Por Guillermo Saccomanno
Una sombra ya pronto serás debe ser la novela más triste que se escribió en nuestro país desde fines de los 80 a la fecha. Leerla es como consultar al médico que nos diagnosticó una enfermedad incurable. Es un novela triste porque, al publicarse, anunciaba como diagnóstico el porvenir de una sociedad que se soñaba de clase media, rubia, educada, de Primer Mundo.
Terminaba la primavera radical: el alfonsinismo renunciaba después de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, «la casa en orden», la hiperinflación y los saqueos. El milagro peronista volvía a la carga, ahora con el triunfalismo menemista, las privatizaciones, los grandes negociados, el libre mercado, la pizza con champagne y el disciplinamiento vía gatillo fácil de los excluidos del aparato productivo quebrado en función de los intereses financieros más inescrupulosos.
A Soriano, en tanto, se lo criticaba por se un escritor realista. Nada advertía que Una sombra…era, además de un texto fantástico con referencias literararias encubiertas, unaa parodia sangrienta de realismo: un grotesco crepuscular que operaba contra sus propias convicciones y esperanzas de un mundo mejor. Uno de sus personajes, un chanta que vocifera en cocoliche arrogante, dice todo el tiempo: «L´avventura é finita», como quien dice: El fin de la historia«.
Soriano declaró que esta novela suya procuraba reflexionar sobre nuestra identidad. Su percepción de la misma resulta como nunca hoy eviscerante. La pampa, el épico territorio de lo gauchesco, es una planicie desierta donde los desposeídos, como vacas ciegas, van de un lado a otro con la ilusión de una fuga, sin darse cuenta que están siempre en el mismo lugar. Si el propósito original de Soriano consistía en escribir un «road novel», esa mirada grotesca la convierte en una novela de la depresión.
Nada de lo que ocurre en esta novela, contra lo que pueda parecer, es chiste. No hay acá esa intención socarrona y compasiva que redimía los personajes de sus relatos anteriores. Los protagonistas ahora están más cerca de los canallitas y la piolada mezquina que de aquellos perdedores simpáticos que conseguían con un geto la complicidad inmediata. La sonrisa se ha vuelto rictus. Como un patriarca colérico que acusa a sus semejantes, Soriano escribe una novela lunática que tiene la furia de una catilinaria.
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Con inocultable admiración, Nino Ramella, recordó hoy al escritor Osvaldo Soriano, nacido en Mar del Plata, hace 81 años. También a Ricardo Piglia (1941-2017), quien en su paso por la ciudad balnearia, descubrió en la biblioteca local un ideal de vida.
Es interesante que en la ambición del protagonista sin nombre – llegar al Neuquén -, una escéptica, patética, alusión a otras utopías, como por ejemplo la de la literatura norteamericana y la rusa. Si el camino, en la literatura norteamericana, significa para el sujeto urbano la liberación (así como la pradera significa la pureza), la estepa y los bosques representan, para la literatura rusa, el encuentro con las fuerzas primitivas de la naturaleza.
Y todo esto se degrada en Una sombra. Cada proyecto de salida que imaginan los personajes en medio d ela chatura de esa pampa responde al imaginario urbano. MIentra Soriano, escribe esta novela, en las librerías se difunde a Bukowski, Carver, Shepard. En las páginas de este Soriano también hay hoteluchos y pueblos de mala amuerte, también se bebe, y mucho, pero el hambre es una preocupación mayor. Quien más, quien menos, todos los personajes están tratando siempre de calmar el estómago con cualquier cosa. La misma degradacion sufre la cita a la literatura rusa. Lem, «compañero de ruta» del héroe, no remite al siglo XIX sino a Stalislav Lem, el desencantado escritor soviético de esa ciencia ficción oscura. El errante ingeniero en informática, como un personaje arltiano, busca el Neuquén, una tierra prometida. Pero su viaje nunca llega al «far-south» mítico que deslumbró a tantos viajeros: concluye antes, en una vía muerta de la pampa.
El protagonista, el ingeniero, el que «el que se lleva puesto», el que perdió Europa, donde le quedó una hija, también se ha perdido a sí mismo: entre lo que perdió está su nombre, y este es un dato que no se puede pasar por alto en una novela que interroga la identidad. El contexto de la narración son campos inútiles, rutas concéntricas, estaciones de servicio paradas, pueblos apartados de la prosperidad capitalina y encerrados en sus miserias chicas de encono y frustración.
Los personajes, una astróloga fraudulenta, un banquero jugador de ruleta, un empresario de circo en la ruina, chicos que emigan a cualquier parte, militares de fecha patria perdida, son todos vivillos, estafadores de poca monta, aprovechadores. Componen un elenco de marginales que, en su persistencia de dar con una oportunidad, se hunden a cada gesto más en la derrota. Si este sesgo puede inducir a pensar en una picaresca, lo es, pero tan degradada como las citas a los topos utópicos de la literaturas norteamericana y rusa: esa pampa ya no goza siquiera del prestigio del legendario gauchaje (que, en la novela, cambia dólares). Hasta los personajes más secundarios en las anécdotas más cortas, todos y cada uno cumplen el mismo rol simbólico. En ese aaspecto Una sombra…se convierte en relato moral, fábula que refleja implacable las tensiones de un país en picada.
En varias oportunidades surge en el relato el pozo como signo clave. «Tantas veces empecé de nuevo que por momentos sentía la tentación de abandonarme. ¿Por qué, si una vez salí del pozo, volví a caer como un estúpido? Porque es tu pozo, me respondí, porque lo cavaste con tus propias manos». Las ilusiones del ingeniero radioagrafian su extracción de clase media: pensar el propio destino como construcción independiente de un destino colectivo. Ese héroe sin nombre es el último pasajero de un tren varado en esa inmensidad sin futuro. Metáfora de una década, el tren está detenido. Es en este sentido que cada personaje, cada acción, cada escena jugada como un gag, a la atropellada, a lo largo de esa novela, acusada entonces de realista, pronto dejarán de ser metáfora, es decir, literatura, para convertirse en pura realidad.
- Ilustración destacada, por Gilda en latinta (2019)


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