Opinión Sociedad

La tramposa forma en la que los varones embroncados pelean con violencia usando a las mujeres

En el Día de la Mujer, la escritora española Elvira LIndo dijo que las efemérides recuerdan de manera insensata cómo vamos dejando que la vida pase. Feminista, marcó varias regresiones de hoy, producto - señaló - del resentimiento y los bombazos.

Por Elvira Lindo (El País)

Quédate conmigo porque contigo todos los días son el Día de San Valentín, decía irónicamente el viejo estándar de Rodgers y Hart, de la misma forma que el Sombrerero Loco animaba a Alicia, la del País de las maravillas, a celebrar cada día el No Cumpleaños.

Las efemérides desprenden en su esencia esa contradicción. Lo que verdaderamente nos recuerdan las fechas en rojo es la manera insensata con que dejamos que la vida pase, igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar, que cantaban los Pata Negra en aquella canción jorgemanriqueña, sin ser conscientes, pobres de nosotros, de que nuestra existencia es aquello que ocurre entre los días que se dedican a celebrarla.

Otro 8 de marzo. Y qué sensaciones contradictorias desprende este nuevo Día de la Mujer.

En un momento de regresión como este, en el que hay una muchachada educándose en la pedagogía del resentimiento que promulgan los varones enfurruñados; en un tiempo en el que de las encuestan se desprende que hay un número no despreciable de jóvenes que cree que el feminismo ha ido tan lejos como para borrarles el protagonismo del que gozaron antaño, o demasiado lejos como para que ellos sean excluidos en favor de ellas; ahora, precisamente, cuando frente al sexo libre celebrado en otras décadas se ondea la bandera de la espiritualidad o de la tranquila vida segregada al margen de las emociones que el otro sexo puede provocar; ahora, hoy, cuando de manera preventiva hay quien ya va descartando la palabra feminismo en favor de un término que suena más conciliador, como es igualdad, en este presente confuso en que más que una labor de progreso la debemos hacer de resistencia ante la fuerte corriente que nos arrastra hacia atrás; ahora, paradójicamente, las mujeres volvemos a protagonizar de una manera tramposa la conversación y hay quienes, sin vergüenza, nos usan para armarse de razones, armarse, repito, hasta las cejas, y liarse a bombazos en nuestro nombre.

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