Por Dario Sztajnszrajber
No sé si será como viento, como arena o como agua del océano…Eso incomprensible que llamamos «vida» se disipará disolviéndose en lo pequeño de la inmensidad.
Tal al vez morir sea lo más parecido a volver ser parte de un todo. Me hubiera quedado allí para siempre. Y no se trata de aislarse del mundo. Allí el mundo se percibe a fondo.
Hay una sinfonía entre el sonido del mar, el golpe de la arena y la fuerza del viento que nos deja perplejos en nuestro interior. ¿Qué es lo interior? En ese momento la frontera de mi cuerpo se abrió demasiado y creo que haber hallado una verdad.
Casi no creo en la verdad, pero que las hay, las hay…Son verdades previas a la palabra, a la sinapsis, al concepto: son meras texturas, temblores, evocaciones, llamadas…
¿Podrá el ser humano sobrevivir al ser humano? El desierto avanza, dice el filósofo, ¿pero eso es angustiante o es redencional? El mundo se cae a pedazos. Aquí se lo escucha y se lo extraña.
También está el sol, el que causa tanto la visión como el enceguecimiento…Pero por suerte ayer hubo luna llena y nos entregamos al misterio de la noche iluminada. Me llevo el recuerdo en todos los filamentos de mi cuerpo. Lástima que la existencia se sostiene solo a fuerza de olvido…(Creo que en los orgasmos se siente algo parecido. Morir un poco para que la vida estalle…)


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