún peor se yergue detrás de los sloganes baratos.
Para el trabajador de la zona, el conchabo temporal representa un plus que permite comprar algún bien durable o tener una pequeña reserva de dinero, que con el peso de la inflación cada vez se fue achicando más.
Los trabajos temporales en la mayor parte de las veces, se realiza en negocios de propietarios que no viven en las ciudades costeras, en su mayoría son de Capital Federal o del Gran Buenos Aires y vienen a sacar su ganancia y se van. Como una especie de “golondrinas del capital”, que recién vuelven para pintar y limpiar a fines de noviembre. Son los famosos negocios “fantasma” que están cerrados en el crudo invierno.
Por supuesto, dejamos de lado a aquellos verdaderos comerciantes que mantienen los negocios abiertos todo el año y generan empleo para la ciudad.
Pero, en los primeros casos, la mecánica que se cumple año tras año es contratar trabajadores locales después de navidad, generalmente a caras conocidas y cuando no están disponibles llaman a nuevos, luego arreglan un salario más o menos acorde. Las tareas se realizan en jornadas extenuantes de 12 horas o más. La paga es relativamente buena, pero el régimen de explotación es brutal.
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Total, “los trabajadores se salvan en la temporada» ¿O no?
El año pasado el salario promedio para un trabajador temporal, para 60 días aproximadamente de trabajo era de cerca de los $250 mil pesos mensuales, lo que permitía sumar alrededor de $500 mil pesos al final de la temporada.
Este año con una inflación brutal entre lo que se fue y lo peor que vino, se estimaba una paga de entre $350 mil y $400 mil pesos mensuales.
No fue así..
No solo que no fue así, si no que los salarios que se están pactando están por debajo de los del año pasado. Con un aliciente brutal. La ruptura de todo código de convivencia entre empresarios forasteros y trabajadores locales. Esta temporada, han sido contratados tanto en La Costa, Villa Gesell como en Pinamar, gran cantidad de trabajadores del interior del país, de zonas mucho más precarias, sobre todo del noreste argentino con salarios que apenas superan los $100 mil pesos. Esto sirve como acicate para negociar a la baja contra los trabajadores locales y en condiciones de explotación total, rememorando la triste historia de los “mensúes” del monte.
Trabajadores golondrina versus trabajadores locales, en una disputa entre pobres con empresarios de la temporada que obtienen pingues ganancias y hacen una muy buena temporada, regresando a sus negocios porteños.
No creemos que haya forma de regular esta situación en el corto plazo, que termina ocurriendo con la vista gorda de todas las autoridades, porque no queda otra, es un mango que el trabajador recibe y si lo cortás, los matás también.
Lo que, si puede hacerse, no obstante, es generar por parte de las autoridades proyectos de desarrollo a largo plazo, donde permitan la radicación de empresas generadoras de trabajo genuino, formación en trabajo remoto en nuevas tecnologías para los trabajadores locales. Hay que pensar que está zona, en poco tiempo, será un vergel petrolífero y que muchas industrias anexas necesitarán radicarse en ciudades que van desde San Clemente hasta Mar del Plata.
En este medio decimos “Sí, al petróleo”, porque genera trabajo y desarrollo, porque las ciudades son para los vecinos y no para “hippies con plata” (que suelen venir los fines de semana a disfrutar del mar) que se oponen a todo.
Que no sea “la temporada” la que salve a las ciudades, que se trabaje en un turismo atractivo y planificado, que evite estas prácticas depredadoras típicas de los años 20 y, por qué no, soñar en que surja también una fuerte clase empresarial desarrollista local que genere inversiones y trabajo en las propias ciudades.


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