Análisis Política

Hoy un juramento…

Lo que no se tolera en la moral es aceptable en política. Para Miguel Pichetto, quien irá de vice de Macri, "la traición es un punto de ruptura con el pasado".

“Ustedes, dennos a Frankestein, que nosotros, le ponemos el cerebro y lo hacemos andar”, propuso un legislador del PJ a empresarios en las jornadas previas a la crisis institucional de 2001, cuando el entonces senador Remo Costanzo, era el jefe político de Miguel Pichetto.

El mismo Miguel Pichetto quien con toda una trayectoria en el Justicialismo (pese a la errónea apreciación que le atribuyen los que fueron engañadores y ahora se sienten embaucados), hoy sirve de soporte como escolta para que Mauricio Macri, intente una reelección como Presidente, enfrentando a la mayoría peronista encolumnada detrás de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

¿Quién será Frankestein?, podría ser una de las cuestiones. ¿O  la deslealtad?, tan en boga, salvo por el 17 de octubre, día que recuerda la gran movilización popular que rescató a Juan Domingo Perón, de la cárcel. Sirvió esa fecha, entre otros puntos de partida, para inaugurar un movimiento obrero y multiclasista, que puede oscilar de derecha a izquierda, pasando fugazmente por el centro. Tal es la rapidez con la que pasa el péndulo por el medio que nunca ensortijan personajes como Roberto Lavagna o Juan Manuel Urtubey.

“Es un traidor. No es peronista”, se descalifican entre sí. Podríamos elaborar una agenda telefónica encuadernada como las de antes: Italo Luder, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, los hermanos Rodríguez Saá, Ramón Puerta, Isabel Martínez, Augusto Vandor, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Sergio Massa, Amado Boudou, Diego Bossio, Julio Bárbaro, Diego Santilli,, Rogelio Frigerio, Alberto Pierri, Emilio Monzó, Cristián Ritondo, Amado Boudou, Graciela Camaño, Matías Lammens, Alberto Fernández, Axel Kicillof, Alberto Assef...y así hasta llenarla. Habría que preguntarle al analista Jorge Castro qué diferencia a los hombres de partido del presente con los de antes, con el creador vivo, en un mundo que sobrellevaba otros avatares internacionales. No lo entienden los argentinos, tampoco los embajadores de las principales potencias.

Bossio y Massa rebobinaron hacia AF-CK

Una anécdota referida por el intendente de General Roca, Martín Soria, a Humanidad, pretendía pintar de cuerpo entero, en forma despectiva, a Pichetto. Contó el hijo del asesinado “Gringo” Soria, que cuando le reprochó al senador su apoyo legislativo a las iniciativas del macrismo, éste le contestó: “Pibe, hay algo peor que la traición…el llano”.

Poniendo al margen la utilidad que pueda ofrecerle a Macri “el patriota” oriundo de Banfield, para lograr la continuidad de “la República y la democracia” contra lo que él mismo definió como “un autoritarismo populista que vaya a saber donde nos puede llevar”, es bueno detenerse en sus últimas declaraciones periodísticas.

Uno podría poner en duda la frase atribuida por Soria. Pero el propio Pichetto, quien pasó por el menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo, por un tubo ascendente, aclaró brutalmente su peculiar pensamiento, después de haber comparado en su momento al ex vicepesidente Julio Cobos, con “Judas”, por el voto negativo decisivo que hizo caer las retenciones al campo en 2008, contra la voluntad de Cristina.

“La palabra traición a nivel popular puede implicar un desvalor, pero en política es un mirar hacia adelante y tratar de cambiar las cosas”, sostuvo.

Aseguró no tener compromisos, en esta coyuntura, con Roberto Lavagna, Sergio Massa, Juan Schiaretti ni Juan Manuel Urtubey, los que hicieron implosionar Alternativa Federal, la variante de los llamados “peronistas democráticos y racionales”.

Puesto en el rol de estadista y garante de la gobernabilidad, Pichetto defendió las bondades del capitalismo moderno, lo que explicó su viaje a Washington, junto en un tramo con su amigo del PRO, Federico Pinedo y sus denuestos (que al parecer volcaba solo puertas adentro durante 12 largos años) al kirchnerismo de izquierda.

Si se venía la polarización, para qué caminar en una avenida del medio inexistente, expuso. “La traición siempre es un punto de fractura con el pasado. No es un concepto depreciado y degradante para mí. Los acuerdos se hacen con los diferentes”.

El ofrecimiento a Pichetto, se produjo luego de un sondeo de Macri a Urtubey y de la insistencia ante el ex senador radical Ernesto Sanz, quien “no tuvo la vocación de aceptar”, según confirmó el titular de la UCR, Alfredo Cornejo, uno de los que le dio la “bienvenida” a Pichetto al nuevo Juntos por el Cambio.

Un desvalor moral, puede no serlo en política. Al menos para el senador Miguel Pichetto, quien justifica "la traición" como "un acto de ruptura con el pasado".
La coherencia del peronismo de centro

El senador, que ahora se aleja del bloque de peronistas federales, sostiene que no lo anima “el odio ni el rencor”, aunque hizo notar que “el partido al que pertenecí durante mucho tiempo nunca me miró”.

Lavagna, tan intransigente al mantenerse equidistante de Cristina y Macri, solo mencionó su “sorpresa” por el hecho de que Pichetto se haya ido como vice del Presidente y Massa, refugiado en el kirchnerismo. “Es cosa de ellos, nosotros mantenemos la coherencia y la conducta”, dijo con una dosis de suficiencia

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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