Cultura Sociedad

El “Che” y Rubén Darío, enlazados por la poesía

El canal Encuentro, en el aniversario del nacimiento del guerrillero, el 14 de junio de 1928, dio detalles de la admiración que sentía por el autor de "Cantos de vida y esperanza".

El Canal Encuentro contó (y mostró), ayer en el aniversario del nacimiento de Ernesto “Che” Guevara, un documental, en el que lo enlazó sentimentalmente con Rubén Darío. El revolucionario argentino-cubano, capturado en Bolivia el 8 de octubre de 1967 y luego ejecutado, tenía entre sus papeles, la transcripción de su puño y letra, la obra “Marcha triunfal”, escrita por el poeta nicaragüense 72 años antes, es decir en 1895, en homenaje a la Revolución de Mayo de 1810.

Según relató el locutor, Darío (articulista por muchos años del diario “La Nación), fue encontrado una mañana fría de fines de abril de ese año, en un banco de la Plaza de Mayo, “desalineado, desmejorado”, seguramente luego de una noche de “vino y juerga”, por su amigo, el médico Prudencio Plaza.

Hay distintas versiones. Lo cierto que el doctor Plaza arropó a Darío. Y lo llevó a un “vaporcito” del puerto de Buenos Aires, desde el que partieron a la isla Martín García, donde dirigía un Lazareto. Por aquellos días (era presidente el roquista José Evaristo Uriburu), servía para que hicieran su cuarentena los afectados por la epidemia de fiebre amarilla. Cualquier analogía con lo que ocurre hoy con el coronavirus, corre por cuenta de la responsabilidad de cada uno.

Estando en Martín García, otro amigo de Darío, el boliviano Ricardo Jayme Freire, le pidió un poema en homenaje a la Revolución de Mayo, para presentar perentoriamente en el Ateneo de Buenos Aires, de la hoy peatonal Florida. El autor de “Cantos de vida y esperanza”, completó su trabajo en apenas tres días.

De origen mestizo y salud débil, Darío fue inspirador poético del “Che”

El canal Encuentro, con el auspicio del Ministerio de Cultura, recordó que el “Che” escuchaba de chico recitar de memoria a su padre la “Marcha triunfal”. Se la aprendió también y lo acompañó en su incursión guerrillera.

El manuscrito original de Rubén Darío puede encontrarse en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), en CABA. El cuaderno rojo del “Che”, con tres poesías de Darío, en el archivo del Ejército de Bolivia, en la ciudad de La Paz.

Humanidad, como un aporte para difundir “aliento y trascendencias universales”, reproduce “Marcha triunfal”:

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.


Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas
la gloria solemne de los estandartes,
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!

Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en su trueno de oro
la augusta soberbia de los pabellones.
Él dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines,
los rudos penachos, la pica, la lanza,
la sangre que riega de heroicos carmines
la tierra;
de negros mastines
que azuza la muerte, que rige la guerra.


Los áureos sonidos
anuncian el advenimiento
triunfal de la Gloria;
dejando el picacho que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!

Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño.
Ved cómo la barba del viejo
los bucles de oro circunda de armiño.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera
honor al herido y honor a los fieles
soldados que muerte encontraron por mano extranjera!


¡Clarines! ¡Laureles!

Los nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros
las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros?.
Las trompas guerreras resuenan:
de voces los aires se llenan…


A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encaman las glorias pasadas…
Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros,
al que ama la insignia del suelo materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!…

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