Iglesia Política

Un tema incómodo para dos buenos príncipes

Con una observación, que la Santa Sede no podía dejar pasar por alto, la reunión entre el presidente Alberto Fernández y el papa Francisco, estuvo a la altura de las expectativas.

Entre bromas y veras, hubo un fogonazo entre el jefe de la Iglesia Católica, el papa Francisco, y el presidente Alberto Fernández. Sobre un punto previsible. Que no se trató y sí se trató. Y dio lugar luego al enredo periodístico en el que, salvadas las preocupaciones comunes sobre pobreza, crisis económica financiera, corrupción, narcotráfico y promoción social, la Santa Sede se plantó en “la protección de la vida desde la concepción”; y el titular del Ejecutivo de la Argentina, ratificó que, sin ánimo de abrir “una brecha entre pañuelos verdes y celestes”, enviará un proyecto al Congreso éste año, para “dar la posibilidad a la mujer de que si quiere abortar, lo pueda hacer legalmente y ayudar a los que quieran tener a sus hijos, a que los puedan tener. Es todo”.

El tono de la reunión fue cordial, con un costado peronista. Duró más de 40 minutos. Y hubo caras descontracturadas, pese a la equívoca conferencia de prensa de Alberto y la posterior aclaración del secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin, sobre un tema parteaguas, donde predominan en el mundo laico las cuestiones de salud pública.

 “Pase usted”, invitó Alberto antes de entrar a la sala del encuentro. “No, primero el monaguillo”, improvisó canchero Francisco, quien prometió ayudar en lo que esté a su alcance para aliviar la forma de renegociación de la deuda externa de su país. No dejó de demandar esfuerzos para cerrar la grieta entre argentinos, que le posibilitaría visitar a su pueblo natal, donde es adorado por las barriadas más humildes.

“Se pasó la prueba”, dijo una fuente de la delegación al oficialista “Página 12”, dando a entender que la diferencia lógica sobre el aborto, no obstaculizará la cooperación y el diálogo en materia de paz internacional y regional, el cuidado del medio ambiente y en el combate de cualquier forma de exclusión.

Cómo anticipó Humanidad, Francisco leyó una oración del buen humor, de Santo Tomás Moro, un canciller inglés y teólogo moralista que también sabía ponerse serio, allá por el siglo XV, antes de morir decapitado en época del rey Enrique VIII, de Inglaterra.

“Qué cosa es el buen príncipe”, se preguntaba Moro. “Es el can custodio del rebaño, que ladrando ahuyenta a los lobos. ¿Y qué cosa es el mal príncipe? Precisamente, es el lobo”.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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