Literatura Reflexión

Dostoievski atormentado: ¿es posible escupir a la sociedad?

En Crimen y castigo, el ruso Fedor Dostoievski (1821-1881), describe la vida de un conflictuado estudiante de Derecho, Raskolnikov. El muchacho encuentra insoportable la realidad social. Aquí un fragmento que sirve para sumergirse en la complejidad humana.

Apenas Raskolnikov abrió la uerta de calle, se encontró frente a frente en el vestíbulo con Razumikin, que entraba. A un paso de distancia los dos jóvenes no se habían visto y poco faltó para que chocasen. Durante un momento se midieron con la mirada. Razumikin se quedó atónito; pero de repente le brillaron en los ojos verdaderas llamaradas de cólera.

¿De modo que has venido aquí?, dijo con voz tonante. ¡Pues se ha escapado de la cama! ¡Y yo que lo he buscado hasta debajo del sofá! ¿Hasta el granero se ha revuelto para ver si se daba contigo! Por causa tuya ha faltado poco para que le pegase a Anastasia…¡Y vea usted dónde estaba metido!…¿Qué significa esto?…¿Qué significa esto, Rodia? Di la verdad. Confiesa

-Esto significa que me fastidian todos horrorosamente y que quiero estar solo, respondió fríamente Raskolnikov.

¿Solo, cuando no puedes aun ni andar, cuando estás pálido como la cera, cuando te falta el aliento! ¡Imbécil! ¿Qué has venido a hacer al Palacio Central? Confiésamelo enseguida.

Déjame pasar, replicó Raskolnikov y trató de alejarse.

Esto acabó de poner a Razumikin fuera de sí, y asiendo violentamente a su amigo por el brazo, le dijo:

¿Y te atreves a decirme que te deje pasar? ¿Que te deje pasar? ¿Sabes lo que voy a hacer ahora mismo? A tomarte debajo del brazo, a llevarte a tu casa como se lleva un envoltorio y encerrarte allí bajo llave.

Escucha Razumikin, dijo sin levantar la voz y con tono en apariencia más tranquilo: ¿qué he de hacer para que comprendas que no necesito de tus beneficios? ¡Qué manía de hacer el bien a las personas, en contra de su expresa voluntad! ¿Por qué viniste cuando caí enfermo a instalarte en mi cabecera? ¿Qué sabes tú si yo hubiera sido feliz muriéndome? ¿No te he manifestado hoy con toda claridad que me martirizabas, que me eras insoportable? ¿Qué gusto sacas en mortificar a la gente? Te juro que todo esto impide mi curación, teniéndome en una irritación continua. Ya has visto que Zosimov se marchó para no martirizarme. ¡Déjame tú también, por amor de Dios!…

Razumikin se quedó un momento pensativo y después soltó el brazo de su amigo.

Bueno, ¡Vete a los mil diablos!, dijo con vehemencia.

Pero en cuanto dio un paso Raskolnikov, Razumikin le gritó:

¡Espera, escucha! Ya sabes que hoy daré una comida, quizá hayan llegado ya mis convidados; pero he dejado allá a mi tío para que los reciba. Si tú no fueses un imbécil, un imbécil rematado, un imbécil incorregible…Escucha, Rodia; reconozco que no te falta inteligencia, pero eres un imbécil. Digo, pues, que si tú no fueses un imbécil, vendrías a pasar la noche a mi casa en vez de estropearte las botas vagando sin objeto por las calles. Puesto que has salido, mejor es que aceptes mi invitación. Haré que te suban un cómodo sofá. Mis patrones lo tienen. Tomarás una taza de té y estarás acompañado. Si no quieres un sofá, te echarás en el catre…Al menos estarás con nosotros; irá Zosimov…. ¿vendrás?

No

Pero esto es absurdo, replicó vivamente Razumikin. –¿Qué sabes tú? Tú no puedes responder por tí mismo; yo también he escupido mil veces sobre la sociedad y después de haberme apartado de ella no he tenido más remedio que volver a buscarla. Llega un momento en que se  avergüenza uno de su misantropía y procura reunirse con los hombres. Acuérdate, en casa de Pochinkov, tercer piso.

No iré, Razumikin, contestó Raskolnikov alejándose.

0 comments on “Dostoievski atormentado: ¿es posible escupir a la sociedad?

Deja un comentario