«Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan; si te ven bien, te contratan». Eran casi todos peronistas reunidos en una mesa de un cumpleaños de 80 que discutían sobre el posible Presidente de la Argentina en 2027. A esta altura, arriesgar un nombre, sería un error constatado en pasadas elecciones desde la vuelta a la democracia en 1983, apuntó un exmiembro de la hoy desvencijada Guardia de Hierro. Raúl Alfonsín se consolidó tras la quema del cajón hecha por Herminio Iglesias en el Obelisco; Carlos Menem fue objeto de burlas de analistas y periodistas hasta que desbancó a Antonio Cafiero, luciendo unas patillas a lo Facundo Quiroga y comiendo en ollas populares en la calle con trabajadores, a los que les prometía revolución productiva y salariazo. El radical Fernando De la Rúa se asoció nada menos que con el frepasista Carlos «Chacho» Álvarez y – con tropiezos mediante – descondujo un proceso que desembocó en la débacle de 2001, hacia una andanada de jefes de Estado zurcando el aire como estrellas fugaces; hasta que Eduardo Duhalde – después de tantear sin éxito a Carlos Reutemann y José Manuel De la Sota -, buscó como «chirolita» a un santacruceño verborrágico. Sí, Néstor Kirchner, quien poco después de sacar poco más de 22 por ciento de los votos en una primera vuelta (ganada raspando por el riojano, que metió violín en bolsa y se fue en busca de fueros porqué no podía levantar en el balotaje), se sumergió en la Casa de Gobierno, trituró al bonaerense y se quedó con la Banca, que cedería a su esposa, antes de fallecer en 2010.
A propósito, en esa festividad nadie osó nombrar a Cristina Fernández, presa en su domicilio del barrio de Constitución, por la causa Vialidad, y sin el timón efectivo del Partido Justicialista, un sello más, igual que la Unión Cívica Radical.
Dos años antes de 2015, ¿alguien apostaba a pleno por Mauricio Macri? CFK (con el luego converso Daniel Scioli) se despidió sin entregar los símbolos del poder, para volver en 2019 (si puede utilizarse esa palabra) nombrando a un «vicario», Alberto Fernández, quien se las ingenió para ignorar sus consejos y terminó eyectado como un naúfrago, en homenaje a su admirado Lito Nebbia.
Sergio Massa, exministro de Economía, urdió su campaña nutriendo de apoyos y candidatos a un «outsider», un panelista intratable que, para sorpresa de todos, instaló el anarco-libertarismo en la Argentina, con una compañera de fórmula, Victoria Villarruel, a quien hoy llama «traidora» y la considera fuerza enemiga. Javier Milei, por supuesto de él se trata, con cientos de complicaciones y la bendición de Donald Trump – y Benjamín Netanyahu, por añadidura -, domina la escena pública, con una oposición que levanta una humareda impresionante, pero no acierta con las nuevas canciones que estaría reclamando el grueso de la población.
Bajo este dibujo somero de situación y habiéndose dicho que LLA intentará una reelección, ¿es Milei número puesto? Ni él, ni nadie, coincidieron los contertulios que le cantaron al octogenario. Hasta seis meses antes de octubre (si es que no hay adelantamiento, como se sugirió en ciertas usinas), los que se exponen a sacar la cabeza, corren el riesgo de quedarse sin ella.
Milei exhibe fortaleza, no da el brazo a torcer en sus posiciones maximalistas de ajuste, aún enfrentando situaciones borrascosas, propias de «la casta» que prometió expurgar como a las ratas. En la conversación se aseguró que los créditos a funcionarios públicos tienen el carácter de «preferenciales» (otra que «hijos de vecinos«), Se estimó «correcta» la medida de Sandra Pettovello, de echar en Capital Humano a su jefe de gabinete, Leandro Massaccesi, y se hizo notar que se trató de un tiro por elevación a «El Jefe» político, Karina Milei. Más problemas en el horizonte afín.
Forastero/a se busca, dijeron sin hacer nombres, a sabiendas de las pocas chances de los que sobrevuelan por estas horas: el pastor evangélico Dante Gebel y el el gobernador futurista Axel Kicillof, bombardeado por La Cámpora de Máximo Kirchner. Massa -pícaro, «ventajita» para Macri, quien proclamó al disminuido PRO como «el próximo paso» del actual modelo -, bucea con tubo de oxígeno debajo de la superficie. ¿Tendrá una bala de plata?
Conclusión de los contertulios: un gran signo de interrogación. Los comensales, también hombres de negocios, aseguraron que los inversores no vendrán a una Argentina tan ciclotímica hasta conocerse quien estará en la Rosada a partir del 27. Volvieron a correr el arco. Igual que en las legislativas del año pasado, y eso que había espaldas fuertes del norteamericano Scott Bessent y su billetera abierta de par en par para Milei, por orden del «amigo» republicano.
Hubo sonrisas socarronas, además, cuando se mencionó el seudo lanzamiento por distintos medios del exministro de Economía, Carlos Melconian. Reconocieron los esfuerzos del exjefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, para arrimar el bochín, siempre y cuando logre hacer las paces con «el calabrés» que lo desairó, equivocadamente, con Patricia Bullrich, otra con juego propio y fidelidad a sí misma.
La suerte de Milei, como el mismo sinceró, se entronca con la paciencia que se le tenga en esta suerte de carrousel, que gira en torno a un cuadro geopolítico mundial, que ayer vio caer a Viktor Orbán, tras 16 años, en Hungría. Muchos disfraces de Moisés y Jesús, en algún caso sostenido sin disimulo con el poderío militar que se aplica con cuchillos entre los dientes, como vaticinó hace unos años en la Feria del Libro de Buenos Aires, el exvicepresidente de Bolivia, Alvaro García Línera.
La realidad: es lo que hay. No hay más que remitirse a la frase inicial, una delicia consagrada por Mirtha Legrand en sus mesazas.
- Imagen destacada: Kicillof y Gebel


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