Periodismo

Un favor de varias toneladas de papel

El periodista Miguel Bonasso, recrea historias apasionantes del director de Crónica, "el Gallego" Héctor Ricardo García, fallecido el 29 de junio pasado.

En esta segunda entrega sobre historias fantásticas del fundador del diario Crónica, Héctor Ricardo García – y desconocidas hasta el día de su muerte, el pasado 29 de junio -, el periodista Miguel Bonasso, se refiere a la ayuda que recibió de su fraternal colega, que no era militante ni simpatizante del peronismo revolucionario.

Por Miguel Bonasso

No había celulares como ahora, así que el Gallego Héctor Ricardo García le pidió el teléfono al tipo del restaurante y ahí nomás, acodado sobre el mostrador de “La Raya”, entró a putear como loco:
__No me rompás las pelotas, pibe, “Noticias” lo titula hoy mejor que nosotros. Y ¿sabés por qué? Porque adentro va una información grosa sobre la salud del General. ¿Me entendés lo que digo?
Y me miró como diciendo: “si no los cago a pedos estos salames no se avivan”.


Cuando nos sentamos pensé que se le iban a atragantar las mollejas, pero por suerte se le había pasado el enojo.
__¿Viste lo que es esta parrillada? ¿Habías estado acá?.–Me preguntó enarbolando el tenedor.
__No, Héctor, es increíble esta parrilla. Pero no putees más a los compañeros porque nos van a odiar.
__No les viene mal. De vez en cuando un rapapolvo no les viene mal.


Cuando empuñó la copa de vino, sereno y contento, me animé a contarle porqué lo había llamado en esta ocasión. La alianza contra la Secretaría de Prensa “embrujada” por Lopecito estaba dando resultado, pero yo quería probar con un pedido concreto y pesado. Si aceptaba y se jugaba, iba a constituir un importante avance en la alianza que estábamos consolidando.


__Gallego, necesitamos un gran favor.
Alzó los ojos y me miró con curiosidad y un comprensible grado de inquietud; al cabo él sabía perfectamente quienes eran los accionistas secretos del diario “Noticias”.
__Gallego, tenemos problemas de papel. No logramos conseguir un cupo del importado de Finlandia, que es el más barato y nos vemos obligados a comprarle a Celulosa el papel nacional que usamos, ese tan blanquito…
__...un lujo al pedo.__Me interrumpió.
__Exacto, el diario está bello como una revista, pero nos cuesta un ojo de la cara. Es evidente que nos están tirando a matar. ¿Vos tenés un remanente que nos puedas vender? 
Se frotó la barbilla y largó sin vacilar:
__¿Cuántas toneladas necesitarían?


Tenía el dato anotado que me habían pasado los dos cracks que manejaban la administración: el Chachovsky y el Goyito Levenson.
Volvió a rascarse la barbilla y antes de atacar un extraordinario cacho de vacío, asintió.
__Si. Puedo. ¿Adonde te mando las bobinas?

Alcé la copa y brindé en su honor.
__¿Cuánto nos saldría?
Hizo un gesto como espantando una mosca.
__Lo mismo que a nosotros chabón, mi negocio es vender noticias no papel.
Me emocionó, por eso lo cuento ahora, en este gélido 2019, en el que la solidaridad entre colegas periodistas parece haberse ido por el drenaje. En el hirviente 1974, donde se cocinaba la Triple A, ese gesto solidario con el diario de los Montoneros podía costarle la vida. Y él no era ni militante, ni simpatizante, sino un periodista fraterno, un empresario exitoso del periodismo que admiraba como nos jugábamos en cada tapa.

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