Opinión

Argentina, campo de disputa de las potencias: con grieta y desinformación

Sociólogo (UBA), Ronzoni Guzmán, presenta la cara opuesta de la luna sobre la "apertura" para inspeccionar el radar aeroespacial de China en Neuquén. No hubo concesión. Fue un trámite rutinario. En la mesa de los grandes se sientan los grandes. Argentina está en otra dimensión.

Por Luciano Ronzoni Guzmán

En los últimos tiempos, desde uno u otro lado, se han hecho especulaciones rimbombantes sobre las relaciones entre el Gobierno de Milei y la República Popular China. También sobre los vínculos especiales con los EEUU e incluso con Israel.

Ha sido criticado el libertario por una política exterior “blanda” hacia Reino Unido. Ello le generó conflictos hasta con su vice (y ¿rival?) Victoria Villarruel. Hasta ahora, sin embargo, más allá de cotilleos típicos de líderes en campaña, como las fotos con Donald Trump, no hubo resultados tangibles.

De todo eso, quizá, la peor imaven que conserva «Javo».es el abrazo con Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania: dado el drástico cambio en la política internacional estadounidense, va camino a transformarse en un paria de un país devastado y prontamente loteado.

En el gran cumpleaños de la geopolítica, en la mesa de los grandes, solo se sientan los grandes. La mesa de los niños está siempre aparte, es bajita y está supervisada.

¡La última gran operación política! (NR: reflejada por los diarios Clarín y La Nación): China tuvo que ´ceder´ ante Milei y abrir su base astronómica ubicada en Bajada del Agrio, departamento de Picunches (Neuquén) para que el Gobierno la “controle”. Miremos las cosas como son: es algo rutinario y que ocurre todos los años. El Gigante Asiático no cedió nada.

La publicitada visita, según todos los informes, cumple la misión de monitorear satélites de la República Popular además de realizar investigaciones cosmológicas, Hasta el Gabinete de Milei reconoció que no se pudo demostrar que haya intereses militares, como llegó a denunciar con todas las letras el embajador de salida Marc Stanley.

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La instalación de la base fue aprobada por Cristina Fernández de Kirchner en 2012 y el acuerdo fue respetado por Mauricio Macri. Milei mantiene la misma línea. Simple: Argentina no tiene el peso específico para seguir provocando ruidos y problemas con el gigante asiático. La deuda de los SWAPS (especie de cambio de divisas de emergencia que funge como crédito), es demasiado oneroso. Y su exigibilidad de pago puede ser inmediata: un solo llamado desde Beijing podría terminar en un minuto con toda la política económica del libertario. Una espada en la garganta.

No hay que ser hipócritas. De la misma forma, Reino Unido, una potencia con la cual persiste – de otra manera -, la disputa por las Islas Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida, instaló en 2020 (con la aprobación de la Presidencia de Alberto Fernández), su radar de investigación astronómico en Tolhuin, Tierra del Fuego. Chisporroteos estruendosos detuvieron, al menos formalmente, la operatividad del mismo, pero fue ratificado por el Gobierno de Milei. Es claro: la corona británica ya no es lo que era, pero su influencia política y cultural sobre los EEUU, sigue siendo enorme. Tampoco hay demasiado margen para una escalada.

No hay que olvidar – no es un dato menor -, que al menos desde los años 90 existen contingentes militares estadounidenses temporales en territorio argentino y que operan más allá de los ejercicios conjuntos de entrenamiento que cada tanto se celebran. No solamente eso. Milei otorgó a la empresa Starlink de Elon Musk, la autorización de proceder y comercializar internet en Argentina. El trencito de satélites sobrevuela hace años el territorio nacional pero no había una concesión formal para vender los servicios de datos en el país.

Analizar las relaciones internacionales requiere quitarse toda venda idealista y estudiar a partir de los choques de intereses entre potencias mundiales y regionales. Siempre hay competencia: cada actor busca sacar el máximo provecho para lograr una mayor autonomía y capacidad de tomar decisiones convenientes en el tablero estratégico del globo.

Las tecnologías antes mencionadas siempre tienen doble propósito: cumplen las funciones para lo cual fueron formalmente autorizadas; y también realizan operaciones multipropósito: militares, espionaje, monitoreo, rastreo de recursos naturales, alertas tempranas además de servir como herramientas donde los actores de peso “miden” sus poderes en un territorio determinado. Nadie se engaña sobre ello. Son las reglas del juego. No hay nada escrito legalmente: el eje de poder es siempre fáctico. Y crear la ley o respetarla es un producto de la política y los acuerdos. Es lo que no le gusta a los abogados.

EEUU, Rusia, China se han lanzado a reeditar la carrera espacial. Algunos analistas hablan de recursos lunares; otros del poder e influencia tecnológica que genera la misma; los más osados, de colonización de planetas. Dimes y diretes infinitos. Lo más simple suele ser los más complejo de entender. En ese ambiente de rivalidad, nadie da ni concede ventajas. En ningún aspecto.

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Quizá esa sea la razón que un proyecto nacional como el Reactor nuclear CAREM, desplegado por INVAP y la Comisión Nacional de Energía Atómica fue suspendido o desmantelado por disposición del Gobierno de Milei.

Se trata del desarrollo de un generador nuclear de “bolsillo” de baja potencia que permite brindar energía barata a ciudades de hasta 30 mil habitantes, a plantas desalinizadoras de escala, entre otros usos. Según el consenso internacional, el modelo argentino está al menos una década adelantado a sus homólogos estadounidenses y europeos – ni hablar con países de la región – y brinda una ventaja estratégica de captura de un mercado valioso y capaz de ubicar al país a la vanguardia de este recurso.

Comer pochoclos en la mesa de los pequeños, tiene consecuencias. Se reciben órdenes desde la mesa de los grandes: ¡hay que detener esta clase de emprendimientos!. Bajo la excusa que sea: “Es caro”. «No hay plata”.

Pero las castañas no son solo para el “aleonado” Presidente. Es falso que la compra de los aviones F16 haya sido un mérito de su gestión. Es un logro negativo. Esos aviones, si bien son excelentes, operan bajo estándares de la OTAN, siendo Inglaterra la segunda potencia de la Alianza Atlántica y que jamás permitiría que tengan capacidad estratégica o que fueran una amenaza para el interés colonial. Serán excelentes plataformas de entrenamiento. Nada más.

La compra de esos cazabombarderos fue autorizada bajo el Gobierno de Alberto, con una negociación que viene desde la administración de CFK. Las opciones originalmente eran cuatro: el JF-17 Thunder chino pakistaní, un cazabombardero moderno liviano con capacidad de guerra aeronaval, ataque aire – tierra e intercepción de cuarta generación equipado con todas sus capacidades. Fue descartado porque se trata de un avión cuya eficiencia no está suficientemente documentada.

La segunda opción fue el Saab 39 Gripen, de origen sueco y de gran calidad, siendo, Brasil uno de los países más equipados con ellos y que incluso muchas de sus partes se construyen allí Es de cuarta generación un poco más antiguo que su homólogo chino. Se rechazó por su alto costo y porque las restricciones en sus capacidades eran demasiado elevadas. Limitaciones que el gigante luso parlante no tiene.

La tercera opción era el excelente cazabombardero estadounidense F-16 Fighting Falcon, de indiscutibles prestaciones. Antiguo, de cuarta generación pero que continúa en total vigencia. Eso sí. Siempre y cuando el país que los opere este autorizado a utilizar todas sus capacidades. Pero no es el caso de Argentina, que está severamente limitado desde 1982 y cuasi vetado por Reino Unido.

Es un avión formidable, pero si no se pueden explotar sus ventajas no cumple ningún rol: no disuade, ni sirve como herramienta estratégica. Su mayor valor es el de preparar pilotos para esta clase de aviones. Pero, poco y nada de servir para defender los intereses nacionales.

La cuarta opción era la apuesta de mayor envergadura. Nada más y nada menos que el Mikoyan MiG-35 de origen ruso. Un avión de 4/5 generación operativo desde 2007, polivalente, sin restricciones de la OTAN y cuyo combo de equipamiento de armas prometía las últimas capacidades tecnológicas de ataque aeronaval, aire tierra e intercepción. Es justo reconocer que este avión representaba una amenaza real para cualquier fuerza aérea de la región y cualquier navío en el espacio marítimo argentino incluyendo Malvinas.

Un ocasional testigo – especialista en la materia -, pudo ver la cara de espanto de un muy progresista exfuncionario argentino de Alberto, ante la posibilidad de adquisición de estos aviones. Las palabras escuchadas: “Son demasiado agresivos para nuestra política pacífica regional”.

Rápidamente, fue examinado por un participante del meet pandémico. Se le explicó: “La mayoría de los países de la región se están equipando con medios que representan amenazas reales, como es el caso de Chile o Brasil y que Gran Bretaña se encuentra desplegando año tras años capacidades ofensivas muy grandes en el Atlántico Sur con vistas a la Antártida Argentina”. Con toda lógica, fue descartado.

Finalmente, el dinero lo empezó a poner el Gobierno de Milei respetando la única opción que se acordó previamente: Los F16 casi desarmados.

¿Es importante Argentina?

El país cuenta con una vastísima gama de recursos naturales, humanos y técnicos, la mayoría vírgenes y sin explotar al máximo de su potencial. Su ubicación geográfica y su perfil peninsular le dan al país, un doble desafío: un espacio continental muy vasto y un espacio marítimo equivalente con una llave privilegiada a una de las zonas más codiciadas: el continente antártico (y no precisamente por la fauna que la habita).

En geopolítica, si las potencias acuerdan que no se puede tocar algo durante cierto tiempo, no es porque se quiere preservar una belleza natural; sino porque tiene demasiada importancia estratégica y recursos vitales que es mejor discutir en otro momento. Falta pocos años para que llegue esa instancia, donde se podrá explotar el continente blanco. En el 2048. Nada en tiempos de un Estado Nación, no listo preparado para semejante evento.

Un sistema decisional – más allá de los políticos -, sin una visión permanente en determinados aspectos claves, provoca el naufragio de todo proyecto a futuro de convertir a la Argentina en una potencia regional de peso. Hay problemas graves, hasta cierto punto solucionables.

Más allá de estos datos duros de esta ciencia social, que estudia los eventos políticos internacionales bajo la influencia de la geografía, existe también en Argentina una capacidad de la cual no se toma conciencia. Contrasta con la tesitura de los grandes decisores: los que cortan el queso, la tienen clara.

  • Luciano Ronzoni Guzmán, sociólogo (UBA), Especialista en Inteligencia Militar, ensayista.

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