Opinión Política

«Con CFK presa y proscripta, el panorama del peronismo es muy complejo», admitió Artemio López

El director de la consultora X, de afinidad kirchnerista, describió en Perfil el grado de "invertebración" del peronismo, incapaz de lograr - dijo - unidad de acción y concepción. Propuso una fórmula reparadora, pero tan difusa que no parece ser una alternativa.

Por Artemio López (Perfil)

Tras el apresamiento y la proscripción de Cristina Kirchner, la principal opositora nacional, ocurridos tras un intento de femimagnicidio, en 2022 y sin argumentos legales de ningún tipo, pero con una notable finalidad política, impedir su candidatura bonaerense, el peronismo se «invertebró» y aún no logra unidad ni de acción ni de concepción.

Peor. Vistas las prácticas parlamentarias y los planteos programáticos de sus dirigentes, todos los caminos conducen a que el peronismo no puede insistir con el tipo de unidad histórica con la que fue derrotado en 2023, donde convivieron proyectos de país que se revelan antagónicos.

Veamos

Los nombres del quórum/el peronismo doble camiseta. Tucumán (Bloque Independencia). Bajo el mando de Osvaldo Jaldo, los diputados Gladys Medina, Elia Fernández y Javier Noguera se sentaron en sus bancas para habilitar el ataque a las horas extras y el banco de horas. Hicieron campaña como opositores férreos y hoy gestionan la agenda del ajuste.

Catamarca (Elijo Catamarca). Los legisladores de Raúl Jalil (Fernanda Ávila, Sebastián Nóblega y Fernando Monguillot), abandonaron el bloque de UP apenas asumieron. Ávila, exsecretaria de Mineria de Alberto Fernández, había dado señales de ausentarse en votaciones claves como el financiamiento universitario.

Salta (Innovación Federal). El esquema de Gustavo Sáenz (excompañero de fórmula de Sergio Massa en 2015) aportó a Yolanda Vega, Pablo Outes y Bernardo Biella. En el Senado, su terminal política, Flavia Royón había acompañado artículos polémios, como el recorte de licencias por enfermedad.

Misiones. Los cuatro diputados que respondieron a Hugo Passalacqua (Arrúa, Herrera, Ruiz y Vancsik), también fueron piezas importantes en el tablero del quórum. Al igual que los anteriores, compartieron boleta con el peronismo nacional para luego priorizar la negociacion territorial con al Casa Rosada.

Como se planteó en sus orígenes, la coincidencia que proponía Néstor Kirchner tenía un límite claro: «Unidad sí; para bajar banderas, no». Hoy, ese límite se ha diluido en una dinámica puramente pragmática y territorial.

Y no se trató esta vez de discutir temas secundarios o matices: el debate giró en torno a desmantelar el derecho protectivo de los trabajadores y el declinar del poder de las organizaciones gremiales, dos núcleos centrales para la narrativa honradas por la práctica del movimiento bautismal de Perón y Eva Perón y la fase kirchnerista de Néstor y Cristina Kirchner.

Un sector, como expusimos, colaboró activamente para que la reforma oficial oficialista prosperara y aunque sea para muchos indignante, no es novedad en la historia de peronismo.

Las unidades históricas contraídas en el peronismo no son estatuas de mármol; son procesos dinámicos que, cuando dejan de representar intereses sociales claros, se desvanecen.

Lo que funcionó en 2019 como una estrategia de resistencia al macrismo, en el 2026 se ha convertido en una cáscara vacía.

La crisis de identidad del peronismo actual radica en que sus piezas se mueven por intereses de supervivencia provincial, rompiendo la coherencia nacional.

Estamos ante el fin de la «unidad por la unidad misma». El desafío para el kirchnerismo y los sectores que aún sostienen las banderas históricas es construir un nuevo acuerdo estratégico, que no sea aun simple amontonamiento electoral, sino una coalición con principios programáticos innegociables.

El peronismo debe elegir: o se reinventa sobre una base de coherencia ideológica, o asiste a su fragmentación definitiva en bloques regionales de negociacion corta.

En el viejo populismo, donde todos los enunciados de su líder fundador eran todo reversibles, la unidad hasta que duela no puede seguir si es que quiere intentar ser alternativa al proyecto oficialista.

Puede insistir en el tipo de unidad que lo trajo hasta acá, y es hasta probable que lo haga, pero tal como señalaba Marx, a condicion de saber que también «todo lo sólido se desvanece en el aire».

Solo el tiempo despejará esta incógnita, aunque para ser absolutamente sincero, con CFK presa y prospcripta, el panorama es muy complejo, no se observa ningún dirigente con el «Óleo sagrado de Samuel» que tuvo Juan Perón y a su manera Carlos Menem, Néstor y Cristina.

  • Nota publicada hoy en el diario Perfil, de Jorge Fontevecchia

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