Literatura Sociedad

Haroldo Conti dio la vida por la revolución y amaba sobre todo a los descastados

Guillermo Martínez estuvo ayer en el homenaje por el centenario del nacimiento de Haroldo Conti, secuestrado y asesinado por la dictadura. Leyó un texto que escribió para el volumen de reedición de sus cuentos.

Por Guillermo Martínez

En la simplificación cruel que es toda nuestra muerte, el nombre de Haroldo Conti quedó sonando por años como víctima emblemática de la última dictadura militar y no tanto como el escritor complejo y formidable que es, de múltiples caras y necesarias relecturas, irreductible a etiquetas rápidas. La reunión definitiva de todos sus cuentos permite ahora otra vez asomarse al escritor en sí, en el arco completo y cambiente de su vida, y en todo el espectro de sus registros literarios.

Una primera sorpresa, para los amantes de la paradoja: el hombre que dio la vida por la revolución social amaba sobre todo a los personajes solitarios, a los pescadores ensimismados, a los navegantes sin rumbo, a los descastados. «He dicho muchas veces que yo no escribo la historia, sino las historias de la gente, de los hombres concretos…El hombre en su totalidad es una causa».

Una segunda sorpresa: junto al universo más recordado y recurrente de su obra, el delta de orillas movedizas y embarcaciones («un hombre como yo sin un barco ya no está completo»), aparece otro mundo de pueblos polvorientos y un camino inmóvil «como un río seco bajo el sol» por donde llegan y se van los personajes de una reconstrucción simbólica de la infancia. Quien lea con atención verá de historia en historia las reapariciones sigilosas de una familia fantasmal, y en la primera soledad del niño de «Otra gente» que espía desde el techo, el germen de todas las otras soledades.

De un lirismo sobrio, siempre atento a las nervaduras y vibraciones de lo real, a los quehaceres y oficios, a la lucha ríspida y amorosa con la naturaleza, la escritura de Conti tiene algo de pincelada paciente en busca del dolor diferencial y preciso. Pavese, Conrad, Hemingway, Quiroga, son nombres que se unen fácilmente en su obra.

Haroldo Conti fue secuestrado y asesinado cuando tenía 51 años. Para uno de sus cuentos más famosos – «La balada del álamo Carolina» -, había elegido como epígrafe o premonición esta estrofa anónima: «Ciruelo de mi puerta / si no volviese yo/ la primavera volverá. Tú florece».

Sus cuentos florecientes, siguen floreciendo hoy.

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