Por Gabriel Sued (Cenital)
Axel Kicillof procura llevar adelante una misión imposible. Ser kirchnerista, conservar el lazo con ese electorado y mantener esa condición hasta las elecciones de 2027, pero sin seguir los mandatos de Cristina Kirchner o, al menos, no de la forma que ella pretende. Una estrategia que la expresidenta, avisó ayer, no va a consentir: en un encuentro con dirigentes, en el Sindicato de Mecánicos, le dedicó críticas durísimas a su exministro de Economía, a quien acusó de querer victimizarse y trató de “Poncio Pilatos” o de “Judas”, por no definirse en su favor en la interna por la presidencia del PJ.
El camino de cornisa se angosta. En Berisso, Kicillof se paró deliberadamente dentro de las fronteras del kirchnerismo, pero terminó de formular con sutilezas y omisiones un mensaje que viene dando desde hace meses: no responde a la jefatura de Cristina. En las horas posteriores al acto, los colaboradores más cercanos a Kicillof dieron la interpretación oficial del discurso. “Axel pidió la unidad en los términos de la última carta de Cristina y reconoce su conducción, pero nunca se va a ordenar a la tercerización de esa conducción vía Máximo”, dijeron. Para reforzar la idea anticiparon que si no se consiguiera conformar una lista de unidad y finalmente se hiciera una elección partidaria entre Cristina y el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, Kicillof daría su respaldo explícito a la expresidenta.
Lo dicho arriba y abajo del escenario delinea el camino que el gobernador bonaerense intentará recorrer para llegar a 2027 como el candidato del kirchnerismo. No confrontará de manera directa con Cristina, reivindicará su figura y su legado, como lo hizo en Berisso, pero no será un engranaje en el dispositivo de poder de la expresidenta. Construirá con autonomía, “sin pedir perdón ni permiso”, como instruyó en una reunión de abril a dirigentes que trabajan para su candidatura presidencial. Tiene un objetivo que ayer entró en crisis: que ella entienda que él es la mejor carta que tiene en la baraja y, pese a todo, lo respalde en 2027. “Ni felpudo ni traidor”, lo resumió uno de los dirigentes que trabajó en la organización del acto de Berisso.
Cristina bombardeó ayer esa estrategia. En la sede de SMATA, apuntó sin miramientos contra Kicillof, al que evitó mencionar. “En el peronismo no van más los Poncio Pilatos ni los Judas”, dijo, y agregó: “Ningún dirigente es víctima, la víctima en este país es la gente”. Para rematar, sostuvo: “Miren, no estamos eligiendo entre San Martín y Belgrano. Me provoca dolor que haya gente que no se defina”. La escuchaban algunos de sus dirigentes más leales: Máximo Kirchner, Wado De Pedro, Teresa García, Mariano Recalde, Mayra Mendoza, Federico Otermín y Leonardo Nardini. Les anticipó que no habría acuerdo con Quintela y que irían a elecciones el 17 de noviembre. El mensaje de Cristina: si no es con su jefatura, es en contra de su jefatura. No hay avenida del centro. Su electorado es suyo.
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En una nota de opinión, lanzada ya Cristina a la jefatura del PJ, el dirigente histórico Aldo Duzdevich, le pidió «no inclinar la balanza» ni por Kicillof, su «hijo político», ni por Máximo, su «hijo biológico».
¿Por qué Kicillof evitó pronunciarse de manera explícita en el acto por la candidatura de la expresidenta? “Si a Axel lo acorralás, va a salir por arriba. No se va a entregar mansamente para que después salga La Cámpora a operar y decir: ‘¡Viste cómo lo domó Máximo!’”, responden en La Plata. Insisten, además, en que hay un escenario en el que podría haber confluencia, pese a las tensiones: que la expresidenta lo necesite a Kicillof para ganar en 2027, ya sea porque ella desista de competir o porque considere que él está en mejores condiciones de dar la pelea. Es una historia en desarrollo, en la que también juega el factor judicial.
¿Lo hablaron Cristina y Kicillof cara a cara el miércoles pasado? Cerca del gobernador insisten en que el encuentro no se produjo. Un dirigente que tuvo un papel clave en la organización del acto de Berisso da otra versión. Cuenta que la reunión se hizo y terminó mal, por dos exigencias de la expresidenta que el gobernador rechazó: que suspendiera el acto y que convenciera a Quintela para que se bajara de la pelea por el PJ. Ante la falta de buenas noticias para comunicar, siempre según esa versión, los dos acordaron negar la existencia del encuentro, un pacto que habría quebrado La Cámpora, enemistada con Kicillof. ¿Con o sin el consentimiento de Cristina? Sobran motivos para pensar que la expresidenta y Máximo Kirchner son una misma unidad política.
Con ese escenario complejo por delante, el gobernador decidió fortalecer la construcción de un espacio propio, que tiene como armadores principales a los ministros Carlos Bianco y Andrés Larroque, dos que salieron con el pecho inflado del acto de Berisso. La convocatoria, un trazado preliminar de las fronteras del axelismo, juntó a unas 40.000 personas y reunió en el escenario a la plana mayor de la CGT y a las dos CTA, con los que coordina el ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa; a dirigentes sociales como Daniel Menéndez (Barrios de Pie) y Gildo Onorato (Movimiento Evita), y a la mayoría de los intendentes peronistas del conurbano ampliado: Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mario Secco (Ensenada), Fernando Espinoza (La Matanza), Julio Alak (La Plata), Pablo Descalzo (Ituzaingó), Mariano Cascallares (Almirante Brown), Andrés Watson (Florencio Varela), Gastón Granados (Ezeiza), Juan José Mussi (Berazategui), Fabián Cagliardi (Berisso), Fernando Moreira (San Martín), Lucas Ghi (Morón) y Federico Achával (Pilar). Muchos de ellos también la juegan de equilibristas, pero, en todo caso, avisaron con su presencia que no desean pararse en la vereda de enfrente a la del gobernador.
Ese armado propio tendrá otro hito el 30 de octubre, cuando la corriente que promociona el liderazgo de Kicillof desembarque en la Ciudad de Buenos Aires, con un acto en el estadio del club Yupanqui, que organiza Kilómetro 0, la agrupación del ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, colaborador y amigo del gobernador. Como ocurre en toda disputa interna, también se multiplicó la circulación de encuestas, en una y otra vereda. “En el último tiempo Cristina creció un poco más, porque entró en escena, y Axel se mantuvo en su porcentaje habitual, de entre 38 y 40 puntos de imagen positiva. Están muy parejos. Ella es percibida como la visión y él, como el músculo. Están intrínsecamente asociados”, dice Shila Vilker, directora de Trespuntozero. A la dirigencia cercana a Kicillof le llegó un estudio nacional de Opina Argentina, la consultora de Facundo Nejamkis, que analizó un escenario hipotético de elecciones presidenciales. Los que respondieron que votarían por el oficialismo y por el kirchnerismo están igualados en 33%. A los que integran el tercio kirchnerista les preguntaron: “¿Con cuál de las siguientes figuras se siente más identificado?”. La respuesta: Kicillof 47%, Cristina 39%. La encuesta se hizo antes de que la expresidenta saliera a confrontar con el gobernador. En La Plata insisten en que esa batalla nunca se va a producir.
- Imagen destacada de Mario Paganetti


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