Argentina Política

Alberto dirige la batuta

"Es con todos", sigue subrayando el presidente Alberto Fernández, en la previa al relanzamiento de un plan económico. Cristina influye desde un segundo plano estratégico.

Se convive con la pandemia. Es excluyente. En el plano ideal, si es con todos, cinchando para el mismo lado, mejor. Si es en el tumulto de las opiniones diferentes – que se dan tanto en la coalición gobernante como en la opositora, heterogéneas por esencia, y opuestas en bloque entre sí, con fuertes contrastes -, nos estaremos adaptando a la realidad. La única verdad. De Perogrullo.

La larga cuarentena va moldeándose (de coercitiva a medias pasó a ser de responsabilidad social) en un país con grieta preexistente, igual que en otras latitudes. Se abre y se cierra, según la virulencia del virus, que no amortiguó su avance dañino porqué no se le encontró remedio (vacuna) para contrarrestarlo, pese a todas las luces amarillas con tintes apenas verdosos que se van abriendo en distintas latitudes.

Como “director de orquesta” que “dialoga” con los ejecutores de instrumentos, clarinetista incluido, el presidente Alberto Fernández, hace malabares para solidificar su espacio y ampliarlo al no peronismo. Lo que malquista al kirchnerismo duro (se levantaron las voces altisonantes de Julio De Vido, Víctor Hugo Morales y Hebe de Bonafini, entre otros), y lo mantiene por ahora en saludable tensión, con la vicepresidenta Cristina Fernández. Ella procede como la estratega y dueña del mayor caudal de votos populares, rechazada por alrededor del 40 por ciento del electorado, huérfano de un liderazgo.

Por un lado, se hacen el festín los que azuzan un quiebre entre el binomio, con miembros de personalidades arraigadas, Pero por el otro, el jefe de La Cámpora, Andrés Larroque, llama a la “prudencia”, Máximo Kirchner, teje y desteje, con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa y existe un bloque – crítico – detrás de la figura de Alberto. Se espera que la post pandemia (que se otea en un horizonte incierto) desate las fuerzas productivas, con un capitalismo que no desdeñe a los pobres, sino que los integre al aparato productivo.

Máximo y Sergio, distintos pero juntos frente al tembladeral

El acto del 9 de Julio provocó dolor de cabeza al Presidente y a seguidores de siempre que tienen la vocación de construir “el albertismo”. Una “boludez” para él, los desautorizó. Sin embargo, con el rostro cansado con una tos seca (que se percibió en la rueda de prensa del viernes, junto con Larreta, Kicillof, Morales, Carreras y Capitanich), ratificó moderación y el intento de convencer y sumar a la mayor cantidad de argentinos, con el cometido principal de levantar la franja creciente de la población que transita por el margen del sistema.

Alberto tiene buen diálogo con el periodista de Página 12, Alfredo Zaiat, pero a diferencia de Cristina que le dio gran relevancia a su nota con observaciones demoledoras del domingo 12 de julio, consideró algunas de sus partes “sesgadas”.

Aceptó que entre los invitados (¿estuvo o no en la lista Cristina?), faltaron representantes de los movimientos sociales y el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, uno de los propulsores del impuesto a la riqueza, que se viene demorando. Tendría que habilitarse su tratamiento en el Congreso la última semana del mes, después de que ingrese la reforma judicial.

“El que se quiera enojar porque dialogo que se desenoje. No quiere decir que voy a hacer lo que los poderes fácticos mandan”, expuso con crudeza. Y eso que Adelmo Gabbi, de la Bolsa, en su retruque a Bonafini, puso en dudo quien porta “la lapicera” en el Gobierno.

Privilegia Alberto a los dirigentes con funciones ejecutivas, sean estos Larreta (dando vuelo a sus proyecciones para 2023, en desmedro de Mauricio Macri) o Gerardo Morales, en cuya provincia, sigue presa la emblemática Milagro Sala. Deja todo supeditado a la justicia. “Al gobernador lo han elegido los jujeños”, concedió, igual que hace con el caso de Nicolás Maduro, en Venezuela, sin dejar de omitir los señalamientos a las violaciones de los derechos humanos. Reconoció en su picante cruce con Víctor Hugo Morales, el avance de la derecha y la desarticulación de hecho de la Unasur.

Sí, es muy complejo. Lo fue antes de la pandemia y lo es más ahora. ¿Hace lo que hace Alberto en función de terminar con el neoliberalismo como se lo conoce hasta acá?, es el interrogante que cada vez con más vehemencia le formulan los que hablan con decepción.

Alberto es un tiempista con un ritmo distinto al cristinismo. Es ilustrador el proyecto de expropiación de Vicentin, desmembrado, en la versión original de Anabel Fernández Sagasti. Se quiere parecer al “nestorismo” (alfonsinismo también, en segundo rango) y enfrenta dos cuestiones inmediatas: la pandemia, con su secuela económica, social y emocional, y la resolución de la deuda externa, que tomará un sesgo positivo cuando Donald Trump le atienda el teléfono. El mandamás del barrio, pese a los esfuerzos dialécticos del Presidente.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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