Política

Nueve meses de Cambiemos: Macri aún no consiguió que aprueben su gestión

El método de “ensayo y error” – como aceptan funcionarios del gobierno - no le ha permitido a Mauricio Macri, conseguir aún el sello de “aprobado” a su gestión.

El método de “ensayo y error” – como aceptan funcionarios del gobierno – no le ha permitido a Mauricio Macri, conseguir aún el sello de “aprobado” a su gestión. La administración de Cambiemos (con una pata radical que renquea y el rígido y atento control de “Lilita” Carrió) se vanagloria no obstante, al cabo de 9 meses, de mostrarse como la antítesis al “relato” vigente entre 2003 y 2015, bajo las improntas de Néstor Kirchner, fallecido en 2010, y Cristina Fernández.

Por un lado, a un ritmo frenético y con el apoyo de la oposición peronista no K, Macri logró salir del cepo cambiario, concluyó la pelea con los “fondos buitres” en los tribunales de Nueva York, bajó retenciones al agro y a la minería y consiguió permiso para endeudarse, venia mediante de gobernadores e intendentes de distinto signos partidarios, en especial del Justicialista.

Pero algo que había afirmado se esfumó en el aire: mientras se aguarda el resultado del “blanqueo”, no hubo lluvia de inversiones en dólares después del primer semestre. Además, el desempleo aumentó al 9,3 por ciento (hay un millón y medio de desocupados), creció la pobreza y el clima social empezó a

caldearse por la carestía de la vida y la falta de competencia de los CEOs a la hora de fijar las nuevas tarifas, en especial del gas.

Entre marchas y contramarchas (por caso, Macri tuvo que revisar un decreto por el que nombraba a dos nuevos miembros de la Corte y los sometió antes de su aprobación, al trámite parlamentario de rigor), uno de los principales asesores de la Rosada, José Torello, admitió en la intimidad que los capitales extranjeros desembarcarán en el país sólo después de observar la conducta de los argentinos. Esperarán comprobar si la nueva coalición es ratificada en las urnas en las elecciones de medio turno de 2017. Elemento clave para mantener la gobernabilidad a largo plazo. Porqué hasta aquí, es evidente que Sergio Massa, el líder del Frente Renovador, facilita con picardía las iniciativas macristas y que autoridades del peronismo, entre otras el jefe del bloque de senadores del hoy maltrecho FpV, Miguel Pichetto, discrepan públicamente con las desafiantes “marchas de la resistencia”, a la que dirigentes del PRO atribuyen intenciones desestabilizantes.

La CGT logró una recomposición tripartita. Criticó sin romper, luego de que el gobierno le devolvió millonarios fondos de obras sociales. Y demoró la adopción de medidas de confrontación drásticas. En paralelo, organizaciones de izquierda que se concentraron en el centro porteño los primeros días de septiembre, respondieron a la prédica de los dos mandamás de la CTA, Hugo Yasky y Pablo Micheli, quienes auguraron una huelga nacional para antes de fin de año. Pidieron unidad para enfrentar al neoliberalismo. Ahora, deberán convencer a los que, como Hugo Moyano y Antonio Caló, dieron un prudente paso al costado.

Según pudo saber “Humanidadnyr.com” de boca de un metalúrgico capitalino, los sindicatos no machacarán con la reapertura de las paritarias (algo rechazado por Marcos Peña, coordinador de los ministros macristas), pero si exigirán un bono en noviembre que compense el desfasaje inflacionario, que estará en el orden de los 8 puntos.

Nuevos vientos

Está claro que en la región soplan nuevos vientos políticos. Cayó el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil; Nicolás Maduro está jaqueado en Venezuela y el candidato de Cristina, Daniel Scioli, perdió frente a Macri, en reñidas elecciones de segunda vuelta, en noviembre pasado. El cuadro es complejo, pues todavía hay gobiernos progresistas en Bolivia, Ecuador y Uruguay. Con claros matices y nubarrones en el horizonte.

La inclinación de Macri a recomponer relaciones con Estados Unidos y Europa, sin menospreciar el aporte de China a la que visitó días pasados, le ha valido elogios. Por ejemplo, la del decisivo presidente de la primera potencia, Barack Obama.

Pero también, cuestionamientos implacables, como los del ex juez de la Corte Eugenio Zaffaroni, quien en una reciente charla llamó a organizarse popularmente porque existe una tendencia mundial “a privilegiar a un tercio de la población y desechar a los dos tercios restantes”. Abogó por reducir la inequidad y la desigualdad y denunció que el 60 por ciento de las ganancias producto del narcotráfico se quedan en los Estados Unidos.

Mucha de la comprensión y tolerancia hacia Macri, quien ganó democráticamente frente a Scioli, encuentra explicación en los

escándalos de valijas y enriquecimientos nada santos en que se hayan involucrados exponentes del kirchnerismo.

El vicepresidente de Bolivia, el socialista Álvaro García Linera, no minimizó la cuestión. Dijo que, como hace el capitalismo, no se debe utilizar lo público para lo privado beneficiando a los amigos. “Eso es inadmisible. Para un proyecto universal y moral, puede ser políticamente catastrófico democratizar la corrupción”.

Los problemas para el macrismo son múltiples, porque la idiosincrasia argentina está acostumbrada, entre otros factores, a las crisis económicas, la “maldita policía” y las mafias enquistadas en los organismos de inteligencia y en la Aduana.

Para el consultor Jaime Durán Barba, el macrismo debería influir sobre “la gente normal” a través de las redes sociales, y dejar en segundo plano a los informados y al “círculo rojo” que viven según su expresión en una realidad “absurda”.

“Si un candidato dice un disparate sobre cómo pagar la deuda externa, tal vez no pierda votos, porque es complicado, pero si el candidato – asegura – adopta un perro y lo patea y sale en Facebook, pierde las elecciones”.

Desconfiado de Massa, Durán Barba apuesta al carisma de la gobernadora María Eugenia Vidal, y al no carisma de Horacio Rodríguez Larreta, como continuadores de Mauricio, quien en varias ocasiones manifestó un cansancio tempranero.

Vidal le contesta a Durán Barba que no hay que apurarse. “Como Mauricio, no voy a mentir. Va a llevar bastante tiempo hasta que la gente se sienta segura”, declaró a raíz de “los palos en la rueda” que cree le están metiendo en la provincia de Buenos Aires, sectores a los que les ha quitado negocios espurios.

Admite “Mariú” que hay un cuadro recesivo y que hay que sincerar muchas variables, la energética una de ellas. De diálogo franco con popes comunales peronistas, y con buena sintonía con Carrió y la ascendente Margarita Stolbizer, del GEN, Vidal, denuncia que “hay un núcleo duro, al que califico de antidemocrático, pero por suerte es una minoría”.

Es que todas las fuerzas políticas son una ensaladera con ingredientes variados, combinables o no. Gremios, empresarios, políticos y dirigentes de fútbol, entre otros, observan donde y cuando pinchar. Y no descuidan los consejos y advertencias que llegan desde El Vaticano.

Malena Galmarini, esposa de Massa, y Verónica Magario, intendenta de La Matanza (un país dentro del país), coincidieron en que el ciclo de Cristina, concluyó el 10 de diciembre. Elegida por Macri como objeto de sus comparaciones, la ex presidente, enfrenta la embestida judicial en su contra y no parece ajena a las construcciones para ofrecer una alternativa en el 2019. Por algo la Argentina es impredecible y su lema es “volveremos”.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.