A partir de mayo de 2012, cuando tuvo un accidente cerebrovascular (ACV), la vida del periodista Mariano Grondona «se detuvo. Era – contó su esposa Elena Lynch, en la revista Hola -, una persona super activa, trabajaba en la radio, en la televisión, viajaba y daba conferencias».
El abogado y analista político, recordado por sus programas con el ya fallecido Bernardo Neustadt, al principio de la enfermedad tuvo secuelas más suaves. «Aunque tenía tenía dificultades para caminar y problemas en una de sus manos – refirió Elena Lynch -, pudo participar en varios programas (hasta 2016, hizo Hora Clave acompañado por el periodista Pablo Rossi); y también en radio (hasta que se retiró definitivamente, hizo Pensando con Mariano Grondona con Carlos Strione, por Radio Latina). Podía pasear por la calle, una actividad clave para que se despejara un poco y que no estuviera ajeno del mundo. Después, eso se volvió más difícil; dejó de interesarle», acotó.
Al describir el cuadro de situación posterior de su marido, describió: «Mariano no fue más a su escritorio. Todo sigue ahí, su biblioteca con sus libros… pero se le borró. El escritorio está en el entrepiso que tiene la casa y yo, muchas veces, solía espiarlo mientras, por ejemplo, preparaba una clase para la facultad (además de escritor, ensayista, sociólogo, Grondona fue profesor universitario)».
«Él – subrayó -, fue siempre muy estricto consigo mismo: todos los días leía muchísimo. ¡Si lo hubieras visto! A mí me asombraba. Era como un chico del colegio que no paraba de estudiar; se sabía todo de memoria. No repetía nunca un tema; sabía griego y latín. También jugaba al tenis y le encantaba andar a caballo. Pero se acabó el tenis y no anduvo más a caballo ni nada. No puede hacer ejercicio físico».
«Gracias a Dios – prosiguió -, la televisión existe. Porque, para un enfermo como él – ¡y hay tantas personas en su mismo estado! –, la televisión es una gran compañía. Ve las noticias y películas. Series no porque ese formato supone una gran memoria: para avanzar con los capítulos, tenés que recordar lo que pasó en el anterior».
Ante otra pregunta, señaló que «Mariano no hace nada solo; yo lo llevo a todos lados. Hace unas semanas fuimos a Pehuajó, al campo, y estuvo con una tos tremenda. Me asusté muchísimo: pensé que podía derivar en neumonía… Todo lo que hacés como acompañante te sale de manera natural. Se trata de acompañar, de cuidar con mucho amor y de adaptarse a la situación sin dramatizar».
Y concluyó: «Hay días que son bravísimos y en los que tengo el tiempo muy acotado. Pero hay otros en los que Mariano está tranquilo. Entonces, después de recibir a los enfermeros y al médico y, mientras él está mirando televisión, yo pinto y pinto. O, como ahora, descuelgo algunos cuadros para subir otros y me reúno con el florista para definir qué flores habrá en mi vernissage».


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