Cultura Opinión

La historia no oficial de Norma Aleandro

Cerca de los 90 años, Norma Aleandro se mantiene en silencio y su legado es reivindicado por Marina Zucchi, tras la muerte de Héctor Alterio, el otro protagonista de La Histora Oficial, ganadora del Oscar. Sol de otoño en verano.

Por Marina Zucchi (Clarín)

El californiano Sean Radfundador de Tinder, apenas tenía diez años cuando Norma Aleandro daba clases de búsqueda de pareja con avisos en el diario como único “algoritmo”.

“Señora joven todavía desea relacionarse con caballero de entre 55 y 60 años, que sea completamente libre, con posición económica definida, culto, pulcro, de moral intachable. Que sienta la soledad en toda su dimensión”. El anuncio en los Clasificados de Clarín era concreto y no hacía perder tiempo a candidatos y a demandantes en la era previa al ghosting, al catfishing, al gaslighting y a toda esa terminología que se refiere a desaparecer abruptamente de un vínculo, a estafar con perfiles falsos o al abuso psicológico y la manipulación.

La película cumple 30 años, se llama Sol de otoño, la dirigió Eduardo Mignogna y es un gran ejercicio sobre la fragilidad, las inseguridades y el amor como construcción y no como “flechazo”. También es una clase de actuación, tanto de la enorme Norma como de Federico Luppi, dupla que lleva a encariñarnos con Clara Goldstein y Saúl Levin, dos almas que se encuentran desde las diferencias.

Ella vive con una tortuga y unos cuantos prejuicios, como pensar que no puede salir con alguien que no sea judío. Él, dueño de un taller de marcos, no encuadra en la vida de Clara, pero se presta al “negocio”, hacerse pasar por novio… La hondura de esas interpretaciones logró que Sol de otoño recibiera el premio Goya entonces como mejor película extranjera de habla hispana.

Más allá de esta historia que el canal Volver suele regalar, esto es excusa para traer el presente a Norma, que en mayo cumplirá 90 años. Con la muerte de Héctor Alterio las muecas de Aleandro en El hijo de la novia y en La historia oficial volvieron a circular, virales, sin que podamos creer que esa institución vaya a celebrar nueve décadas desde su nacimiento y ocho desde sus primeras pisadas en las tablas.

Anda silenciosa la – tal vez – hoy más grande actriz de la Argentina. No necesita prensa, nunca lo necesitó, aunque los paparazzi la hayan perseguido cuando se animó, por ejemplo, a seguir lo que sentía: pararse e irse del espectáculo de Al Pacino en el Colón, en 2016. “Me pareció un horror. Es una persona que uno quiere mucho, entonces, confunde. Me daba vergüenza ajena que alguien en el escenario estuviera burlándose de todos nosotros. No tiene que hacer esto, venir a tirar cuatro cuentos”, vomitó indignada.

Tesoro al que hay que seguir honrando a tiempo, su vida puede ser explicada en una anécdota. De adolescente se anotó en una clase de Simone Garmá en el Instituto de Arte Moderno, y le dieron a elegir en un ejercicio en el que el escenario simulaba un puente y la situación a actuar era una guerra: podía correr, caer herida o morir. Eligió morir.

“Usted no sirve para actriz”, la “trompeó” la docente. Normita corrió al río y fantaseó con quitarse la vida. “No tenía ni condiciones para matarme”, bromeó años atrás en una entrevista. Moraleja: el camino a la excelencia implica tomar la ruta de la perseverancia.

  • Imagen destacada, Norma Alendro y Federico Luppi, en Sol de otoño

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