Cultura

Inolvidable varón

El fugitivo que se convirtió en un santo popular; el hombre que se hizo leyenda.

Por Lucía Duarte

“Correntino hasta la muerte
Dios bendiga tu valor,
alumbrando en cada rancho
la bondad de tu favor”

15 de mayo de 1928. Mburucuyá, Corrientes.
Nace Isidro Velázquez, hijo de Tomasa Ortiz y Feliciano Velázquez. Uno de 22 hermanos, quienes desde pequeños ya aprendieron cómo es la dura vida del campo y cómo sobrevivir en el monte, cosa que posteriormente lo ayudaría en sus años de fugitivo.
En época de cosecha la familia decidió mudarse al Chaco, donde la historia comenzaría a darle forma a la leyenda de Isidro Velázquez.

En 1961, Isidro vivía en la localidad de Colonia Elisa en el Chaco con sus cuatro hijos y su esposa. Él y su hermano Claudio -su primer cómplice de andanzas- decidieron quedarse en la provincia, mientras que el resto de la familia Velázquez regresó a Corrientes. 

 

“Acusado de injusticias
perseguido sin descanso”

A pesar de tener varias causas en su contra, varias de ellas ciertas y otras inventadas, ninguna de las mismas fue la cual inició la problemática en cuanto a los hermanos Velázquez. Todo comenzó en 1952 cuando alguien denunció a los hermanos por el hurto de unas rejas de arado. Según testificaron ellos, se debía a una deuda impaga por parte del dueño y ellos debían cobrársela. 

Luego de esto se comprobó que Claudio había cometido otros delitos de robo, por lo tanto se alargó su sentencia. Fue después de cumplir su condena que el acoso policial empezó a aflorar.

Un día, un hacendado del lugar denunció que Isidro y Claudio habían irrumpido en su propiedad para cazar ñandúes, ya que encontró su alambrado cortado y dos cadáveres de dichos animales. Cuando el sargento Selinger -quien supo ser amigo de los hermanos Velázquez- fue a hacer el peritaje dio con que quien había cortado el tejido era una persona zurda, y lo que él no sabía es que Isidro era zurdo. Este fue suficiente motivo para llevarlos a la comisaría y castigarlo duramente.

En total hasta el año 1961, Isidro contaba con tres causas abiertas por hurto, que muchos vecinos alegaban que las mismas eran inventadas y defendían la dignidad de Velázquez a capa y espada.
Era tal la persecución que se creó un estigma alrededor del dúo, y desde entonces por cada cosa problemática que sucedía en el pueblo, la culpa recaía en Isidro y Claudio. Es por esto que los hermanos decidieron internarse en el monte, escapando de las cuadrillas que los perseguían sin descanso.

Ya para ese entonces Isidro tenía en su haber una abultada lista de “crímenes” adjudicados; robos de bancos, secuestros, asesinatos. Se decía que era la mismísima Sociedad Rural Chaqueña la cual quería atraparlo, puesto que Isidro era el vivo ejemplo de un trabajador que daría hasta la propia vida por defender su honor e inocencia. Para las fuerzas policiales chaqueñas, Velázquez era casi una obsesión; con sus escapadas monumentales dejaba en evidencia la ineficiencia policial, lo cual sólo empeoraba su situación.

Era 1962 cuando Claudio Velázquez moría abatido por la policía chaqueña luego de un enfrentamiento por el robo de un almacén en Costa Guaycurú, donde también murió otro hombre. Al principio se creyó que los cadáveres que allí yacían eran los hermanos Velázquez, pero posteriormente se descubrió que sólo fue Claudio quien había caído.
A partir de ese momento Isidro no fue visto por un largo tiempo hasta su regreso en 1964 con un nuevo compañero de andanzas: Vicente Gauna.

A pesar de haber regresado tras una larga ausencia, el fervor de atraparlo no cesaba. Es por esto que a su regreso, Isidro y Vicente se escondieron dentro de una comunidad toba, quienes los protegían y trataban como uno más de la tribu.

800 efectivos policiales, 99 millones de pesos y 1 tiro.
El “Operativo Fracaso”, como tal lo denomina su nombre, fue una emboscada que no pudo ser. Justo cuando creían tener a Velázquez, con el agente Juan Ramón Mierez apuntándolo, un tiro fue directo al pecho de dicho policía matándolo en el acto. Aquí es cuando la “venganza” comenzó a prepararse.

 

“Salió del monte seguro
que tanto lo cobijó.
Para caer traicionado
sin entregarse vencido
allá en Pampa Bandera
que cuantas veces cruzó…”

“Operativo Silencio”. Así llamaron a la segunda emboscada contra Velázquez y Gauna. En vez de seguir utilizando las mismas maniobras, esta vez recurrieron a la traición. La maestra Leonor Marinovich de Cejas y el cartero Ruperto Aguilar fueron utilizados para tal fin. Torturados y luego bajo la amenaza de muerte y pérdida de trabajo, los dos se vieron obligados a llevar a cabo tan sucia tarea.

 

“La pólvora entre los huesos
se hizo ceniza en dos pechos bravos”

La noche del 1 de diciembre de 1967 camino a Pampa Bandera iban en un Fiat 1500 Leonor Cejas al volante, Ruperto Aguilar como copiloto y atrás, Isidro Velázquez y Vicente Gauna.
Alrededor de las 20:25 pararon cerca de un puente, donde había aproximadamente 40 miembros de la Policía escondidos por todas partes y fuertemente armados. La maestra y el cartero bajaron con la excusa de un problema en el vehículo e inmediatamente una lluvia de balas cayó sobre Velázquez y Gauna. 

Vicente Gauna murió acribillado dentro del auto; no así Isidro, quien ofreció resistencia e hizo -aún herido en una pierna y un hombro- 300 metros hasta un árbol donde fue atrapado y finalmente asesinado a balazos. Se dice que Isidro murió enancando un sapucay, cayendo finalmente como los valientes guaraníes.

 

“Sin una vela encendida
sin una flor a su lado,
sin una cruz en la tierra,
ay, dos sueños sepultaron”

Luego de desaparecer sus restos y talar el árbol sobre el cual murió Isidro, se prohibió poner velas en el lugar, pero con el tiempo la gente fue dejando ofrendas florales y otras cosas. Un pequeño santuario fue construido en honor a los valientes vengadores.

Todavía cuentan los hijos de aquellos que conocieron en vida a Isidro sobre su bondad y de cómo repartía sus ganancias entre los que le eran leales. Isidro siempre estuvo atento y predispuesto a ayudar a aquellos que más lo necesitaran. ¿Nuestro propio Robin Hood? No, nuestro Isidro Velázquez.

Mucha gente asegura que cumple milagros, por lo que hoy en día se lo venera, y -tanto Isidro como Vicente- cuentan con cientos de devotos que van a cumplir o hacer promesas cada 1° de diciembre al lugar donde cayeron estos valientes.

Puede que se haya querido destruir de raíz “el problema” que presentaba para el estado y las fuerzas policiales, pero lo único que se logró fue perpetuar a Isidro y a Vicente en la memoria del pueblo.

 

“Yo te rindo este homenaje
enjugando un lagrimón,
a vos, Isidro Velázquez,
inolvidable varón”


Canciones utilizadas:

“El Puente de la Traición”
Los Hermanos Cardozo

“El Último Sapucay”
Los Hermanos Cardozo

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