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Alberto también va por lo mejor, pero se prepara para lo peor

Cascoteado por la pandemia, el Presidente endureció y ralentizó métodos: por un lado, para frenar al virus; por el otro, dando batalla al jaqueo económico, en un mundo infectado.

En lugar de utilizar la palabra de moda – procrastinar -, Humanidad prefiere, en el contexto de la pandemia (cuya solución es una meta primordial para Alemania y la Unión Europea, empeñada en solidificar su bloque, a diferencia de lo que vienen haciendo por estos lares Estados Unidos y Brasil), señalar que el presidente Alberto Fernández, sintoniza con la canciller Ángela Merkel y, sí, lleva a la larga la renegociación de la deuda externa con los acreedores privados.

Hace un tiempo, transcurrida la “hora señalada”, éste sitio insinuó que en algún momento alguno de los comensales (la Argentina, a través de Martín Guzmán, o algunos de los implacables fondos de inversión a los que no les hace asco la pandemia) podría tirar del mantel. De hecho, en diferentes versiones, el país está en default técnico. Lo reconoció Alberto e hizo responsable del mismo al expresidente Mauricio Macri, un mimado a la luz del día de los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Después de concordar con la posición que esgrime el discípulo del Nobel Joseph Stiglitz, Kristalina Georgieva, la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo, imbuida de admiración por el papa Francisco: “Rezo por lo mejor, me preparo para lo peor”.

Obviamente, la búlgara contempla el interés de los acreedores (su institución lo es), pero adhiere a los esfuerzos de Guzmán y acepta que “no son sostenibles” las exigencias de BlackRock y otros. Se apoya en la parálisis productiva en la que cayó la tierra del Pontífice (que podría hacer bajar el PBI nacional más de un 10 por ciento en 2020) y en la hipótesis de que la pobreza trepe al récord del 50 por ciento.

Kristalina: “Rezo por lo mejor, me preparo para lo peor”

Alberto ha evidenciado dudas. Idas y vueltas. Sin embargo, entre la economía y la vida humana, optó por defender la salud de los argentinos, junto al gobernador Axel Kicilloff y (sin que todas sean mieles) al principal dirigente opositor, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Habita en una Nación partida en dos, no solo por la desigualdad, sino por la grieta política que se exhibe impúdicamente, a días de que se inicie la cuarentena sin fin, el próximo primero de julio. En una suerte de empate catastrófico.

Hay cuestiones pendientes que Alberto le hizo saber a Kristalina: se viene demorando el impuesto a los ricos y un sector contra y ultra solivianta a quienes rechazan, en la ciudad y el campo, al peronismo. Por ejemplo en la incursión, hasta aquí fallida, del Estado en la quebrada cerealera Vicentin. Por ahora ni intervención ni proyecto de expropiación. Los que salieron a la calle, a riesgo de contagiarse, presentaron el dilema en forma binaria y fuera de tiempo: capitalismo o comunismo. Nada más lejos de la prédica “social demócrata” del Presidente, que así se diferencia de los duros del cristinismo, influyentes entre bambalinas. Algo lógico en la heterogénea coalición del Frente de Todos.

Cómo jugador disminuido en el continente, donde se instaló el epicentro del coronavirus y más irrelevante aún en el contexto mundial (aunque tiene alimentos para ofrecer y recursos naturales), las autoridades argentinas empatizan con Europa. En particular con Merkel, quien se pone por encima de los graves problemas estratégicos que la hacen discrepar (por más que no deje de dialogar) con Estados Unidos, China, Rusia y Gran Bretaña.

Merkel ha dicho que hay que ser solidarios porque el mundo no está preparado para soportar semejante crisis, con tormentas paralelas de autoritarismo que amenazan libertades fundamentales del sistema democrático.

Su meta principal, con la mayor rapidez posible, es dejar atrás el acoso de la pandemia. Con el FMI, como hace la Argentina. El organismo que encabeza Kristalina “no resuelve todo”, pero si no estuviese hoy interponiéndose ante los avariciosos – dijo -, la situación podría “agravarse aún más”.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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