Economía Política

El fracaso más exitoso

Fernández Blanco titula en La Nación por el lado de la bala de plata que tendría Alberto frente a los acreedores externos. Humanidad pone el acento en otro lado. No altera el producto.

La presentación de la oferta argentina para reestructurar la deuda soberana en manos de tenedores privados, el jueves pasado, fue el fracaso más exitoso de los últimos tiempos. El fracaso fue exitoso porque el Gobierno aún tiene instancias para negociar. Se descuenta que no pagará el 22 de abril próximo 503 millones de dólares, algo que le abre un período de gracia de 30 días para evitar el default. Es riesgoso, pero conocido. La tradición argentina dice que en el país se negocian millones con el regateo de una compra por cantidad en el comercio amigo.

Esa es una parte sustancial de la nota que publica hoy en La Nación, Pablo Fernández Blanco, que como todos suponen no es familiar de Alberto ni de Cristina. Humanidad, sin ataduras de ningún tipo, consideró completar ese concepto con otro tramo de la nota:

Los organizadores de la reunión (del jueves en Olivos) estaban mirando la jugada siguiente. Quizás por eso les dijeron a los equipos de comunicación de los gobernadores que acompañaran la puesta en escena con un tweet auspicioso.

Conversaciones informales entre asesores de Economía, especialistas del sector privado y operadores de Nueva York arrojaban el miércoles por la tarde que del denominado valor presente neto era de 36%. Esa denominación, indescifrable fuera del mundo financiero, es el norte de un inversor privado. Asesores top que suelen ser consultados por los acreedores, pero también lo eran por Néstor Kirchner, por Mauricio Macri y ahora por Alberto Fernández, aseguran que nadie está dispuesto a cerrar por debajo de 46%, por lo que la oferta de Guzmán debería mejorar.

Ayer, Economía difundió su propuesta con los detalles que faltaban y desató el trabajo de una multitud de operadores en distintos países. El cálculo al que llegaron varios de ellos en la Argentina, es que el número promedio había mejorado hasta el 43% con una exit yield del 10%. El problema de este último número es que afecta todos los cálculos y lo ponen las personas que hacen la cuenta del lado acreedor.

La situación anterior deja al país lejos de un arreglo, pero más cerca de acordar. Hay margen, decían, si se mejora la oferta por el lado de los intereses, y Alberto Fernández se quedaría con lo que más necesita: tiempo para que pague el que sigue.

Desde el punto de vista de la contabilidad pública, la plata de la deuda no es dinero que el Gobierno tendrá para hacer política económica, sino que no necesitaría obtenerlo para pagarles a los acreedores. Dicho de otra manera, Alberto Fernández se evitaría el esfuerzo fiscal de corto plazo para hacerse de los fondos a través de una reducción del gasto o de un ahorro por mayor recaudación, algo que le costó la reelección a Mauricio Macri. Y, en caso de tenerlo, podrá volcarlo a la calle para hacer política, como indicaba el manual de Néstor Kirchner.

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