El 13 de agosto de 1961, de la noche a la mañana, el Partido Socialista Unificado (SED) de Alemania, cerró las fronteras alrededor de Berlín Occidental. El alambre de púas pronto se convirtió en muros de ladrillo. Y el muro de ladrillo pronto dio paso a un muro de hormigón y un sistema de vigilancia que se hacía impenetrable.
Se trataba de 155 kilómetros de longitud total, 43 km de ellos dividiendo a la Berlín Occidental (RFA) del lado oriental, que se tradujeron en 28 años donde el aislamiento, la incertidumbre y la angustia se convirtieron en la única constante y un reflejo de la tensión del orden bipolar.

El Muro siempre fue más que solo un muro: se trató de una infraestructura compleja diseñada para que no pudieras escapar y perecieras si te atrevías a intentarlo, no por algo apodado por muchos como la “franja de la muerte” y donde lamentablemente se tiene el registro de 140 personas que perdieron la vida en busca de una mejor.
Pero este muro no fue inmune al colapso del autoritarismo soviético. El anhelo de libertad y #ValorPorLaDemocracia de los ciudadanos de la Alemania Oriental logró agrietarlo, hasta que finalmente el 9 de noviembre de 1989 se escuchó en la televisión: “La RDA abre sus fronteras”.
- Fuente: Embajada de Alemania, a cargo de Catalina Cullas


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