Por Carlos Fara (Noticias)
Los fundamentalistas tienden a rodearse de un círculo pequeño que necesita creer a rajatabla, como una religión. Las religiones no son materia opinable para los miembros de un credo, sino que son verdades reveladas a través de profetas que expresan la palabra divina. No se permiten grises: algo es pecado o no lo es. En ese marco, el respeto a la voluntad superior no admite indisciplinas. En ese marco conceptual se maneja Javier Milei.
Cuando un proyecto no tiene una matriz originariamente política, suele suceder que no se permiten conductas ambiguas. La consecuencia natural es el clivaje «disciplina o traición». Por eso, LLA no fue concebido como un espacio de libre debate, sino como un credo.
Por lo habitual, a quienes no vienen originalmente de la política les cuesta asimilar los códigos de la misma, lo cual lleva a la desconfianza como sistema de relacionamiento permanente con los otros. Eso, a veces, promueve actitudes paranoicas y elucubraciones conspirativas.
Por eso la autoprotección es esencial.
Esto no es solo un elemento que vemos en Milei – agravado por su origen no político -, sino que se pudo observar también en distintas fases del kirchnerismo, sobre todo cuando llegó al poder en 2003.
Un suceso habitual es que los sistemas de valores de un grupo deriven en una justificación estratégica. Sería algo así como «no solo lo creemos, sino que además es lo mejor en términos prácticos». Al final, disciplinar a rajatabla evita dedicarle tiempo a una tarea sobre la que Perón escribió un libro: conducción.


0 comments on “Fundamentalismo”