Opinión Política

Guerra fría en el poder libertario

De las notas publicadas este domingo, destaca la de Manu Jove, por los entretelones de una semana en la que la batalla cultural le jugó una mala pasada a los hermanos Milei y a Santiago Caputo. Graves problemas de comunicación.

Por Manu Jove (Bardeo News)

“Cuando la política no interviene, las cosas funcionan”, escribió Santiago Caputo en su cuenta de X. Se refería a la reunión de representantes del FBI con autoridades de la SIDE, organismo controlado por el asesor de Javier Milei, que tuvo lugar el pasado viernes. Participó también el embajador norteamericano Peter Lamelas, pero el mensaje de Caputo tiene otro alcance. Es difícil no interpretarlo como un reclamo indirecto a la frustradísima semana de negociaciones del Gobierno por la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que perdió en el camino los capítulos de extranjerización de tierras y de manejo del fuego. 

Aunque el choque de frente fue legislativo, la raíz del problema fue la política: hubo una colección de desinteligencias con los aliados en las provincias y afloraron nuevamente las diferencias internas. La derrota fue también en la conversación pública y en la denominada “batalla cultural”. Al mismo tiempo, incluyó otra vez un evidente déficit comunicacional y la inexistencia de una estrategia concreta. Todo se monta, además, sobre un trasfondo de malestar económico por la caída del poder adquisitivo que ayuda a entender el mal momento en la imagen de la gestión mileísta.

A pesar de haber conseguido media sanción después de las tachaduras, la propuesta tratada en el Senado pasará al freezer por tiempo indeterminado. Las complicaciones de última hora en la Cámara Alta funcionan como un mal augurio para el debate en Diputados. Las prioridades libertarias en el Congreso de corto plazo serán, a partir de ahora, las anunciadas modificaciones en el Banco Central y la segunda parte de la Inocencia Fiscal. Quieren que lleguen al recinto antes de fin de mes. Más tarde será el turno de la reforma electoral para eliminar o suspender las PASO y la sanción del Presupuesto 2027. Queda suspendido, hasta nuevo aviso, cualquier otra ambiciosa idea desreguladora de Federico Sturzenegger, el funcionario más apuntado del momento.

Hasta acá, Sturze coordinó sus propuestas directamente con el Presidente. Ajeno a la conformación de la “Mesa Política” y alejado de la negociación con gobernadores y otros actores de poder, escupía proyectos de distintas escalas que, ocasionalmente, podían convertirse en decretos o en las llamadas leyes ómnibus. La semana pasada sumó otro papelón con la flexibilización del practicaje portuario que tuvo que retrotraerse después de una medida de fuerza de los trabajadores. Los proyectos son un frankestein, mezclan cosas que no tienen nada que ver y solo sirven si salen como las quiere él”, se quejó en distintas charlas uno de los habituales interlocutores con los aliados y agregó algunos epítetos más contundentes contra el ministro de Desregulación.

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Más allá de la catarata de críticas, el expresidente del BCRA en tiempos macristas todavía cuenta con la gracia de Milei. De hecho, fue uno de los elegidos para escribir el prólogo del próximo libro del Presidente. Aunque a esta altura parece una apelación a la ironía, la publicación llevará por título “La moral como política de Estado”, frase utilizada en el discurso de apertura de sesiones ordinarias del primero de marzo de este año. Está previsto que el libro salga a la venta en el último tramo de este año, aunque también podría postergarse para utilizarse como elemento de campaña en 2027. Se publicará a través de la editorial asociada a las ideas de derecha Hojas del Sur y los otros dos textos introductorios estarán firmados por Luis y Santiago Caputo.

Por supuesto que resulta curioso que un Presidente cuyo gobierno acumuló una extensa lista de escándalos vinculados a sospechas de corrupción se aferre al concepto de “moral” como elemento que elige destacar. Los casos más sobresalientes van desde la criptomoneda Libra hasta los sobreprecios en la Agencia de Discapacidad o de Manuel Adorni a José Luis Espert, dos referentes ya expulsados a los que Milei sigue defendiendo públicamente cada vez que encuentra oportunidad. La contradicción representa, en definitiva, otros de los burdos desfasajes narrativos del presente. El problema de la comunicación.

El pésimo momento comunicacional de LLA queda expuesto con dos hechos recientes. Primero, la ausencia de voceros sólidos para defender la ley de tierras ante la consigna de “la patria no se vende” que se instaló en el sentir popular. Hubo una muy desatinada respuesta de Pablo Quirno en A24 sobre la posibilidad de vender “una provincia entera” y una aparición tardía de Alejandro Cacace, funcionario que trabaja con Sturzenegger, quien dio entrevistas una vez que el capítulo ya se había quitado en el Senado. “Salió a hacer la autopsia de un proyecto muerto”, decían en el Gobierno. En el medio, las acusaciones cruzadas. De un lado reprochaban cierta pasividad de los voceros digitales del ecosistema caputista y del otro se respondía con la incapacidad para “hablar de corrido” de los dirigentes que los Menem llevaron al Congreso. Quizás todos tengan razón.

El segundo ejemplo es más particular porque tiene como protagonista al propio Milei. Su falta de empatía en las explicaciones sobre el creciente problema de los deudores morosos evidenció que no hubo preparación táctica en su última gira de entrevistas. Planificó esas notas -probablemente el verbo contempla una sobreestimación del trabajo realizado – con sus confidentes Santiago Oría y Lilia Lemoine y sumó a Adrián Ravier. Por su inexperiencia para el cargo, el vocero acumuló por ahora más errores que aciertos. El Presidente dijo que “nadie le puso una pistola en la cabeza” a la gente que pidió créditos. El tema podría haberse contestado de una manera más sencilla y menos antipática: algún señalamiento a los bancos. Sin embargo, eligió apuntar para el otro lado.

Aunque se podría explicar la respuesta por la altísima carga ideológica y de filosofía económica en los planteos de Milei, hubo deficiencias de termómetro. Las encuestas locales muestran un Gobierno golpeado en la percepción social. La medición mensual de Altas Intel y la más reciente de Management & Fit coinciden en un aumento de la desaprobación de los más jóvenes y entre los varones, los segmentos en los que siempre tuvo la mejor valoración.

Otro campo para analizar una pronunciada caída es el terreno favorito de los libertarios. Los tuits presidenciales perdieron impacto y hoy producen menos repercusión. Un detallado informe de la consultora Sustantiva exhibe datos novedosos. En promedio, una publicación directa de Milei (sin contar retuits, solo con los posteos que él mismo escribe) tiene la misma cantidad de interacciones que una del Gordo Dan, aunque el Presidente genere más “impresiones” (vistas). Hace dos años y medio esa cuenta rendía cinco veces más a favor de Milei, que bajó de doce mil a cinco mil, mientras que Parisini creció de dos mil a cinco mil en el mismo período. Además, el Presidente provoca mayor carga de respuestas con sentimiento negativo que el conductor del canal Carajo. Afuera de X, la herramienta digital más potente que tiene el universo libertario es la cuenta de Instagram de Iñaki Gutiérrez. El influencer subió más de 80 videos con temáticas de actualidad en lo que va de 2026 y el 83% tiene más de un millón y medio de visualizaciones.

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En una entrevista con el Diario de Río Negro, Milei también confirmó que ya tiene a su compañero de fórmula para el 27. “Prefiero reservarme el nombre por el momento”, agregó. En las notas posteriores lo repitió con menos seguridad y reconoció que es en realidad “un equipo” el que colaborará con esa postulación. ¿Hubo acaso un tirón de orejas al Presidente después de su afirmación? No son pocos los que, dentro del Gobierno, creen que sí. Todos saben que, como con casi todas las definiciones políticas importantes, la última palabra será de Karina.

El peso de la Secretaría General de la Presidencia en la toma de decisiones enfría las posibilidades de ver a Patricia Bullrich como candidata a vicepresidenta. La desconfianza entre ellas es conocida. La exministra de Seguridad considera que ese podría ser un escalón fundamental para mantener vivo su sueño presidencial y eventualmente la posicionaría de cara al 2031. Falta muchísimo, pero ya dijo públicamente que quiere que sea su momento después de un segundo mandato de Javier. El interés existe. La hermanísima prefiere a Martín Menem, alguien de su plena confianza. ¿El riojano también se proyecta como sucesor de Milei después de dos presidencias? Dicen que sí. La guerra fría entre el titular de la Cámara de Diputados y la jefa de bloque de LLA en el Senado está en marcha.

  • Fuente: NotiAR

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