Política

Desafíos de un nuevo mundo

La importancia de ser perspicaz ante estas construcciones, que requiere un ejercicio constante, recae luego en cómo interpretamos la realidad.

Por “Augusto Missin”

Las vicisitudes de no hacer el camino andar

buenos aires gente

 

Si nos ponemos a hilar un poco más fino, un poco nomás por ahora, encontramos esos términos en otros lugares, distintos de nuestros mensajes, charlas o notas de voz. En primera instancia los encontramos en las redes, gracias a los trolls, a las noticias falsas, a los comentarios de otros usuarios, a nuestro buzón de información cotidiano. No hablamos de un medio de comunicación formal o tradicional, sino un intermediario que se cuela en nuestra vida personal.

virus

 

Pero ese intermediario ya no es tan casual ni irracional como podemos ser nosotros, no habla sin objetivos. Nos encontramos con falsos “amigos”, falsos “artículos” y falsas “opiniones”. Buscan moldearnos, acercarnos clasificaciones cómodas y rimbombantes. Hablar de dictaduras que no lo son y de subversivos que no ponen bombas, como primer paso para terminar instalando el temor al terrorismo “islámico-mapuche-colombiano-narco-subversivo-inserte-a-gusto-su-enemigo-de-moda” en los subtes, trenes y mesas de almuerzo. Un juego perverso de términos que pueden meter miedo, amor, simpatía, odio y adoración sin significar absolutamente nada.

dogma

 

Y, si seguimos hilando fino, llegamos por fin al cuarto poder, al tercer origen de este inmenso sistema de ríos y caudales de información.

¿Qué significa que el mundo de hoy se construya en sus profundidades, no tan profundas, a partir de los medios? Pues exactamente lo opuesto, se desclasifica. Si a un grupo de chicos con autismo, síndrome de Down o retraso madurativo elijo llamarlos despectivamente “retrasados” o, capaz sin desprecio, simplemente hablo de discapacitados, jamás llegaré a comprender sus problemas ni actuar acorde. El mundo de la globalización, y del boletín de noticias “de los últimos 5 minutos” de la BBC, invisibilizan justamente por eso.

hombre

Y al invisibilizar, esconden debajo de un rótulo cualquier diferencia. Todos los sindicalistas pueden ser modelos de representación gremial y colaboración o mafiosos espurios. Todos los políticos son corruptos y mentirosos. Todos los periodistas buscan defender la verdad y la libertad de expresión. Y ahí es donde arrancan las vicisitudes. Hablan para segmentos propios que construyen y expanden, crean actores sociales inexistentes y relativizan la presencia e importancia de otros. Como visibilizar lo que no tiene forma.

mentiras

Como saber qué es más importante: si Julia que fue víctima de un mal servicio de depilación “como muchas de las mujeres de la Ciudad”, “Decapitaciones en Kumari Kamdam”, “Detienen a un sindicalista”, “Sindicalismo y corrupción”, etc. En el final, crean conciencia y logran asociaciones entre términos que inequívocamente llevan a la construcción de sentido. Un sentido que se aleja cada vez más de concepto, se vuelve superficial, chato, manipulable. En un blanco y negro, binario, simple, se esconde a la realidad y se crean realidades manejables.

La importancia de ser perspicaz ante estas construcciones, que requiere un ejercicio constante, recae luego en cómo interpretamos la realidad.

Se nota en la política como, hoy, todos los sectores y candidatos buscan hablarle a realidades y sectores que ellos creen que existen. Pero que con certeza no pueden decir que conocen. Buscan sus segmentos, sus espacios, sus grupos, y les explican. Y luego se creen ellos mismos lo que dicen. ¿Sirve hablarle a los millennials? ¿Sirve hablar del movimiento peronista? ¿Sirve hablar del pueblo trabajador? Quién es quién, ese es el desafío de la política popular. Reencontrarse con las realidades reales, las de todos los días, las de carne y hueso. Con las realidades silenciosas. Sino vamos a terminar construyendo puertos en Santiago del Estero.

gente distraida

Porque no solo es el problema de la realidad el que nos enfrentamos. Nos debemos la solución a esa realidad que grotescamente y por desborde nos inunda con su desigualdad, obscena, triste, dolorosa. Hoy la política no resuelve, porque no se pone a pensar ni siquiera a quien le tiene que resolver qué. La sociedad se frustra en esa lentitud de la política, se aleja, se encierra en las comodidades de la modernidad, que no llegan a resolver nada; por el contrario, solidifican la situación. No sirve hacer camino al andar, porque hace 40 años que el mundo no sabe hacia dónde ir; cómo resolver las crisis de la economía, las desigualdades del sistema, la miseria social. Hay que sentar el traste por un segundo y no pensar en manejar el descarrilamiento, sino en resolverlo. Si la alternativa de la esperanza es mantener el camino, repetir fórmulas que parecen exitosas y confiar en ojos que nunca nos confiaron nada al resto, no resignamos el poder, resignamos la voluntad de cambio.

 

El joven autor, con su pseudónimo, colaboró en esta nota de opinión a Humanidad.com.ar

 


Leer más: El humo de la política

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