Política

“Es imposible que no hable de mil cosas con Cristina”

Alberto Fernández, revalorizó el diálogo político e institucional, pero aclaró: "Soy el Presidente, tengo el poder y no me lo dio ninguna corporación, sino la gente".

Hay muchas percepciones equívocas. Antes de que asumiera Néstor Kirchner la jefatura del Estado, por 2003, estando quien escribe esta nota en Alemania, los analistas internacionales expresaban sus dudas sobre el ignoto dirigente que hablaba a trompicones en el Consejo Federal de Inversión (CFI). Se trataba del gobernador de Santa Cruz impulsado, aparentemente por “Chasman” Eduardo Duhalde. ¿Casualidad? La misma referencia hizo hace unos días el periodista Jorge Lanata, al definir, atrevido, a Alberto Fernández como “Chirolita” de Cristina Fernández, la viuda de Kirchner.

¡Es el peronismo, estúpido!, pensó Humanidad, luego de leer la entrevista que Horacio Verbitzky publicó hoy en su sitio El Cohete a la Luna, remedando el extenso cuestionario a Néstor Kirchner, hace más de 15 años en el diario propiedad hoy de Víctor Santa María.

¿Y, sí, pese a todos los pronósticos de los sesudos columnistas locales que, como se expresa en el reportaje del periodista y dirigente del CELS, responden a intereses concretos, que van más allá de lo periodístico? ¿Y sí la pareja presidencial Alberto y Cristina, hoy, evolucionaron y se mantienen fieles a un mismo proyecto, adecuado a las circunstancias internas e internacionales?

De las declaraciones de Alberto, se desprenden contradicciones y fidelidades. Una de ellas a su maestro, el ya fallecido Esteban Righi, ministro del Interior de Héctor Cámpora, en 1973. Y una lealtad, más viva y presente que nunca, a Cristina, a la que consulta en “mil” oportunidades, en esta etapa política definida, al cabo de 30 días de gestión, como vertiginosa, de “discontinuidad absoluta” con la de Mauricio Macri y de cauteloso andar, luego de dar cumplimiento a las promesas con los más necesitados.

Vamos con las observaciones de Humanidad, a partir de las preguntas y respuestas entre Verbitzky y Fernández, que se dieron en un marco de tuteo, respeto e incluso de reconvención mutua.

Alberto estuvo en contra de la Ley de Medios del kirchnerismo, lo que no le impidió reconoció que permitió abrir un debate y permitir saber “quién está detrás de Clarín y La Nación, sino de Tiempo Argentino y Página 12”. Primera conclusión lógica: hay intereses objetivos contrapuestos entre el gobierno elegido en las urnas y los dueños de esos conglomerados. Una tesis al respecto, fue formulada por su actual pareja, Fabiola Yañez.

Alberto no transitará por un camino de ripio como el kirchnerismo extremo. El diálogo y el consenso son las herramientas que empleará, incluso con la mesa de enlace agropecuaria que volvió “a pintarse la cara” como en 2008, según resaltó Verbitzky.

“Voy a tratar de que entiendan que esta es una necesidad del país. Nos gustaría no aumentarle los impuestos a nadie. Pero es el resultado de lo que ha quedado después de Macri”, fundamentó, en socorro de los jubilados, los que pasan hambre o no tienen empleo. Expuso que debe ir a buscar los dólares que faltan entre los exportadores, sean del campo, la minería o el petróleo.

No abundó en las negociaciones que mantiene, reservadamente con Kristalina Georgieva, la nueva titular del FMI (con el apoyo geopolíticamente condicionado de EE.UU.), porqué “lo que le pasó a la Argentina” no es como dice la otra Christine, Lagarde, quien reprochó: “siempre tiene problemas”.

“No, no – se plantó Alberto -, ustedes (por el FMI y cía) vinieron a poner plata para sostener al gobierno. Financiaron una campaña política a costa de todos los argentinos cuando el mercado había dicho: no les prestamos más a ese gobierno, porque no nos va a devolver la plata”.

“Verdad y justicia”, expuso sobre fuerzas armadas, de seguridad e inteligencia, integradas a la democracia. “Cada uno debe hacerse responsable de las atrocidades cometidas”.

Verbitzky quiso saber cinco cosas de las que habló con Cristina y el le expresó que fueron “mil”. Cinco, se plantó el agudo periodista que no oculta sus simpatías por el gobierno.

Concedió Alberto: “cómo encarar el tema de la AFI, mucho de economía, la Ley de Emergencia, cuando hablamos de incorporar a algunas personas como Katopodis o Cabandié. El tema con el Fondo, las conversaciones que tuve con Kristalina y Trump”.

“La verdad – se sinceró – es imposible que yo no hable con Cristina, es imposible…si vos tuvieras la posibilidad de de contar con el consejo de alguien que estuvo en tú lugar durante ocho años…¿Prescindirías?…sí además ese alguien va en el mismo sentido que vos, ¿prescindirías?”

“Por qué tanto lío. Lo raro, lo imperdonable, sería que no la consultase. Sería un soberbio, un necio”, subrayó. “Me importa su opinión, porque Cristina aporta, no resta”.

El despegue de Alberto, tituló Verbitzky la entrevista

Desmintió a Clarín y dijo que ayudó al gobernador Axel Kiciloff, a obtener su reforma con impuestos mayores a la inflación a 200 propietarios de la provincia de Buenos Aires con más de dos mil hectáreas. “Eso no es un impuestazo”, coincidió con el periodista que afirmó que ese diario pretende “generar malestar, recelos”.

“El modo de trabajar (habló en general pero se refería a él, Cristina y Axel) es juntos, seguir juntos. Cuando nos separamos, nuestra decisión de hizo un enorme daño a la Argentina. Aprendí. Dos veces no me pasa”, sintetizó. Acotó: “Todos aprendimos” (por Cristina y Axel).

“Siempre dialogo primero…pero soy el Presidente, tengo el poder y no me lo dio ninguna corporación, sino la gente”, se plantó e hizo hincapié en que después de una derrota (como fue el episodio de Juio Cobos en 2008), consideró: “ya está, demos vuelta la página”. Consideró inconveniente quedar “enredado” en situaciones como esa. “Hay que seguir adelante”.

No ocultó sus acercamientos con intendentes de la oposición, en clara referencia a Diego Valenzuela y Néstor Grindetti, entre otros.

Al pasar, tuvo algunas críticas para dirigentes propios. Mencionó al titular de Seguridad bonaerense, por incumbirse en temas que no le competen de la Nación y al presidente de YPF por “estar enamorado de Vaca Muerta”, cuando él considera que debería incentivarse la producción tradicional.

No se malquistó con el presidente de Estados Unidos Donald Trump (ahí Verbitzky no estuvo incisivo), pero defendió la postura nacional sobre Venezuela y el refugio político otorgado al ex presidente de Bolivia Evo Morales.

Ratificó que la emergencia económica durará 180 días y de considerarlo imprescindible tratará de prorrogarla por otro período igual. Dibujó en el horizonte el Consejo Económico y Social y ponderó a dos hombres a “los que les das un problema y te traen tres soluciones”. Uno es el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, y el otro es el ex candidato presidencial por Consenso Federal, Roberto Lavagna. “Siempre quiero llamarlo por teléfono y escucharlo”.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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