Por Ernesto Jackson
Que Argentina pretenda iniciar el largo camino de alcanzar a ser una Nación próspera y desarrollada para que los malvinenses voten «con los pies» y acepten pertenecer a la Argentina, parece, hoy por hoy, más un disparate que un anhelo alcanzable.
Las palabras para recordar el día de la recuperación de las Islas Malvinas por parte del gobierno de la Junta Militar integrada por Leopoldo Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Doso, en abril de 1982, está plagado de dobleces que sólo alcanzan (y eso está por verse) para ilusionar a la militancia libertaria.
¿Cuántas preguntas debiera contestar el presidente Javier Milei, si leyera otra vez el texto de un discurso escrito y leído con no poca convicción, para tratar de echar luz sobre su idea de recuperar alguna vez el archipiélago que, por derecho indiscutible, pertenece a la Argentina?
En un mar de incongruencias y contradicciones, el presidente Milei olvida:
-En febrero pasado, Argentina se abstuvo en la Asamblea de las Naciones Unidas para obligar a Rusia a frenar sus ataques sobre Ucrania, luego que éste país fuera invadido por las fuerzas de autócrata ruso Vladimir Putin. Equilibrio entre el país invasor y el país invadido. Un voto de abstención tan doloroso como inaceptable.
-Argentina, salvando la comparación, viene reclamando ante el Reino Unido por la invasión de sus islas, en 1833, sin éxito alguno, a pesar de la Resolución 2065 alcanzada durante el gobierno radical de Arturo Humberto Illia, que insta a argentinos y británicos al diálogo.
-¿Cuál sería hoy la reacción y postura de Gran Bretaña, a través de su premier laborista Keir Starmer, quien acaba de acudir a la Unión Europea (a pesar de estar afuera) alarmado por la virtual alianza del presidente de Estados Unidos Donald Trump (el amigo de Milei) con Vladimir Putin. Este hecho provocó un terremoto político y un profundo replanteo de los países miembros de la UE en su relación con Washington. El premier Starmer le podría preguntar a Milei: ¿por qué Argentina condena a Gran Bretaña por Malvinas, y no a la Rusia de Putin por haber invadido Ucrania?
-¿Cómo podría defender Milei los derechos de Argentina sobre las Islas Malvinas, si en 2018 confesó su admiración e idolatría por Margaret Thatcher, quien condujo la guerra en 1982 y ordenó el hundimiento del crucero Belgrano?
–La historia da por tierra con la afirmación del presidente Milei de que gobiernos, “corruptos e inoperantes”, nada hicieron por la recuperación de Malvinas.
-Todas las gestiones no prosperaron en la ONU, invariablemente por la intransigencia y el desinterés, evidente y más que previsible, de los gobiernos de distinto signo de Estados Unidos y sus aliados.
-¿Qué respondería, por ejemplo, el presidente Trump si, imaginariamente, Milei le reclamara – en el encuentro que podría darse mañana -, apoyo en la ONU por la causa Malvinas?
-Indudablemente, Malvinas no será recuperada con discursos altisonantes, insultantes, provocadores, desafiantes. No conducen a nada.
El recurso gastado del presidente Milei de culpar a “la casta” de todos los males (a propósito; ¿qué es la casta?) sólo tiene el simple alcance de un título en los diarios. Seguramente, el 14 de junio, día de la capitulación de Argentina, no habrá actos ni feriado. Y mañana volverán a caer en el olvido las veteranos de la guerra, los héroes caídos y los reclamos en los foros, con el respaldo de países amigos.
- Imagen destacada: souvenir que tiene el presidente Milei en su despacho de la Casa Rosada


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