Opinión Política

Luces de alarma por la incursión de EEUU en Venezuela

Finalmente, Trump concretó el violento operativo terrestre en Venezuela y se llevó para ser juzgado en su país a Maduro. Marcelo Cantelmi enumera las dudas abiertas; petróleo, China, la oposición de Corina Machado, solo algunas en el tapete.

Por Marcelo Cantelmi (Clarín)

Estados Unidos abrió un complejo interrogante a partir del ataque contra Venezuela que se coronó con la extracción del autócrata Nicolás Maduro y su mujer, llevados a territorio norteamericano y entregados a la justicia. La operación, por el potencial militar involucrado, tenía una garantía de eficiencia. Hacia adelante, sin embargo, se montan dudas que no son menores.

El país quedó en lo inmediato en manos de los líderes chavistas y especialmente de los jerarcas militares que seguramente no fueron ajenos en la caída sorprendente de Maduro. Hacia ellos fue la declaración de Donald Trump que anunció un virtual protectorado norteamericano del país caribeño. «Tomaremos el volante» dijo, y será Washington quien organice las eventuales elecciones y, para que no queden dudas, reivindicó incluso «el gran garrote» del primer Roosevelt, el autor de la «diplomacia de las cañoneras».

Hasta ese momento las declaraciones combativas de los altos mandos militares venezolanos apuntaban claramente a marcar poder. Saben que el escenario definitivamente ha cambiado y demandará pragmatismo. Pero los comentarios de Trump no dejaron abierta una puerta y al mismo tiempo alimentan de argumentos a los fanáticos chavistas que montados en la propaganda antiimperialista del régimen.

Para la oposición venezolana es una súbita incomodidad que puede abrir una crisis en las bases de la líder María Corina Machado, que ha apoyado con fervor la acción militar norteamericana. Una fuente de esa oposición señaló que la transición deber ser conducida por venezolanos y con la Constitución.

Hay otra mirada que importa. Los comicios presidenciales de julio del año pasado expusieron que el chavismo paso a ser una minoría en Venezuela. El gran mérito de la oposición fue exhibir las actas, que no pueden ser falsificadas, que probaban una victoria contundente por una diferencia en torno a los 30 puntos del diplomático Edmundo González Urrutia.

Otro análisis crítico

El régimen evitó, como se sabe, documentar lo que luego la Corte alineada con el poder, determinó como la victoria de Maduro. Ese comicio dejó en claro una extendida disidencia, incluso en las bases de las fuerzas armadas, que ayudó a la oposición a reunir miles de esas actas. Un ejemplo nítido de un pueblo exhausto y harto del madurismo, aunque reivindique al líder muerto que creo el experimento bolivariano, Hugo Chávez.

Analistas ligados a esa misma oposición temían, sin embargo, que la ofensiva militar de Trump causara un efecto contrario galvanizando el conocido nacionalismo venezolano, ahora especialmente con el mensaje del magnate. Un colega, que por cierto no permite ser nombrado, le dijo a este cronista que “una cosa es echar a este individuo y sus cómplices, pero otra es que te bombardeen para expulsarlo. Estos tipos aquí se agrandaron desde que comenzó la ofensiva en el mar”.

No es nuevamente claro si el ataque y los comentarios posteriores provocarán el efecto inverso que teme el periodista caraqueño, pero no debería ser descartado. Tampoco una profunda división en el país. Cuando Bill Clinton bombardeo en 1999 la ex Yugoslavia para derribar al genocida Slovodan Milosevic, la gente en su conjunto salió a repudiar los ataques y la incursión terminó en un fracaso. Meses después fue el pueblo de ese país el que echó al tirano que acabó juzgado en La Haya.

Es frágil, además, el argumento norteamericano para el procedimiento. Maduro será juzgado en Estados Unidos por narcotráfico, la principal acusación que se labró en su contra. Pero Trump acaba de perdonar ampliamente a un poderoso narco que ingreso 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos, donde fue juzgado y condenado a 42 años de prisión, el ex presidente de honduras, Juan Orlando Hernández.

Ese gesto, que sorprendió a los fiscales norteamericanos que dirigieron ese proceso e incluso a la propia cancillería estadounidense, derribó la bandera de la lucha contra el tráfico de drogas, un negocio que los especialistas estadounidenses sostienen que Venezuela cumple un papel menor.

El petróleo

Trump, que piensa en términos no necesariamente modernos, desde su primera presidencia, cuando encaró una ofensiva para derribar al régimen chavista, había señalado la importancia objetiva de la enorme riqueza petrolera y minera de Venezuela, que además se encuentra a un paso geográfico de Estados Unidos.

Hace poco reclamó incluso la propiedad de esos recursos que, sostiene, le habrían sido robados a Estados Unidos. Trump anunció que esas riquezas serán custodiadas por EE.UU. y otros países que no nombró. Esas decisiones en extremo polémicas necesariamente sobrevolarán este episodio contaminando algún discurso.

Para la región lo sucedido es un umbral complejo hacia una geopolítica diferente. Significa un antecedente radical de hasta dónde está dispuesto a ir Estados Unidos sobre las huellas de su propia historia cuando invadió Panamá en 1989/90, Santo Domingo en 1965 o Guatemala en 1954 entre otros escenarios, ignorando los derechos nacionales.

Es un paso dominante sobre el “patio trasero”, donde todo a partir de ahora puede ser posible, en el peor de los casos si algún gobierno disgusta a Washington. Un alerta grave a las dictaduras de Cuba o Nicaragua, no desde ya a las autocracias aliadas y una señal que China puede interpretar a su modo respecto a Taiwán.

Pero también enciende una luz inquietante para Canadá, Panamá o Groenlandia donde. en medio de estos avances sobre Venezuela, el líder de la Casa Blanca definió con claridad sus intereses anexionistas.

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