Argentina Política

Lo que tapan San Martín y los banderazos

Opositores sin conducción política volvieron a ganar la calle, esta vez contra la reforma judicial y el "ataque a las libertades". La reacción del Gobierno y sus aprestos legislativos.

La desmesura de la división nacional no augura nada halagüeño. El masivo banderazo callejero del 17A – que superó al de otras conmemoraciones patrias, una con foco en la liberación de presos comunes por el coronavirus y la otra en el “avasallamiento contra la propiedad privada” a propósito de la fallida expropiación de Vicentin -, hizo eje en obstaculizar la reforma judicial que garantizaría, entre otras cosas, “la impunidad” de la vicepresidenta Cristina Kirchner.

“La intención es socavar al Gobierno, echarle culpas por algo, por lo que sea, pero a la oposición le faltan ideas, conducción y exhiben flancos débiles”, analizó para Humanidad una fuente del oficialismo. “Mucho ruido, pocas nueces”, aceptó. “Es patético, es una marcha anti peronista”, afirmó por su lado el jefe de gabinete bonaerense, Carlos Bianco.

¿Favorece a alguien la partición social en la Argentina? Si hubiese algún dirigente estadista (siempre está por verse), antepondría a las arremetidas sectoriales – en un mundo que es impiadoso pese a las proclamas de buenos deseos -, cimientos que fortalezcan la mayor unidad interna posible. Con simultáneas o posteriores alianzas externas estratégicas, para satisfacer las necesidades actuales de la población, sumida el 40 por ciento en la pobreza.

Supone Humanidad que lo mismo están escudriñando, entre otros, por ejemplo, Donald Trump, Xi Jinping, Boris Johnson, Angela Merkel, Emmanuel Macron, Andrés Manuel López Obrador, Jair Bolsonaro y Vladimir Putin.

Es difícil el equilibrio en una coyuntura de confusión y resentimiento a flor de piel. Es lo que se supo construir. ¿La policía podrá pedir permisos para circular, luego de que ayer un uniformado le hizo la venia a Bullrich, y otros efectivos facilitaron la llegada de autos desde la provincia a la capital federal, sin ningún tipo de controles?

Los anticuarentenas y el diputado Fernando Iglesias en Olivos pidiendo que bajen la reforma judicial

Que los manifestantes del Obelisco vitoreasen a Patricia Bullrich y tildasen de “traidor y cómplice” a Horacio Rodríguez Larreta, llamó la atención en el espacio opositor al que ambos pertenecen. Sobresale el blindaje mediático al jefe de gobierno porteño, que hoy apenas escuchó un par de minutos a “la piba”, le hizo un desplante y se fue a otra reunión. No avaló la concentración, pero dijo respetarla. Avanzó con su esquema de apertura en CABA y sigue conciliando con Alberto y el gobernador Axel Kicillof, en cuyo territorio se nota “el desborde” del sistema sanitario, oculto por los principales órganos de prensa.

También desconcierta que el Gobierno, atontado pero no inactivo por el golpe pandémico, no calibre como un solo bloque la desobediencia civil con falsas remembranzas sanmartinianas; o que Luis Brandoni, se emocione como excelente actor, al comparar la manifestación de ayer con “el fin de la dictadura militar” y la llegada a la Rosada de Raúl Alfonsín.

¿Una conclusión argenta? Esto es un quilombo. Humanidad observa a un gobierno peronista de 8 meses – heterogéneo, con concepciones distintas, por su propia conformación -, intentando mantener la nave a flote -, y un rejuntado Juntos por el Cambio, pretendiendo (por lo que se ve en la superficie) tratando de conformar una variante de derecha, con una empatía femenina a Bolsonaro, naturalmente aliada a las autoridades de Estados Unidos, con elecciones previstas para noviembre.

Obvio que la referencia es a Patricia Bullrich, titular del PRO, quien sin haber convocado (expresamente) a la marcha, pretendió después capitalizar la manifestación, igual que la venia que le hizo un uniformado, según la imagen distribuida por la “paloma” Federico Pinedo. Buscó ponerse a la cabeza, además, del enojo de la clase media/media alta y de las “millones” de personas humildes que se quedaron sin trabajo en proximidades de las estaciones ferroviarias, según indicó en uno de los tantos reportajes que concedió a lo largo de las últimas 24 horas.

“Con esta reforma judicial a las apuradas, pretenden tapar la impunidad”, declaró. Y olvidándose de sus orígenes en la JP revoltosa de los ´70, dijo que ella representa “el consenso” (no Larreta, por añadidura), para sentarse a discutir “con el kirchnerismo o kirchnealbertismo, no sé como corno decirle”, se desalineó.

Alberto, en el acto oficial a San Martín, señaló que el Libertador también “fue víctima de la intolerancia y descalificación”. Pidió mirarse en ese espejo, para no repetir los desencuentros históricos en este momento único de la humanidad, acosada por un virus que “enferma y mata”.

Ignorando el vendaval de autos, con consignas variadas, caprichosas y hasta maliciosas, Alberto no dejó de pasar factura a Mauricio Macri por el desaguisado económico, lo que no le impidió, desde Suiza, celebrar que se le haya puesto “un límite” al avance contra “las libertades” del Frente de Todos, con la excusa de la pandemia. Valga la insistencia: faltan dirigentes-estadistas con una lectura acertada de cómo salir de la encrucijada. La unanimidad no se avizora posible.

Seguirá Alberto con su agenda, a la que parangonó con el pasado cruce a la Cordillera de los Andes: se ufanó de plantarse frente a los acreedores, de luchar por los más pobres y ser parte de la fabricación de una vacuna regional sin ánimo de lucro, junto con México y Gran Bretaña.

La profundidad de las trincheras, si no logran sortearse, arrojará a todos a la profundidad de una misma hendidura que cada vez se abre un poco más. Los hechos irán inclinando la balanza: ¿qué sucederá con al reforma judicial? ¿con la financiera? Extrañamente, no se habla más del tan promocionado impuesto a la riqueza, elaborado entre otros por Máximo Kirchner y Carlos Heller.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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