Argentina Política

Un traspaso casi civilizado

Con el recuerdo fresco del inédito pase de mando de 2015, el gobierno parece dispuesto a atender las demandas de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

Cristina Kirchner se convirtió en calabaza en la medianoche del 9 de diciembre de 2015. En un juego de espejos, tan aborrecidos por Jorge Luis Borges, el presidente Mauricio Macri, planea su salida resignado a traspasar los símbolos simbólicos del poder a Alberto Fernández, en la Casa Rosada del 10 de diciembre. Por lo que se dejó trascender, pretende liderar la oposición, una carrera con obstáculos que le pondrán aliados del PRO, como Horacio Rodríguez Larreta, quien por estas horas se ve con el papa Francisco, y el levantisco radical Alfredo Cornejo. Para reforzar ese cometido tiene prevista una despedida multitudinaria el 7 de diciembre, en Plaza de Mayo. Y, quizá, porqué siempre le produjo rechazo, emitir un mensaje por cadena de radio y televisión, para conjurar “la herencia maldita” que le arrojará por la cabeza el peronista Frente de Todos.

Cristina, vuelve como Reina y jurará como vice en la Asamblea Legislativa. Con el zapato que le calzará justo Alberto Fernández, emparentado con ella por el proyecto del que son viuda/o. Para despejar los fantasmas que hoy asolan a Bolivia y Chile, deberían – como predicaba el fallecido Ernesto Laclau -, afianzar instituciones donde el antagonismo entre la izquierda y la derecha, sean parte del mismo juego institucional, lo que se traduciría en una sociedad más sana.

Los líderes pasan, los proyectos permanecen. O no. Es que éstos pueden ser infinitos, la tarea de aquellos es, sin discusión, finita.

A lo largo de esta difusa transición, en la que hay zancadillas pero no mechas que desaten una situación de anarquía como la que volvió a mentar el ex presidente interino durante (el caos anticipado) de 2001, Eduardo Duhalde.

La sorpresa e imprevisión mantienen la expectativa. Con Cristina de regreso en Buenos Aires desde Cuba, se darán últimas puntadas a la distribución de funciones. Alberto, que tendrá el bastón y la banda del Ejecutivo, planea viajar antes de fin de mes a Francia, Italia y Alemania, cosa de que el progresismo latinoamericano, del que ha hecho gala, no le impida atender las premisas de los complicados jefes de Estado de Europa. De donde venimos muchos. Escuchará al liberal Emannuel Macron y a la conservadora Angela Merkel, entre otros. Los necesita para su homérica tarea.

Macri, con Marcos Peña preparándose para un año sabático, quiere hacer pesar el 40 por ciento de adhesión de unos 10 millones y medio de argentinos. Como buen gato, tendrá que andar por las azoteas del Congreso y de los tres partidos de su coalición, para garantizar la unidad de quienes le disputarán el mando. Emiliano Yacobitti, radical que responde a Enrique “Coti” Nosiglia y Martín Lousteau, avisó que en la construcción de la alternativa para 2023, “Mauricio no es el único dueño”.

Hay “un camión” peor que el de Moyano: a toda velocidad avanza contra la Argentina, y que Fernández con la ayuda de Guillermo Nielsen, tratarán que se desplace por otro carril, sacando un peso que podría estrellar al país: la voluminosa deuda externa. Hay que renegociar, sí o sí. Patearla para adelante. Con el asentimiento del presidente norteamericano Donald Trump, el FMI y el apoyo de los líderes europeos, que se molestaron cuando “irresponsablemente” se le prestaron 44 millones de dólares a Macri.

Fernández, un pragmático, hace suyas palabras de Néstor Kircher: “no presten tanta atención a lo que digo, sino a lo que hago”. Ahora habla mucho. El 10 de diciembre, develará sus medidas concretas. No es ajeno a estos acontecimientos, Roberto Lavagna, cuya identidad es peronista. La realidad demostró que es ponderado como economista, pero inhabilitado como arquitecto para construir una ancha avenida del medio. Es Lavagna el promotor del ascenso del liberal Martín Redrado. El mismo que Néstor Kirchner colocó, durante su gestión, al frente del Banco Central, para no espantar inversores.

Pinedo, hoy un componedor, entregó el bastón a Macri en 2015

Fernández y Macri se sacaron una foto, pero avanzaron poco con la transición ordenada. Volvieron a hablar, después de la renuncia y salida de Evo Morales, de Bolivia hacia México, pero no se pusieron de acuerdo siquiera sobre la calificación de Golpe de Estado. Por lo menos, el presidente no reconoció a Jeanine Áñez, como interina del hermano país ensangrentado por fuerzas militares y policiales.

Fernández deberá abrir — moderadas – ilusiones a sus votantes, demandar el esfuerzo comprometido de los argentinos/as en la reconstrucción y cargará las tintas en Macri, quién por eso evalúa anticiparse y responder por cadena nacional de radio y televisión.

El “vamos a volver” está a punto de llegar. El “sí, se puede”, iniciará su reciclaje. Así funciona la rueda de la vida. Unos años, arriba. Otros, abajo. Hay cuestiones formales, como el traspaso de mando, donde vienen primando los consejos racionales de Federico Pinedo ¿Para qué hacer cuestión por las formas, si lo que vale es preservar el contenido y los valores democráticos?

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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