Por Andrés Borenstein (Revista Seúl)
Los números políticos de julio fueron feos. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Di Tella y las encuestas que vimos fueron bastante unánimes. El mercado le presta atención a AtlasIntel porque la difunde Bloomberg, y tiene sobre sus espaldas el haber sido muy precisa en Brasil. Todas dicen lo mismo: bajó la popularidad del Peluca. El mercado tomó nota. El riesgo país volvió a 450, y el equity cayó fuerte. ¿Es grave? No, pero le hace las cosas más difíciles en el Congreso porque los de la ancha avenida del medio también leen las encuestas, y eso hace que los apoyos se desvanezcan o cuesten más caros. Dicho esto, los que defienden la prohibición o limitación de venta de tierras a extranjeros lo hacen con argumentos endebles. Quizás haya otros, pero no los escuchamos.
La baja en las encuestas no parece ser por los insultos a Lula. Es la heterogeneidad de la economía la que hace que la prosperidad esquive a una parte significativa de la clase media. El informe trimestral que publicó el Banco Central dice que esto es normal y que, con los meses, el índice de difusión, es decir, cuán difundida es la recuperación, va a mejorar. Es probable que así sea, pero que aceleren, porque si el derrame es lento, se pueden quedar sin nafta. Desde lo técnico, todos sabemos que una recuperación en base a exportaciones y ojalá en el futuro en base a inversiones es más saludable que una en base a consumo. Ni que hablar si ese consumo se basa en déficit fiscal financiado con inflación. Pero tiene que ser políticamente consistente. Milei había sido brillante en bajar expectativas al principio de su gestión, y nadie se quejó por el ajuste inicial. Quizás ahora subieron demasiado las expectativas, y la gente se enoja frente a la demora en llegar a la tierra prometida. Quizás no sean los mejoooores 18 meses. Con que sean algo mejores alcanza.
Por eso, Kristalina Georgieva, vieja loba (aunque no de Wall Street), dijo que el tema de la morosidad tiene que ser gestionado. No les estaba diciendo a las autoridades que tiren la del Sermón de la Montaña ni un jubileo como el tercer libro de la Biblia dice que ocurre a los 49 años. Les estaba diciendo: hay alguna política pública que te pueda acelerar el crédito y te mejore el feel good factor de la sociedad para que la gente te quiera un poquito más. En julio, el crédito repuntó, pero casi todo corporativo e hipotecario. Esto es bueno, pero se necesita un poco de más crédito al consumo para que al menos se incremente la cantidad de gente que no putea. ¿Puede salir bien sin intervención? Por supuesto que sí. Pero los tiempos de la economía tienen que ser consistentes con la política.
Habiendo dicho esto, es probable que en junio la actividad haya repuntado como para recuperar la caída sorpresiva de mayo. El viernes confirmamos que la industria mejoró 0,9% mensual y 2% anual con mejoras marginales en algunos sectores golpeados. Pero los primeros datos de julio no han sido positivos, como diría el inefable Julio Cobos. Cemento y autos fueron flojos, crédito mejor. La economía como un todo no es un desastre ni mucho menos, pero cuesta encontrar tendencias duraderas más allá del litio, petróleo y lo que depara esta buena cosecha.
La inflación de la Ciudad de Buenos Aires nos asustó a todos. Estuvo a siete centésimas de 3%. No va a dar así la nacional. El año pasado fue 2,5%, y la nacional dio 1,9%. Los rubros vinculados a las vacaciones de invierno pesan mucho más en la Ciudad que en la medición nacional. Esperábamos que fuera 1,9% la nacional, pero con estos datos es probable que sea un poquito más. Nos enteraremos mañana, jueves.


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