Jorge Ossona, uno de los principales cartógrafos de la pobreza, apuntó algunos datos clave para explicar por qué pese al deterioro social no hay síntomas de una rebelión inminente en la Argentina, consignó Jorge Liotti, en su columna de hoy en La Nación.
«Por un lado están los planes, que generan una red básica de contención. Además, hay acostumbramiento y resiliencia; más agotamiento que ganas de combatir. A eso – dijo Ossuna –, se suma una mayor implosividad de los conflictos adentro de los barrios y las familias, generado por las carencias y las adicciones. Esto es un factor desmovilizador hacia afuera. Y también cuenta el creciente rol social del narco, que se infiltró en la economía de la villa y genera un flujo de dinero que el trabajo no provee. Así hay una zona gris entre la legalidad y la ilegalidad. Un día sos delivery, y al día siguiente chorro”.
La conclusión de Liotti es que, por las razones enunciadas, «hay vastos sectores populares que hoy parecen estar más cerca de la anomia que del estallido; de la subsistencia personal que de la protesta colectiva. Algunos lo llaman paz social. Muchas veces en los eufemismos anidan los malentendidos», concluyó su comentario.


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