Cultura Sociedad

Sixto Rodríguez, el músico que venció a la meritocracia racista

Las historias mueven al espíritu humano, reafirmando sus ideas o transformándolas. A continuación, la reflexión sobre una vida con raíces en el mundo artístico.

El documental ganador de un Oscar, “Searching for Sugar Man” (2012), cuenta el inesperado ascenso musical de Jesús Sixto Díaz Rodríguez en Sudáfrica. Jesús es un cantante estadounidense de origen mexicano que vivió gran parte de su vida rodeado de la pobreza del barrio de Detroit en Michigan, y que de un día para el otro tuvo su primera gira internacional.

Antes que nada, hablemos del éxito. Esta palabra está asociada a la abundancia material y al prestigio social. Esto no es inocente en un sistema que premia el mayor rendimiento a costa de las desigualdades que se pueden generar en la tarea de acumular riqueza. Esta palabra también está ligada a la “meritocracia”, concepto basado en que “aquel que se esfuerza recibe lo trabajado acorde a sus méritos”. Sin embargo, la historia de Jesús Rodríguez demuestra todo lo contrario.

¿Por qué es que ciertas personas llegan a la cima, en este caso en el mundo de la música? Rodríguez, quien por la década de 1960 conoce a dos productores que se interesaron en él al escucharlo en un bar, no tuvo el éxito que sí tuvieron grandes estrellas, a pesar de ser igual o más bueno que ellas, según opinan varios entrevistados a lo largo del documental. Su procedencia latina es uno de los factores que impidió la masividad de sus canciones en Estados Unidos. Es decir, el éxito social no se consigue únicamente con la voluntad y el esfuerzo.

Buenos artistas hay en todo el mundo, solo que están perdidos o nadie los busca

Sin embargo, el cantante estadounidense llegó a recibir grandes cantidades de aplausos y gratitud por sus canciones. Esos aplausos se escucharon en otro continente, muy lejos de su tierra natal. Pero hasta ese entonces él seguía la vida a la que estaba acostumbrado, trabajando como albañil.

Su voz y su guitarra lo acompañaron durante toda su juventud y protagonizaron gran parte de sus recuerdos. Gracias a una sucesión de hechos, casi “de película”, tuvo esos minutos de amor que tanto sueña un artista con su público. A veces, la vida real es superior a cualquier producción cinematográfica.

Estando en lo más bajo de la montaña durante la mayor parte de su vida, los dioses, el destino, el Universo, lo invitaron a que recorriera la cumbre, esa cumbre reservada para quienes el sistema elige.

Él llegó, sabiendo que su caso es único y que son más los que fallecen sin gloria, esa gloria que se le da tan fervorosamente a ciertos “iluminados”. Quizá sea el momento de preguntarnos: ¿Cómo es que se llega a un escenario? ¿por el mérito, por el trabajo realizado, o por tener ciertas características e influencias que hacen que el que maneja las luces ilumine cierto rostro, oscureciendo a los demás?

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

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