Por Rodrigo Carrizo Couto
De retorno a Suiza he pensado mucho en este reciente viaje a Buenos Aires y tengo ganas de comentar algo muy personal…¿Qué es lo extraordinario de Argentina? No es el tango. No es la carne. No es el fútbol. No son los paisajes. Lo extraordinario de Argentina son los argentos…
No conozco otra sociedad donde la gente sea tan abierta, tan bien dispuesta a los encuentros, a la charla y al otro como ésta. La facilidad con la que se establece el dialogo es asombrosa. Con el taxista, con la camarera, con el segurata, con el tipo en la barra del bar, con la directora de un museo, con el florista de la esquina y con la violinista de la Filarmónica. A la tercera vez que vas a un bar ya te llaman por tu nombre de pila y te dicen «Maestro». Supongo que el hecho de ser un puerto construido por inmigrantes hace que la gente viva en una cultura de apertura al otro constante. Pero es solo una hipótesis…
Se puede argumentar que una ciudad como Madrid también es muy abierta, y es cierto. Pero la diferencia con los argentos es a un nivel de «profundidad» de dialogo. Debe ser la cultura del psicoanálisis…o algo que les echan en el mate. Lo ignoro. Pero no existe el «small talk». A los dos minutos ya te están hablando de la vida sexual de la abuela llegada de Italia, del sueldo que no les alcanza o de los problemas con el marido. Es algo asombroso…
Lo otro que me deja perplejo es la espontaneidad, la capacidad eterna para improvisar sobre la marcha cualquier cosa. Conoces de casualidad a dos tipos a las 20 horas y terminas con ellos en un after a las tres de la mañana. Reuniones de media hora que se prolongan hasta la noche. Charlas nocturnas que duran siete horas (literalmente) y que dejan perplejos a los visitantes.

En una cena privada a la que fui asistieron amigas de Bélgica y Suiza. Me preguntaban asombradas: «¿Pero de qué coño pueden hablar ustedes hasta las cuatro de la mañana???» Y lo preguntaban en serio: entre fascinadas e incrédulas. Y lo entiendo. Aquí algo así es bastante inimaginable. Vivo en un país donde los amantes se dan cita con tres semanas de anticipación, y los amigos íntimos con dos meses. O sea que imagina cómo ven ellos la locura social pampeana…
Podría extenderme mucho en un post que nadie va a leer. Pero creo que la idea queda clara. Son «revelaciones» tardías, que me costó muchos años asumir. Pero que al fin han llegado…
- Fuente: nota en las redes sociales del autor Carrizo Couto, quien también escribe artículos en El País, de España
- Imagen destacada, El boliche de Roberto, de C. Couto


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