Gracias a la vida y a Dios que me la regaló gratuitamente, porque quiso. Es una ocurrencia de su infinito amor que yo exista, y tengo la certeza de que, más allá de mis límites y errores, está muy bien que yo pase por este mundo maravilloso.
El cumpleaños no es más que la celebración agradecida de este regalo de la vida, que es siempre dramática y complicada, pero al mismo tiempo una aventura que vale la pena.
A todos los que me recuerdan en sus oraciones, muchas gracias, porque creo en el poder de la oración de los hermanos. Bendiciones para todos.


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