Por Carlos Morelli
Nos habíamos conocido en 1965, y en Mar del Plata. Por entonces, él era crítico teatral de Clarín y yo colaboraba en La Nación, haciendo críticas de cine y notas para el “huecograbado” del fin de semana. Allí y entonces habíamos ido, casi en modo “vacaciones profesionales”, invitados a la presentación de un espectáculo de revista producido por el Teatro Maipo porteño. Así, entre plumas y monólogos políticos, empezarían nuestra amistad, nuestras coincidencias y nuestra pequeña, feliz historia en sociedad.
Dos años después, Rómulo Berruti “me llevó” a su diario, al que ingresé como “aspirante” y llegaría a ser Prosecretario de Redacción a cargo del Suplemento de Espectáculos, contando siempre con él como Jefe de Sección. A la vez, ambos continuaríamos ejerciendo activamente en esas páginas como críticos, en nuestras respectivas especialidades.
Y, de pronto, la radio, con una incorporación de ambos al elenco del exitosísimo ciclo “El Clan del Aire” en las mañanas de Radio Mitre. Y después la televisión, con un pasaje inicial por la legendaria “Buenas Tardes, Mucho Gusto” y un posterior anclaje, siempre en el Canal 13 de Goar Mestre y “los cubanos”, en aquel ambicioso noticiero de la medianoche que se llamó “Actualidad en 24 Horas”. Y hubo bastante más, en ambos medios. Hasta que en 1977 aterrizamos en el viejo Canal 7, y en su trasnoche de los jueves, con un programita, “Microcine 7”, que fue, seis años antes, el primerísimo embrión de nuestra marca, de nuestra propuesta y de nuestra huella esenciales y definitivas, ya en un país diferente.
En el medio haríamos otro “ensayo general” de lo que soñábamos con “Sábado Segunda Noche”, compartimos las célebres veladas con chambergo y llavero de Augusto Bonardo en “La Gente”, y nos convocaron para distintos “especiales” en la hoy Televisión Pública.
Hasta esa tarde de 1983 en que el recordado Miguel Ángel Merellano, Director General del canal estatal una vez concretada la resurrección de la democracia en el país, nos llamó para decirnos: “Muchachos: de ahora en más, cine argentino. Con lo mejor de lo mejor. Lo nuevo y, especialmente, lo viejo que la tele nunca mostró. Sin miedo ni a la fecha de producción ni al blanco y negro. ¡Ah!: y van a ir los sábados y en horario central. Si les gusta, bien. Y si no… Eso sí: el título lo ponen ustedes. Tienen una hora para decidirlo”.
Después del primer café con Merellano, el segundo fue a solas, y en el emblemático “Rond Point”. Ahí tratamos de digerir la sorpresa y el peso del encargo. Deliramos modestas exigencias para condimentar y, de alguna manera, personalizar el ciclo que debíamos sacar adelante: de allí surgirían las “travesuras” con las viejas ediciones de Sucesos Argentinos y del Noticiero Panamericano, y la temeraria jugada con los paleozoicos episodios de la serie “Flash Gordon”. Y, fundamentalmente, nos abocamos a elegir un rótulo para la mucho más que incierta aventura. ¿Qué resolvimos?: trasladar a la difusión de la cinematografía nacional y al “prime time” el titulito que veníamos usando en la invisible medianoche de los viernes para presentar módicos productos extranjeros, esencialmente hollywoodenses.
Allí nació otra “Función Privada”. La segunda y definitiva. La que sumó otros doce años en Canal 7. Y luego estuvo cinco más en Space, como nueva mimada de la televisión por cable. La que dejó una impronta, forjó algo parecido a una leyenda, y, hasta hoy mismo, nunca se fue de las retinas, los afectos y la gratitud de su gigantesca platea.
Y, siempre, con Carlos y Rómulo, Rómulo y Carlos. Con la cara de Marilyn y con la música de “Amarcord”. Con la barra y con la champagnera. Con Susana Tenreiro, enorme productora. Con mi hijo, Ignacio, dirigiendo las cámaras; y con mi hija, Gabriela, controlando la ambientación.
Ahora, Rómulo nos dejó. Y el vacío es tan abismal como doloroso. Pero también la memoria es tan indeleble como estimulante. Por eso prefiero regresar a ese pasado que se confunde con el presente, levantar con mi amigo y mi compañero la copa del cierre de cada emisión, y despedirlo, apenas, hasta el sábado que viene.


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