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De las acusaciones a la conciliación

“Muchachos, si el pueblo está contento porque el Papa es argentino, ¿cómo no vamos a acompañar esa alegría, si somos peronistas? [...]

El martes pasado se cumplieron cinco años del papado de Francisco, el arzobispo jesuita llegado a El Vaticano desde “el fin del mundo”. Su ejercicio pastoral tiene derivaciones mundiales, hasta en la Argentina de la “grieta” unió a oficialistas y opositores en una carta en la que se le profesa “admiración” por su “obra a favor de la Humanidad, en particular de los excluidos” y la “firme defensa de la Tierra frente a la devastación que sufre”.

Uno de los colaboradores de humanidad.com.ar era por ese entonces el columnista político del diario “Río Negro”, y en ese carácter escribió la nota que se publicó el domingo 17 de marzo de 2013 y se reproduce a continuación:

“¿Cómo no acompañar si somos peronistas?”

El país y el mundo vieron la designación del primer papa argentino y latinoamericano. La impronta austera y sencilla de Francisco, a favor de los pobres, signará un cambio geopolítico. Como señal de conciliación, Cristina viajará al Vaticano junto a Lorenzetti y Alfonsín.


 

“¡En este país está pasando algo!”. Como si observara un milagro, el joven quiosquero de un local de Barrio Norte paralizó sus ventas y se concentró en la noticia que difundía la televisión, con carácter de urgente: “(Jorge Mario) Bergoglio es el nuevo papa” de una Iglesia en proceso de restauración y que tiene unos mil doscientos millones de fieles diseminados por el planeta.

El comentario hizo girar las cabezas de los ocasionales clientes, que reaccionaron con gran sorpresa y conmoción, igual que todos, incluidos los sectores políticos sin capacidad para tomar dimensión en un primer momento del significado del encumbramiento de Francisco, el primer santo padre de Argentina y Latinoamérica, “el continente de la esperanza”.

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Francisco, máxima autoridad de la Iglesia Católica

“No hay que caer en la imprudencia de argentinizar este magno acontecimiento como si nos estuviésemos mirando el ombligo. Hay que darle su trascendencia universal y de paso movilizarnos hacia una conciliación interna”, deslizó a  un estrecho colaborador del hasta el miércoles arzobispo de Buenos Aires y figura que había mantenido una relación en exceso conflictiva con el matrimonio Kirchner.

“Muchachos, si el pueblo está contento nosotros tenemos que estar contentos. Si el pueblo está contento porque el papa es argentino, ¿cómo no vamos a acompañar esa alegría, si somos peronistas?”. Con estas palabras, luego de la bajada de línea de la presidenta Cristina Fernández, el secretario de Comercio Guillermo Moreno apagó murmullos negativos de militantes K que, cerrados a otros criterios, se quedaron en la “chiquita” de pensar a Bergoglio como “el jefe de la oposición”.

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Guillermo Moreno, Secretario de Comercio durante el kirchnerismo

En el oficialismo, la novedad incomodó al principio. Se reflejó en la postura de las bancadas del Frente para la Victoria, que dejaron de lado el “vamos por más” y se fueron inclinando hacia la recomposición luego de conocerse el muy formal mensaje de felicitación de Cristina y las posteriores palabras de aliento desde Tecnópolis. Tras ello se confirmó el viaje a la ceremonia del martes en el Vaticano, con una delegación que comprende, entre otros, al titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti, y al excandidato radical Ricardo Alfonsín. No se debe dejar de anotar que por su lado irán el líder del PRO, Mauricio Macri, y el dirigente socialista Juan Carlos Zabalza, en representación de Hermes Binnner.

Pero, aun así, se mantuvieron algunos cuestionamientos por el supuesto comportamiento de Bergoglio durante la dictadura militar y las supuestas intenciones conspirativas, expuestas por el expiquetero Luis D’Elía, en el sentido de que se está frente a un “nuevo intento del imperio por destruir la unidad suramericana”, en la que son actores centrales, además de Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Uruguay.

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Presidentes latinoamericanos del momento en el 2013

Sin embargo, con el paso de las horas hubo un sosegado replanteo y surgieron voces kirchneristas y de los organismos de derechos humanos que neutralizaron las desmesuras. El vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, destacó “el compromiso social del compañero Bergoglio” y vaticinó que, como Francisco, colocará a América Latina en un lugar “trascendente, ahora que Europa anda a los tumbos y el capitalismo no tiene la hegemonía de antes”. Aceptó la existencia de “diferencias coyunturales” sin dejar de referenciar a Francisco en el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, lo que luego provocaría una declaración de rechazo del premier inglés David Cameron.

Julián Domínguez, cabeza justicialista de la Cámara de Diputados, manifestó su “extraordinaria alegría” y Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de la Paz 1980, lo defendió del embate de Horacio Verbitsky: “No fue cómplice de la dictadura, aunque le faltó el coraje para acompañar nuestra lucha en los momentos más difíciles”. La respetada Estela Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, encuadró a Bergoglio en el contexto de una Iglesia “entintada y oscura” y le pidió un mea culpa, sin dejar de abrirle crédito para su tarea pastoral de envergadura.

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Estela de Carlotto, una figura destacada por los DDHH en Argentina

La exculpación principal vino desde Munich. Francisco Jalics, uno de los dos jesuitas secuestrados y torturados en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en 1976, dijo que el asunto para él estaba cerrado. “Me he reconciliado con el pasado, celebramos juntos una misa y nos abrazamos solemnemente”.

Alicia Oliveira, amiga de “este curita sencillo, bueno, peronista y de San Lorenzo”, afirmó que Bergoglio “no entregó a nadie”. “Estaba preocupado por ellos, les pidió que se fueran (a Jalics y Orlando Yorio, éste fallecido en el 2000) y lo que se le reprocha es no haberlos protegido lo suficiente”.

El viernes, cuando el proceso de acercamiento estaba en marcha, Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, también se encolumnó con el flamante papa. Contó que, en secreto, el obispo de Buenos Aires había rezado por el restablecimiento del comandante Hugo Chávez y rescató su militancia durante el sangriento régimen militar. Aventurar cómo será el diálogo de aquí en más y cuánto influirá en las legislativas de octubre es muy arriesgado. Lo cierto es que el nuevo papa, tras la también sorpresiva renuncia de Benedicto XVI, estará muy ocupado en el reordenamiento de la curia, cuyo edificio tembló por los escándalos sexuales y financieros.

 


Leer más del autor: En Cambiemos, los radicales piden pan…

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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