Cristina – hoy presa, con tobillera y un cartel que pide su libertad – sigue siendo prenda esencial en la oposicion, en especial del peronismo -, al gobierno libertario de Javier Milei. Lo es, porqué así como los libertarios mantiene un núcleo duro, el kirchnerismo aglutina una cantidad de votos similar, pero no resuelve – es apresurado e inconveniente hacerlo hoy -, quien será el candidato a la Presidencia el año próximo.
Con el gobernador Axel Kicillof construyendo el Movimiento Derecho al Futuro, que no lo termina de catapultar ni de alumbrar un nuevo repertorio de canciones y Máximo Kirchner, de La Cámpora, hostigándolo abiertamente, CFK dialoga en el barrio Constitución, dónde está enclaustrada, con el líder del Frente Renovador, Sergio Massa.
Figura que recibe lanzazos del antiperonismo – por más que su origen fue la UCeDé -, Massa empezó a mostrarse como figura de unidad para «ganarle a Milei», a quien todavía ve con cuerda.
No tendrá una tarea fácil. Tiene la virtud de hablar con todos. Contempla intereses contrapuestos y se ofrenda como factor confluyente – no hay que olvidarse que pretendió construir la amplia Avenida del Medio -, entre sectores peronistas y otros que están arrepentidos de haber votado a Milei, quien usó la motosierra para cortar salarios y jubilaciones de la escala más baja, mientras «la casta» continua viva y coleando.

Apresurado es hacer vaticinos concluyentes. Lo cierto es que Massa – quien reconoce lo mala que le fue a la gestión de Alberto Fernández, del que fue su último ministro de Economía -, alterna con Kicillof, Máximo, Cristina, gobernadores como Martín Larryora, intendentes de la provincia de Buenos Aires y empresarios de la talla de Jorge Brito.
Los jefes comunales le reclaman que desactive un proyecto que los inhabilita a volver a presentarse para seguir al frente de sus municipios. –No, les contesta. –No hay vuelta atrás, repite. Aunque, a la vez, deriva el debate de esa cuestión a la Legislatura bonaerense. Advierte, además, que la Corte Suprema de la Nación, podría sacar un fallo contra las reelecciones indefinidas. ¿Gildo Insfrán, de Formosa, en la mira?
Como «el dedo» de Cristina no funcionó con Alberto – ella lo vivió lamentándose desde la Vicepresidencia -, Massa promueve una interna en el peronismo, tomando como antecedente la de 1988 entre el renovador Antonio Cafiero y el riojano Carlos Menem – émulo por ese entonces de Facundo Quiroga -, para dilucidar el tan necesario trasvasamiento generacional. Bajo ese esquema, estaría dispuesto a dirimir democráticamente con Kicillof, aún cuando el Gobierno logre eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
«Es unidad con competencia», planteó hacia adentro. Enfoca hacia donde el gobierno admirador de la escuela austríaca hace agua: la microeconomía que conduce al desamparo a cientos de miles de familias. Apuesta a la visita del papa León XIV y anuda pretensiones para cristalizar recién en 2027.
Su pragmatismo lo lleva a aceitar contactos con «Carli» Bianco, mano derecha del gobernador Kicillof y peronistas de todos los calibres. Quiere funcionar como polea de transmisión y volver a un principio rector del Movimiento, conducción con verticalismo.
«Si no nos podemos juntar, no hay mañana», les dijo a intendentes en San Fernándo, en el norte del Gran Buenos Aires. «Una vez con los pies adentro del plato hay que discutir, negociar y lograr un acuerdo amplio», agregó a sabiendas de que algunos aciertos de la actual administración no podrán ser ignorados, pese al salvajismo y la virulencia verbal de su propagador principal. «Producto – no dejó de autocriticar – de todo lo nocivo que generamos nosotros».
- Imagen destacada, generada con IA y publicada en el portal Voces


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