Opinión Política

Patricia Bullrich defiende el modelo a secas y la familia Menem proyecta el postmileísmo

Si bien Fara rescata lo auspicioso del viaje de Milei a Francia - comparado con la también reciente estadía en Nueva York -, en su columna resaltó otros detalles: Bullrich tiene plan B y Karina desconfía de los herederos de Carlos Menem.

Por Carlos Fara

Seguramente Javier Milei recordará esta pasada semana con la misma nostalgia que cuando la pronunció Humphrey Bogart en la tan mentada “Casablanca”. Algo así como, en el medio de tantas dificultades, no olvidará momentos maravillosos: anuncios de inversiones, recepción de Emmanuel Macron, la pregunta del francés sobre cómo hizo el ajuste y mostrando que pudo acarrear a la mayoría de los gobernadores de su país para mostrar el consenso político que tiene su modelo. En la ciudad donde estalló el 14 de julio de 1789 la pasó mucho mejor que en la Gran Manzana de anticristos como Axel Kicillof y Zohran Mamdani. Curioso: disfrutó de más mieles en un continente que “se está hundiendo” y no en la capital mundial del más agresivo capitalismo financiero.

Pero ¿los anuncios de inversiones no lograrán cambiar el mal humor predominante en la Argentina? No, porque anuncios positivos siempre hubo, y por muy reales que sean, no modifican el corto plazo. Les pasa a todos los gobiernos: aplausos externos que pasan desapercibidos en lo interno. Es mejor que existan, pero no cambian el viento. Son todas noticias de impacto a largos intervalos, para una ciudadanía arraigada al brevísimo lapso.

El Javo esta semana les habló con la expectativa y le respondieron con el bolsillo, como siempre sucede. Los mercados financieros no consumen novelas románticas, sino que son más proclives a creer en las distopías (como sucede a nivel mundial en la literatura). En toda la región subió el riesgo país, pero en Argentina creció más en términos absolutos. Un “show me the money” aplicado a un país: no queda claro que el gobierno tenga una “bazuca” para enfrentar corridas cambiarias en pleno año electoral. Pero eso el Central se despertó y volvió a comprar dólares con más entusiasmo.

¿Es Axel el Anticristo que no le podrá ganar al león, según Toto (Luis Caputo)? Su pasado lo condena por decisiones como la estatización de YPF. Pero hay gente que cree que hasta el demonio puede cambiar. Por eso se destacó la presencia del inefable José Luis Manzano en la reunión con financistas en NYC. Pero hubo otro personaje más, lo cual indica que hay más de uno que se quiere poner el traje de exorcista: Javier Timerman, del fondo Adcap. Éste contó que el desempeño del gobernador no estuvo mal, y que hasta dio fe de moderación respecto a la bendita emisión monetaria desmedida. Después de todo, el año 2015 – último año de Cristina presidenta -, habría tenido una inflación del 28 % según el índice Congreso (ya que el INDEC estaba manipulado). Es decir, algo semejante al que va a tener este año el huracán Milei.

Los brokers financieros – ayudados por sus analistas políticos – son memoriosos, como Mirtha Legrand. En 2019 hubo un debate entre dos miedos: el regreso de Cris vs. el miedo al ajuste de Mauricio Macri. Ganó este segundo y la reina impuso la ilusión de una moderación de la mano de Alberto. ¿Empezamos a parecernos a ese escenario? Aún estamos lejos, pero estamos más cerca que hace 6 meses, y la inercia de la mayoría social no está ayudando a disipar temores, sino todo lo contrario.

Una muestra de eso es el nuevo registro del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella. En 10 meses post elección tuvo solo 2 subidas y 8 caídas. Es la peor marca de estos 33 meses de mandato. De los cinco indicadores que componen el índice, la evaluación general de gobierno es uno de los dos que más descendieron. El peor, como en todo el período Milei, es la preocupación en el interés general (léase, falta de empatía / sensibilidad), que se hundió al doble del índice global. De todos modos, está mejor a esta altura que Alberto y Mauricio, pero lo importante es la tendencia, más que la comparación con períodos anteriores, enterrados en la memoria colectiva.

En este marco, Hada Patricia (Bullrich) no pierde oportunidad de diferenciarse, como hizo en el coloquio de IDEA, escenario que le quedó exclusivo como vidriera. Más allá de eso, las conflictivas relaciones dentro de la mesa política le sirven mucho, ya que, si se traba algo, culpará a la falta de coordinación interna. Por ejemplo, tiene diferencias estratégicas con el Colo (Diego Santilli), quien está obligado a jugar de doble agente entre Karina y los dialoguistas. Si la senadora tiene plan B, como afirma en la intimidad y cree la hermanísima, entonces necesita que PASO o PAS. ¿Es cierto que “el jefe” empezó a desconfiar un poco de los primos Menem, pero que se muestra resignada porque “no hay otros”? Los herederos de Carlos trabajan en un “posmileísmo”, más que en la fuerza del presidente.

Agotada la puja por Malvinas con el Reino (des)Unido, el gobierno quiere volver a reforzar uno de sus hits: la mano dura en seguridad. Después da peleas para sacar un empate, como en la cuestión de discapacidad o de morosos, pero no tiene mucho más para ofrecer, salvo anuncios rimbombantes que no mueven el amperímetro. Debería hacer una fuerte reingeniería política, la cual está muy condicionada por la restricción fiscal cada vez más acuciante, como le marca el FMI.

Otro que tampoco está mostrando muchas variantes ofensivas en el cristinismo. Máximo sigue buscando instalar una eventual candidatura de su madre, y se pegó una vuelta por San Juan convocado por Sergio Uñac (uno de los tantos aspirantes alentados por la jefa). Axel no mandó representantes (¿olió una trampa?), ni gastó balas respondiendo provocaciones: solo se diferenció de Milei. Mientras, Martín Lousteau dijo: “vamos todos juntos, que juntos somos más”. ¿El PRO junto con Myriam Bregman y Cristina? ¿La Biblia al lado del calefón? ¡Qué imaginativo!

Entramos en un poderoso mes electoral internacional de acá al martes 3 de noviembre, el cual tocará especialmente a la Argentina y al presidente. Si fuésemos un país normal, dichos eventos pasarían por una reflexión sobre la geopolítica mundial y regional. Pero como no lo somos, vamos a contar cada voto como si los comicios fueran acá. Dependemos demasiado de que una cigüeña venga de París.

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