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El populismo en Latinoamérica es el protagonismo de los pueblos

Francisco traspasó las fronteras de la Argentina. Y otras también, pero como buen compatriota que (para bien o para mal, según se mire)  abrevó en el peronismo, reconoce que es un “cura callejero” y que de vez en cuando da “patinazos”.

¡Qué humildad! En una profunda entrevista concedida al diario “El País” en el momento que asumía Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Un personaje que puso bajo la lupa al decir que no se “asusta” ni se “alegra” porque verá qué “hace” y “evaluará”, pues siempre se maneja con las cosas concretas.

Humanidad rescató unas pequeñas perlitas de esa nota, que recomienda leer completa.


 

Le tiene miedo a los “anestesiados”

Es maravilloso enterarse que Francisco no cambió su personalidad por el traslado de Buenos Aires a El Vaticano. “Me salió espontáneo… no, acá no hay que cambiar. Cambiar es artificial. Cambiar a los 76 (hoy tiene 80) es superficial”.

“Por ahí – continuó – no puedo hacer lo que quiero, pero el alma callejera está…. dentro de la jerarquía de la Iglesia (obispos, curas, monjes, laicos…) le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. A aquellos que se anestesian con la mundanidad, que claudican. Y eso me preocupa. Que si está todo quieto, está tranquilo, si las cosas están bien… demasiado orden”.

Insistió en una teoría: “A este mundo le falta un punto fijo. Y es precisamente lo concreto lo que te da los puntos fijos. Qué hiciste, qué decididiste, como te movés. Por eso, frente a eso (la asunción de Trump), espero y veo”.

Un defecto de los porteños que subrayó: su lema “no te metás”.

Populismo latinoamerica, Populismo europeo…

 A propósito de los populismos, apuntó que es una palabra “equívoca”, porque en América Latina “el populismo significa el protagonismo de los pueblos, por ejemplo los movimientos populares”.

“Para mí – prosiguió más adelante – el ejemplo más típico de los populismos en el sentido europeo de la palabra es el 33 alemán. Después de (Paul von) Hindenburg, la crisis del 30, Alemania destrozada busca levantarse, busca su identidad, busca un líder, alguien que le devuelva la identidad y hay un muchachito que se llama Adolf Hitler y dice yo puedo, yo puedo. Y toda Alemania vota a Hitler. Hitler no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo. Ese es el peligro. En momentos de crisis, no funciona el discernimiento. Busquemos un salvador que nos devuelva la identidad y defendámonos con muros, con alambres, con lo que sea, de los otros pueblos que nos puedan quitar la identidad. Y eso es muy grave. Por eso digo: dialoguen entre ustedes, dialoguen”.

“¿Las fronteras pueden ser controladas?”, se preguntó. “Sí, cada país tiene derecho a controlar sus fronteras, quién entra y quién sale, y los países que están en peligro – de terrorismo o cosas por el estilo -, tiene más derecho a controlarlas, pero ningún país tiene derecho a privar a sus ciudadanos del diálogo con sus vecinos”.

Escuchar a Francisco es enriquecedor. No elude el problema latinoamericano. “Está sufriendo los efectos de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate del liberalismo económico, de ese que yo condeno”.

La economía liberal mata

 “Esta economía mata. Mata de hambre, mata de falta de cultura. La emigración no es solo de África a Lampedusa o a Lesbos. La emigración es también desde Panamá a la frontera de México con EE UU. La gente emigra buscando. Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias.”

“En Latinoamérica – remarcó – está el problema de los cárteles de la droga, que sí, existen, porque esa droga se consume en EE UU y en Europa. La fabrican para acá, para los ricos, y pierden la vida en eso. Y están los que se prestan a eso. En nuestra patria tenemos una palabra para calificarlos: loscipayos. Es una palabra clásica, literaria, que está en nuestro poema nacional. Elcipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio. Y en nuestra historia argentina, por ejemplo, siempre hay algún políticocipayo. O alguna postura política cipaya. Siempre la ha habido en la historia. Así que Latinoamérica tiene que rearmarse con formaciones de políticos que realmente den a Latinoamérica la fuerza de los pueblos. Para mí el ejemplo más grande es el de Paraguay de posguerra. Pierde la guerra de la triple alianza y prácticamente el país queda en manos de las mujeres. Y la mujer paraguaya siente que tiene que levantar el país, defender la fe, defender su cultura y defender su lengua, y lo logró. La mujer paraguaya no es cipaya, defendió lo suyo. A costa de lo que fuera, pero lo defendió, y repobló el país. Para mí es la mujer más gloriosa de América. Ahí tiene un caso de una actitud que no se entregó. Hay heroicidad. En Buenos Aires hay un barrio, a la orilla del Río de la Plata, cuyas calles tienen nombres de mujeres patriotas, que lucharon por la independencia, lucharon por la patria. La mujer tiene más sentido. Quizá exagero. Bueno, si exagero que me corrijan. Pero tiene más sentido de defender la patria porque es madre. Es menoscipaya. Tiene menos peligro de caer en el cipayismo”.

Fotos con argentinos

 Un capítulo aparte fue el de sus relaciones con la Argentina

papa

El Vaticano se ha convertido de tres años para acá en un lugar de peregrinaje de los políticos de distintos partidos. ¿Se ha sentido utilizado?

Respuesta: Ah, sí. Algunos me dicen “nos tomamos una foto de recuerdo, y le prometo que va a ser para mí y no la voy a publicar”. Y antes de salir por la puerta ya la ha publicado. [Sonríe] Bueno, si le hace feliz usarla el problema es suyo. Se disminuye la calidad de esa persona. El que usa tiene poca altura. Y qué voy a hacer. El problema es de él, no mío. Vienen muchos argentinos a la audiencia general. En Argentina siempre hubo mucho turismo, pero ahora pasar a una audiencia general del Papa es casi obligatorio. [Risas] Después los que vienen acá y que son amigos —yo viví 76 años en Argentina —, a veces mi familia, algunos sobrinos. Pero, usado, sí; hay gente que me ha usado, ha usado fotos, como si yo hubiese dicho cosas y cuando me preguntan, siempre respondo: no es problema mío, no hice declaraciones, si lo dijo él, es problema de él. Pero no entro en el juego del uso. Allá él con su conciencia.

 


Leer más: El espíritu del ateo

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