Carrió: Una aliada central de Macri

La líder de la CC se erige como fiscal de la República después de años de “autoritarismo populista”

 

Fea, sucia y gorda. Feliz en su papel de fiscal, sostén del presidente Mauricio Macri (aunque, advierte, que sus ministros deberán aprender “por las buenas o por las malas” lo que es vivir en una República), la diputada “Lilita” Carrió, se vanagloria de ya no ser vista, y despreciada en consecuencia, por la gran mayoría de los ciudadanos.

La semana que pasó, anunció que se postulará en las elecciones de 2017 (posiblemente por la provincia de Buenos Aires, con el aval de la gobernadora María Eugenia Vidal), como forma de “garantizar la transparencia” y de profundizar la lucha contra el narcotráfico y la corrupción.

“Cada vez que hablo de estas cosas, Macri tiembla, pero me avala”, dijo en medio de un raid mediático, en el que no dejó títere con cabeza, sea del gobierno o de la oposición.

Excusó el grave traspié diplomático en el que incurrió el Presidente al abordar el tema de Malvinas en  las Naciones Unidas, desatendiendo la cuestión de la soberanía, tan cara al sentimiento nacional. Relativizó las declaraciones (luego corregidas y desmentidas por

 

distintas vías) sobre el tenor de lo conversado con  la primera  ministra británica, Theresa  May. Reivindicó en tal sentido el papel  del Congreso: destacó una buena relación con la canciller Susana Malcorra, sin privarse de consignar que su segundo deberá dar explicaciones en la Comisión de Relaciones Exteriores,  por el comunicado conjunto  (de ninguna manera “acuerdo”) firmado entre los dos países, que fueron a una guerra en 1982.

Carrió, líder de la Coalición Cívica, una de las patas de “Cambiemos” (la otra es la Unión Cívica Radical de Ernesto Sanz, con quien tiene una disputa larvada), está al frente de un equipo de investigación que pretende ser parte del aparato estatal, que hoy se asemeja a los agujeros de un queso Gruyere en materia de inteligencia para desarticular vínculos mafiosos.

“Lilita” privotea la cruzada para procesar a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, como jefa de una asociación ilícita. Pretende su encarcelamiento (no sería ese objetivo primordial del PRO que responde al ecuatoriano Jaime Durán Barba)  y recuperar el dinero producto de sobreprecios en la obra pública y los negocios con Venezuela. También le apuntó al ex candidato y gobernador bonaerense, Daniel Scioli. “Lo quiero, pero si es ladrón, es ladrón”, suavizó primero y mordió luego como un rottweiler, según se caracterizó.

El afán moralista de Carrió es abarcativo: “¡al que le toque, le toque!”. En la mira están jueces y fiscales que “durmieron” durante los 12 años del kirchnerismo; barones del conurbano, como el ex telefónico Julio Pereyra, de Florencio Varela; dirigentes gremiales poderosos como “el Caballo” Omar Suárez y el camionero Hugo Moyano; la número dos de la AFI, Silvia Majdalani; el ex jefe de gabinete Aníbal Fernández; el ex ministro Julio De Vido (al que desea ver “en la cárcel para siempre”) y hombres de consulta del propio Macri, como Daniel Angelici, titular de Boca Juniors, y el radical Enrique “Coti” Nosiglia, quien prefiere moverse detrás del telón. Tampoco es santo de su devoción, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. No es menos condescendiente  con la vice Gabriela Michetti: “ella dice que es inocente….eso lo debe decidir la justicia”.

“Lilita” asegura que no romperá con Macri, con el que tiene algunas diferencias, pero también aceitads reuniones para corregir “errores innecesarios”, como la fijación de tarifas energéticas, sin las consabidas audiencias públicas en el orden nacional. Ante Mauricio, defendió la labor de Juan José Gómez Centurión como director de la Aduana. Si bien este fue desplazado, tras una denuncia anónima que blandió la ministra Patricia Bullrich, ya fue reintegrado como asesor en la AFIP, bajo las órdenes de Alberto Abad.

Con Vidal, la relación es “igual de armoniosa”, pues entre otras, le envía sugerencias para depurar las fuerzas policiales y desterrar los métodos “de la vieja política”. Que no es poca cosa, porqué de eso depende la confiabilidad que logre alcanzar la Argentina, aún en espera  de “la lluvia de dólares de inversiones” para reactivar el aparato productivo y las expectativas depositadas hace poco más de 9 meses en una fuerza nueva, no peronista.  Que por estas horas enfrenta la posible huelga general que agita una parte de la CGT para octubre, si es que antes no se concede un bono adicional para paliar la inflación aún incontrolable.


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