Reflexión

Tensión erótica, entre lo oculto y lo visible

Monica Veli compartió un fragmento de La salvación de lo bello, donde el filósofo coreano Byung-Chul Han retoma unas líneas del teórico literiario Roland Barthes. ¿Qué alimenta el erotismo?

Lo erótico no radica en la desnudez total, sino en la zona en que la vestimenta se abre, en ese borde donde algo se deja entrever.

Escribe Barthes: «Entre la camisa entreabierta y la piel, entre el guante y la manga, aparece un centelleo».

Lo erótico se juega en ese intersticio: ni en la ocultación absoluta ni en la exposición sin resto, sino en la tensión entre ambas.

El deseo vive del intervalo, de la interrupción. La vestimenta no solo encubre: enmarca, delimita, vuelve al cuerpo un enigma. Allí donde se interrumpe, surge el resplandor de lo erótico.

En un tiempo que parece exigir exhibición total – cuerpos sin secreto, imágenes sin pudor – , la enseñanza de Barthes, recuperada por Byung-Chul Han, nos recuerda que el deseo necesita de lo velado.

No es la abundancia de imágenes lo que lo alimenta, sino el espacio donde algo permanece escondido todavía.

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