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“Ibamos al precipicio y giramos de a poco al crecimiento”

Alberto Fernández, decidido a sacar contra viento y marea la "ley ómnibus", aseguró que el acuerdo en la industria automotriz es el puntapié inicial para "el nuevo contrato social".

Los instrumentos económicos a los que apelará el presidente Alberto Fernández, ahora que Juntos para el Cambio se plantó y no quiere dar quórum para avanzar en poderes de emergencia, tienen que conseguirse rápido para encarar la herencia macrista y los problemas argentinos, que son estructurales. Como lo demuestran las pujas sindicales y la reacción diversa de los empresarios. El gobierno está dispuesto a que de ser necesario, algunos de sus ministros, que fueron elegidos para ocupar una banca, renuncien provisoriamente a sus carteras, vuelvan al Congreso y garanticen la Ley Ómnibus antes de retornar a sus cargos. Pragmatismo puro.

Juan Carlos de Pablo dijo que más allá de las explicaciones téoricas del ministro Martín Guzmán, hay que prestar atención a las prioridades de Alberto que son ir de abajo hacia arriba, primero con los argentinos que no comen, luego los que comen poco, los trabajadores informales y formales y finalmente con el resto. créditos blandos para las PyMes según el arbitrio del Estado, con una inflación hoy desorbitante (es más del 50 y se prevén préstamos al 2 por ciento), para recién después ocuparse de los tenedores de títulos, el FMI y el resto.

No le prestó tanta atención el didáctico especialista a la cercanía de un default, porque eso se está conversando en secreto con Kristalina Georgieva y planteó sus dudas acerca de la conformación del Consejo Económico y Social.

Ayer, en un punto de arranque para sustituir importaciones de autopartes y generar trabajo local, Fernández estuvo con sindicalistas y empresarios, encabezados por Ricardo Pignanelli, de SMATA y Antonio Caló, de la UOM, mientras se le incendiaba el gallinero en la Unión Tranviarios Automotor.

Allí Pignanelli defendió las enseñanzas del general Perón y afirmó que un Pacto depende de obreros y empresarios, con apoyo del Estado y debe abarcar todas las actividades, incluidas las regionales.

“Hay que laburar con dignidad, no predicar”, dijo, sin hacer notar que de ahora en más se requiere una capacitación especial atada a la robótica y la inteligencia artificial. “Si no lo hacemos, morimos”, señaló realista.

Alberto tomó la posta sobre el mundo presente y futuro y se refirió al plan para sextuplicar la producción en 10 años, con alto valor agregado y capacidad exportadora.

El cómo del que habló de Pablo estuvo presente. “El camino es éste para hacer crecer a la Argentina: ponerse de acuerdo los que invierten,  producen y trabajan, con un Estado presente”, expuso Alberto rescatando la figura del camionero Hugo Moyano, al que por esas cosas de la interna gremial no se le permitió sentarse en la cabecera.

Para Alberto, la prioridad es “un nuevo contrato social” fraternal, donde todos ganen, ayudando primero al que “está en el fondo del pozo de la pobreza”, que hoy so 4 de 10 argentinos. Otra vez, rescató “la ética de la solidaridad” de Raúl Alfonsín y exhortó a “terminar las disputas”, respetando las discrepancias ideológicas y a las posturas del otro. Por supuesto, contrapuso el desarrollo nacional con la especulación financiera.

No desaprobó la globalización, pero advirtió que plegarse a ella no significa “destruir a la industria” argentina. “Solo tiene sentido si nos potencia”, agregó. Aseguró que está dispuesto a la apertura comercial con los países desarrollados, pero al mismo tiempo alertó que “sería una enorme idiotez abrir totalmente las puertas a las importaciones”, afectando al país.

“Ayudaremos al que produce. Lo hicimos con Néstor. Lo hizo Cristina y lo voy a hacer yo”, subrayó.

Moyano fue relegado, pero Alberto lo buscó y le dio un fuerte abrazo

A Pignanelli, Caló, Moyano, a los empresarios automotrices y a la Universidad Austral (aún siendo defensor de la Universidad Pública) , le agradeció la iniciativa expresando que “dieron el puntapié al nuevo contrato social”.

“Estamos en una suerte de colectivo común, que iba a toda velocidad a un precipicio. Ahora, cambiamos de chofer y empezamos a girar. Tardaremos un poco, pero iremos por el camino del desarrollo y el crecimiento”.

Ayer, el filósofo Santiago Kovadloff, crítico del peronismo, reparó en los riesgos que podría tener Fernández con un sindicalismo, que lo apoyará siempre y cuando se asegure ser “la columna vertebral”. Para ello, deben producirse cambios de actitud y revertir situaciones hegemónicas que se dan en muchos sindicatos, como quedó reflejado en los disturbios de la UTA, con la secuela ulterior del paro transitorio de transporte en 60 líneas de pasajeros.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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