Economía Política

“La desigualdad rampante no se va a resolver desde arriba”

Crítico del kirchnerismo del que fue funcionario, el politólogo José Nun, propuso diseñar una nueva matriz impositiva y que las autoridades rindan cuentas comprensibles.

“A mayor igualdad, mayor desarrollo; y a mayor desigualdad, menor desarrollo. Mientras quienes se quejan por la alta presión tributaria no comprendan sus causas reales, cambiarán los gobiernos pero no la situación de fondo”. Esta es una de las conclusiones del politólogo José Nun, de 84 años, ex secretario de Cultura entre 2004 y 2009 y luego crítico del kirchnerismo.

En un artículo publicado hoy en La Nación, en el que salta la “grieta” pero no la ignora, se basa en un trabajo del economista Thomas Piketty, quien tiene adeptos en el actual gobierno peronista, para dar por confirmado que: “Un sistema fiscal progresivo y un gasto público eficiente, son centrales para el crecimiento y la democracia”.

Además de las explicaciones técnicas, para lo que Humanidad sugiere la lectura completa de la nota, Nun da como cierto que “la alta presión impositiva constituye uno de nuestros mayores problemas”.

“Claro que certezas de este tipo – apunta – deben ser continuamente reforzadas por los sectores interesados en que nadie las discuta. De ahí que se repita a diario que es una de las presiones más altas del mundo (lo cual es falso) y se ponga como ejemplo a las PyMes, que no podrían sobrevivir si le pagaran a la AFIP (lo cual, en muchos casos, es verdadero)”.

“Solo que esa certeza misma, tal como está planteada – ironiza -, se vuelve un serio impedimento para que se desarrollen nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra incipiente democracia”.

Empieza por una evidencia: “En números redondos, nuestra presión tributaria equivale a un 30% del PBI. La de Francia, es de un 48%; la de los países escandinavos varía entre un 44% y un 46%; la de Alemania, Italia o Austria oscila en torno al 42%; la del Reino Unido, es de un 35%; … la media de los países de la OCDE supera el 34%.”

Tras aportar datos y citas significativas sobre crecimiento y fuga de capitales, agrega que “no es extraño que allí donde el principio de equivalencia opera más o menos bien, la presión tributaria genere pocas quejas y que, en cambio, las encuestas registren una oposición generalizada a que se recorten los programas sociales o las inversiones en infraestructura”.

Nun destaca que “no se habla” de “la composición misma de la presión tributaria que se cuestiona”. Enfatiza que en la Argentina “nunca se fomentó el interés cívico por el tema y las políticas fiscales han sido decididas siempre de arriba hacia abajo por los dirigentes militares o civiles de turno”.

Aporta ejemplos: ” la abolición del impuesto a la herencia por Martínez de Hoz en 1976, que persiste hasta ahora. Otro, en los 90 y a impulso de Cavallo, la suba del IVA del 13% al 21% en poco más de tres años”.

Y afirma que “en el último medio siglo no hemos tenido un auténtico sistema impositivo, estructurado orgánicamente en términos de un proyecto económico y social sustentable en el mediano y largo plazo”.

Se detiene en la “maraña de más de 160 gravámenes nacionales, provinciales y municipales” y los compara con Alemania, donde no superan los 40.

Se guía por la progresividad y concluye: “en un caso, pagan más quienes más tienen y en el otro, acaban pagando más los que menos tienen”. Cita también el carácter “regresivo” de impuestos regresivos como el IVA, un factor de la mortandad infantil en provincias como Salta, Formosa y Catamarca, entre otras.

Sobre el final del escrito, Nun subraya: “la desigualdad rampante no se va a resolver desde arriba...por eso, resulta fundamental romper los cánones ideológicos que custodian, informarse, diseñar una nueva matriz impositiva y exigir que políticos y funcionarios rindan cuentan que todos puedan entender”.

Como no es ingenuo, Nun advierte: “Es una tarea ardua que va a llevar años, que va a enfrentar una resistencia feroz y que debe comenzar en el campo de las ideas, todavía dominado por la revolución fiscal conservadora que triunfó en Occidente en los años 80. (Nótese que tampoco esta revolución se impuso de la noche a la mañana, que se gestó durante casi medio siglo y que también se inició en el plano cultural.)”.

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