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“Me enseñaron que una mujer no desea; y si desea, es una puta”

La colombiana Pilar Quintana, ganadora con "Los abismos", del premio Alfaguara de novela 2021, acepta que ser madre es maravilloso, pero también un reto ante "las peores rabias del universo".

Por Núria Escur (La Vanguardia)

Pilar Quintana ganó el último premio Alfaguara con Los abismos, una historia que navega en la infancia de una niña. Cuatro años de trabajo le llevó forjarla. Claudia vive la separación de sus padres como una realidad que la atormenta pero de la que, en casa, no se dice nada.

El dolor de ese silencio, que la autora dice haber sentido también, se mezcla con la realidad de unas mujeres, destinadas socialmente a ser madres, a quienes se despojó de cualquier otro sueño. La desintegración del tejido familiar y las culpabilidades que comporta.

La novela presenta la maternidad como algo que no nos acabaron de contar bien. “Nos han contado lo bueno y maravilloso que es. Y lo es. Pero se olvidaron de contar lo difícil que es el reto, los agobios… Mi hijo ha sacado lo mejor de mí, pero también las peores rabias del universo”.

¿Qué circunstancia personal ha marcado más su vida y su literatura? “Eso es muy curioso. He viajado muchísimo, he saltado de un puente de mil metros, he dormido en el campo base del Everest, recorrí las cordilleras de Perú y he cruzado el Amazonas. Pero nada, nada de todo eso, ha sido tan intenso como tener a mi hijo Salvador”.

¿Debería entender un hijo que una madre, además de eso, es un ser individual “con derecho a tener vida propia”? “Hay un momento, en la niñez, en que creemos que nuestros padres son eso, ‘nuestros’, de nuestra propiedad. Mi hijo tiene cinco años y a los tres pensaba que ‘mujer’ y ‘mamá’ eran sinónimos. Mi interior feminista se escandalizaba, pero era así”.

“Los abismos”, navega en la infancia de una niña atormentada por la separación de sus padres

Lo que escribe necesita reposar. “Yo solamente encuentro el libro mucho tiempo después de escribirlo. Solo me ocurre con la reescritura, que aplico con obsesión”,

Actualmente vive en Bogotá y sale cada día a correr por los parques que le rodean (“tomo mi dosis diaria y necesaria de árbol”), pero son los paisajes de Cali, su lugar natal, los que impregnan sus libros. Sus preferidos, el árbol de la ceiba, de los mayas, y la samanea, el árbol de la lluvia.

En Los abismos se incluye una presencia inquietante: una carretera peligrosa, llena de neblina, donde de pequeña le contaron a la autora que tuvo un accidente fatal una mujer. “Yo tenía un miedo terrible a la orfandad, cerval, y en cuanto mis padres tardaban en volver, la niña que era yo pensaba en el accidente”.

Aborda, Quintana, lo poco que las mujeres verbalizan su deseo sexual. “El deseo está mal visto. A mí, en la escuela, me enseñaron que las mujeres no desean. Si eras mujer, no tenías deseo sexual. Y si lo tenías, eras una puta. Es decir, que si lo tenías, tenías que callarlo, solo se revelaba lícito en el lecho matrimonial”.

Pilar Quintana nunca se sintió cómoda con la etiqueta que la vida le destinó como encargo. ¿Qué les diría a aquellas mujeres que un día también pensaron: “No fui lo que se esperaba de mí”? Silencio y respuesta: “Que han elegido un camino duro, pero que no dejen de luchar”.

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