Reflexión

Haciendo un mundo mejor

Preguntarse por el bien y el mal puede llevar a acciones que terminen modificando sus cuotas entre los humanos. En un planeta donde la historia que nos precede reproduce los incontenibles conflictos sociales, y personales.

A veces no se trata de hacer el bien, sino de hacer el menor mal posible.

Esta frase puede parecer confusa, pero al final de este artículo sentirá un placer aliviador. Especialmente si en algún momento de su estadía en la Tierra se preguntó cómo ayudar a otro. Qué hacer para mejorar el mundo, ese mundo tan personal que por ratos queremos mucho y por otros no tanto.

Porque hasta el más malévolo de los mega ricos que giran por ahí se ha hecho estas preguntas. Aunque hubiera sido en un rapto de inocencia, de bondad inesperada. Porque ellos, tan acostumbrados a dirigir y calcular, no pueden vestir un traje al que le entren las balas del existencialismo. El informe se basa en datos. Las ideas, vaya y pasen los fines de semana en un almuerzo con colegas.

¿Y qué pasaría si se mezclasen las fórmulas de contabilidad con la integración social? ¿habrían menos pobres? ¿directamente la pobreza dejaría de convertirse en una categoría como tal? No lo sabemos, así como usted con sus buenas intenciones no supo qué hacer luego de la noche en que pensó cómo esparcir el bien a su alrededor.

Ahí está la clave: nuestras proximidades. Las frases más atinadas para los jóvenes (y no tan jóvenes) impacientes por transformar las injusticias, refieren a empezar por casa. Y con el tiempo, que nos acercó a concepciones cada vez más individualistas -pero en el mismo sentido más exitosas por encontrarse allí algo que nos impulsa fuertemente-, descubrimos que la primera casa somos nosotros mismos.

Si una persona no se pregunta a sus adentros sobre el bien y el mal, en lo filosófico y lo palpable, difícilmente se le pueda pedir que piense en el otro. Pero obviando estos casos (que existen), la frase inicial resulta más efectiva que cualquier píldora de alivio.

Quizá no se pueda resolver los problemas de los demás, y principalmente, quizá no se pueda resolver nuestro problema. La complejidad de convivir teniendo cada uno emociones e historias distintas, a las que se suman siglos de violencia y conflictos por las razones más variadas, obliga primeramente a hacerse el bien a uno.

En ese estado donde se logra sobrevivir a las adversidades y odios inentendibles, las personas podemos trabajar cada día para cultivar el amor desde dentro. Pero las limitaciones en el mundo adulto son cada vez más, y se ven con solo salir a la calle: son más las cosas que no manejamos que las que sí.

Por eso es que con no hacer el mal, ya se está sumando a esa virtud tan querida. Por supuesto, considerando el principio de la frase: A veces no se puede dar con bondad, pero cuando sí, que no haya dudas. A aprovechar la oportunidad histórica.

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