Argentina Sociedad

Alberto acordó con Larreta y Kicillof endurecer la cuarentena

"Un nuevo esfuerzo". Juntos, el Presidente y los gobernantes del AMBA, la zona más expuesta ante el virus, coordinaron severas restricciones del 1º al 17 de julio.

La grieta nacional tiene su cauce. Pero ayer, con “broncas”, angustias por el encierro y malestar porqué falta el peso, aún depreciado, el presidente Alberto Fernández, el gobernador de la provincia más grande y de mayor densidad poblacional, Axel Kicillof y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, ratificaron que a partir del próximo miércoles y hasta el 17 de julio se endurecerán los controles en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), más Chaco. En una palabra, continuará, con una vuelta de tuerca, la emergencia sanitaria para detener los contagios por coronavirus al resto del país y tratar de“hacer retroceder” a la enfermedad, aún con un gran costo económico que se verá reflejado en la caída del PBI. Alrededor de un 10 por ciento, según estimó el FMI, como anticipó hoy Humanidad.

“Otro esfuerzo vale la pena”, trató de convencer Alberto, mientras el dirigente del PRO manifestó su satisfacción por el trabajo en conjunto y Axel resaltó, aún haciendo una comparación “odiosa”, los diferentes resultados en la región: auspiciosos en la Argentina – dijo -, en relación con los de los vecinos Brasil y Chile.

El tema va para largo, aquí y en el mundo. “No somos la oveja descarriada”, enfatizó Alberto. En un mensaje grabado, reconoció que 1 de cada 5 argentinos no está conforme con los mecanismos de la cuarentena, aunque se manifestó convencido de que el aislamiento desde marzo no resultó inútil y que su único enamoramiento es con la vida. Retrucó, así, a los detractores más duros, entre ellos el diputado Fernando Iglesias, quien lo trató de desequilibrado por “reflexionar” de la manera en que lo hace contra los “anti cuarentena”, entre los que se incluyó. Desde el kirchnerismo, se manifestó asombro por la demora en instrumentar las restricciones hasta el miércoles, cuando “el pico” se está dando en estos días.

Sereno, Alberto indicó que el Banco Mundial afirmó que es la crisis económica más grave desde 1870. Puso en el tapete que hoy el foco del virus está en América Latina, donde la Argentina tiene un poco más de mil muertos, contra 50 mil de Brasil y unos 5 mil de Chile.

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Los controles se irán agudizando desde el lunes y regirán plenamente desde el miércoles. Otra vez el confinamiento procurará ser estricto y el cuidado se centrará en los adultos mayores o con enfermedades preexistentes, frenando incluso el empleo público, salvo el los trabajadores dedicados a las actividades esenciales.

No desdeñó Fernández las consecuencias para personas y empresas, a las que el Estado seguirá auxiliando. Pidió dejar de lado las diferencias políticas para que todo sea más fácil y “no nos pase como en Europa”. Valoró la libertad, sin dejar de mencionar que ésta “se pierde cuando uno se muere”.

Larreta se mostró consciente del “cansancio y la frustración”, con los mismos sentimientos verbalizados por Alberto y Axel. Coincidió en que se “evitó un colapso” y con números y evidencias, explicó los motivos por los que se entrará en “una nueva y más dura etapa”, ante el crecimiento exponencial de casos.

Habló de “restricciones focalizadas”  y también exhortó a la colaboración comunitaria. Subrayó que en CABA hay un muy buen acatamiento y aceptó la inhabilitación para los corredores, pese a que opinó que al aire libre es más difícil contaminarse por el virus. Ese punto fue un tema de fricción en la negociación, según todas los indicios.

Confió Larreta en que la curva “bajará”, sin dejar de apuntar que también puede tener comportamientos oscilantes, si “es que hay un relajo” en las conductas.

Efusivo, Kicillof no desentonó. Puso el acento en evitar “las pérdidas irreparables” y propuso “hacer retroceder la enfermedad con el esfuerzo de todos”. Esta vez, hizo un agradecimiento amplio, entre los que ubicó a los 135 intendentes bonaerenses y a la población que deberá “quedarse en casa, vaciar las calles y evitar las transgresiones”.

Habrá protocolos estrictos para el funcionamiento en establecimientos fabriles (las empresas deberán trasportar a sus empleados) y se exhortará a la adhesión voluntaria de los habitantes de los barrios populares.

En un tono épico, Kicillof contradijo a los más severos dirigentes opositores: “Nosotros no queremos más muertos. Al revés. Nos fijamos cuántas vidas salvamos. Lo que nos pasa no es una derrota, es un éxito. Nos dio tiempo para estar más preparados”.

Fernández cerró el informe grabado, tratando de persuadir: “Actuamos correctamente. No somos la excepción en un rebaño enloquecido. No bajemos los brazos. Unidos somos un gran país, una gran sociedad”.

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