Morir sin forma para volver a jugar con Dios y las reglas del diablo
La vida a veces es algo tortuosa, y Frankenstein lo sabe. Haciendo caso omiso a los que se burlaban de él, comenzó a padecer con la pérdida de su brazo. Sufriendo como San Lorenzo, primer diácono de la iglesia en Roma (en tiempos donde el Imperio era politeísta), al que se ve en la imagen sosteniendo una parrilla. Para terminar de aclarar: Fue quemado.










